miércoles, 13 de diciembre de 2017

Las Notas del Dr. Hexápodus desde 7 Nivoso

 La liberación de su encierro y 
el sorprendente hallazgo de un 
mundo subterráneo le esperan
esta vez
 



LAS NOTAS DEL Dr. HEXÁPODUS






 

EL CUADERNO
   
(Desde 7 Nivoso)


7 Nivoso (creo)
La noche se me hizo muy larga. El silencio era abrumador, casi sólido, pero estruendosamente roto por algún resoplido de Adagio, mi propia respiración y el zumbido de la sangre al fluir por mis venas en un continuo batir, a semejanza de un gran tambor retumbando en mis oídos. No sabía si era de día o de noche, ni siquiera cuánto tiempo había dormido, ni si había remitido el temporal. En aquel silencio y oscuridad estaba totalmente desorientado y decidí levantarme. Tenía que explorar a fondo la cueva por si encontraba alguna vía de escape, así que prendí de nuevo la lámpara y me puse a revisar y palpar las paredes, cada saliente y cada hueco, durante una cuantas decihoras que no puedo precisar porque perdí la noción del tiempo.
Intenté localizar los bordes de la puerta por la que habíamos entrado, pero parece ser que ajustaba tan perfectamente en el hueco que fui incapaz de diferenciar la puerta en la pared de piedra. Únicamente pude encontrar en una parte de la roca los restos de unas huellas de barro que habíamos dejado al subir por la rampa, pero aun así era incapaz de encontrar en donde acababa aquella losa de piedra y comenzaba la pared. El desánimo se apoderó de mí y pensé que en aquella oscura cueva, en el vientre de la roca tras una puerta infranqueable, iba a encontrar mi final.
Puse algo de beber a Adagio, aunque no quedaba mucha agua, pero ¿qué más da?, total acabaremos por asfixia antes que por sed... Había apagado la lámpara para conservar al máximo el oxígeno y, en aquella oscuridad y silencio, únicamente me quedaba para llenarlos: los recuerdos, los sueños, todas mis experiencias y exploraciones.
Recordaba vívidamente otra ocasión en que buscando en la Costa Espejo ejemplares del caracol ermitaño quedé atrapado en un paso estrecho de una caverna situada al pie de un acantilado. Había tenido la ocurrencia de penetrar por la galería que conducía a un lago subterráneo, en donde me habían informado que aún se encontraban ejemplares en estado salvaje. Y allí me hallaba yo, inmovilizado en una galería, boca abajo y sin posibilidad de avanzar ni retroceder. Desgraciadamente había penetrado al poco de haber comido copiosamente y la orondez de mi abdomen se atascó en aquel paso estrecho dejándome atrapado. Tuve que permanecer allí varias dh hasta que los jugos gástricos hicieron su función y, terminada la digestión, pude salir del atolladero y dejar sin completar lo que allí me había llevado. Pues ahora me sentía igual de impotente pero con la tripa vacía, o al menos me lo parecía, por lo que en recuerdo de aquella ocasión, eché mano de las provisiones y comí algo con desgana. Total... es lo único que voy a sacar de aquí, pensé. El comienzo de la digestión y lo poco que había dormido anteriormente se tradujo en un profundo sopor y allí me quedé dormido, como un tronco, sobre la tela de la carpa.
No habrían pasado apenas unos deciminutos, supongo, cuando; en aquel silencio espeso, casi sólido, me despertó un chasquido y un chirrido como de dos piedras rozándose; una tenue y creciente claridad comenzó a iluminar la cueva y, finalmente, pude distinguir una parte de la pared girando sobre si misma, en el hueco abierto en la roca apareció una figura vestida con un sobretodo blanco y se me acercaba. Con sorpresa distinguí en aquel personaje a Lupi que me saludó con una voz que retumbaba en las paredes de la cueva. Traía en una mano otro sobretodo que comencé a enfundarme y en la otra un saco de pienso que acercó a Adagio.
- Le ruego que me disculpe por no haber llegado antes pero es que, tras la escalada, llegar al acceso de emergencia, entrar, abrir la rampa, cambiarme las ropas mojadas y las botas, estaba totalmente derrengado, me he sentado un rato para recuperarme y me debo haber quedado dormido por más tiempo de lo deseable. Seguro que aquí en la oscuridad y el silencio se le ha hecho muy largo pero no han pasado más de dos dh, creo. Ahora me imagino que debe tener ganas de comer algo decente – me dijo - ¡vamos!, tengo muchas cosas que contar pero lo haremos en la sobremesa frente a unas tazas de café.
Todo aquello me dejó patidifuso, pero lo que más me asombraba es que al parecer había roto definitivamente su mutismo. Atravesando aquella puerta dimos con una amplia sala tan iluminada que tuve que entrecerrar los ojos para acostumbrarme, estaba equipada con mesas y sillas como en un restaurante.
- Éste es el comedor de la base – me dijo y, sacando unos recipientes de un armario, los introdujo en una especie de caja cuadrada que había en la pared tras un mostrador o repisa de acero brillante. Acto seguido preparó dos bandejas; de otro armario sacó una botella, la descorchó y sirvió dos vasos de un vino tinto que me resultó lo mejor que había probado nunca, ni tan siquiera cuando había estado en Poor Span.
- Mientras termina de prepararse la comida me voy a buscar a Wolf, que aún sigue en su encierro
Se perdió por una puerta corredera a un lado del mostrador y al poco reapareció acompañado de un enorme perro lobo. Esta especie sólo la conocía por grabados, pero ahí tenía, delante de mí, un hermoso ejemplar vivito y coleando, como dándome la bienvenida. Se sentó al lado de la silla que ocupaba su amo y se le quedó mirando mientras éste le pasaba la mano por el lomo.
Al poco, aquella extraña caja dio un aviso y Lupi sacó los recipientes, los abrió, los colocó en las bandejas y los sirvió en una mesa, sentándose en una silla, yo hice lo mismo. En un cuenco había una crema fluida que al probarla me dejó aún más sorprendido; aquello no tenía nada que envidiar a los mejores platos del mejor restaurante de Sandulia, ni tan siquiera a la famosísima “crema de sirenas” del restaurante Puertos Blancos situado en la ría de Almira.
- Esto es una sencilla crema de marisco, del menú normal de la base – me dijo – y el segundo plato es un ossobuco, pruébelo
Acababa de comer en la cueva pero, tras catar aquellos platos, decidí que prefería reventar a dejarlos. No voy a describir lo tierna que resultaba la carne ni los aromas de las verduras que la acompañaban ni el sabor de la salsa, sólo puedo decir que nunca había probado nada igual y que aquel aroma superaba con mucho a las tentaciones olfativas a las que me había visto sometido con la engañaolfatos. También había sacado un pan horneado hacía bien poco porque aún se conservaba tibio, y le dio un buen trozo a Wolf que lo engulló de un bocado. De otra cámara frigorífica, pues eso debía ser la otra de donde había sacado los primeros platos, sacó unas tarrinas de helado de frutas silvestres que ya ni me molesto en describir porque no tendría palabras. Y dimos por terminada la cena con unas tazas de café negro, espeso, ardiente y aromático.
Le pregunté que si era un Regenario y me contestó que había sido un estudiante de Historia, que se había propuesto hacer su tesis doctoral sobre aquel movimiento, y que investigando había dado, casualmente, con esta base allá por el año 220 DR.
Al preguntarle de cómo había podido entrar teniendo en cuenta lo oculta que estaba la base y sus accesos y me comenta que:
- Llegué aquí, por las referencias dispersas que pude encontrar en las ruinas de las otras bases, con la intención de investigar también las ruinas de ésta, pero no encontraba ruinas por ningún lugar ni señales de acceso alguno. Ya a punto de desistir, estaba descansando al pie de un saliente cuando una roca de movió lentamente dejando una abertura redonda y yo; irreflexiva, pero afortunadamente, me introduje por ella. Encontré una puerta que pude abrir con facilidad y encontré todo esto. Fue un hallazgo casi imposible, pero me encontré en el lugar exacto en el momento exacto. Según pude saber después, el sistema de acceso estaba programado – no sé el motivo – para que si no había actividad al cabo de un año, la puerta se abriera automáticamente durante una hora cada semana, aunque a horas distintas, por lo que mi hallazgo no deja de ser casi milagroso. Luego descubrí el procedimiento de apertura y la lista clave. Se trataba de que la puerta respondía a una orden verbal que cambiaba automáticamente cada día. Al pronunciar el nombre de un animal pero en orden inverso de sílabas, daba lugar a que se abriera o cerrara el paso. Al principio tenía que anotarme cada día la clave de acceso, pero luego acabé aprendiéndome la lista y ahora cada día, rutinariamente, al levantarme recuerdo la clave del día anterior y memorizo la del día actual. Precisamente hoy es “lalubeli” y mañana será “brelie”.
Los regenarios habían muerto a manos del ejército o bajo los escombros de sus bases; pero aquella, al encontrarse en un paraje tan aislado, no había sido localizada. Todos sus habitantes se supone que habían muerto de viejos en sus instalaciones, pero Lupi sólo encontró a su llegada, en uno de los dormitorios, los huesos limpios de uno de ellos; huesos que envolvió en las sábanas y enterró en una fosa que pudo excavar lejos de la base en que el terreno dejaba de ser rocoso. De eso hacía ya diez años, de los que los tres primeros se los pasó estudiando y aprendiendo el funcionamiento de todos los servicios y equipos. Desde entonces se dedicó a ir reintroduciendo la fauna y flora antiguas por aquellos territorios deshabitados y, periódicamente, acudía a Arsix en busca de algunas provisiones y complementos que no había en la base, así como para ponerse al día de lo que pasaba por el mundo; y así me encontró, o mejor dicho, nos encontramos.
Estuvo horas hablando, como para resarcirse de su mutismo anterior, parecía que necesitaba alguien que le escuchara. Diez años en aquel lugar debían hacerle sentir muy solo. Ahora comienzo a atisbar las respuestas a aquellos interrogantes que dejé sin explicación en el viaje sobre los conejos y las truchas, ahora todo comenzaba a tener sentido. Todo lo que me contó de sus peripecias, sus investigaciones, el descubrimiento y posterior uso de la base lo voy a pasar a otro cuaderno porque se sale de la exploración en curso y además porque el material es tanto y tan interesante que da para un nuevo libro.
Me hizo acompañarlo a encerrar a Wolf. Tras aquella puerta había un amplio habitáculo con el suelo de arena en cuyo centro se alzaba un árbol petrificado, al pie del cual corría un arroyuelo de agua cristalina. Revisó el dispensador automático de pienso y nos retiramos. Recorrimos aquel nivel en donde se encontraban los servicios del personal; dormitorios, aseos, comedor, cocina, despensas, enfermería, biblioteca, ludoteca y quién sabe cuantas cosas más. Había perdido la noción del tiempo en la cueva y luego habíamos estado horas de charla, así que el cansancio no se hizo esperar, nos retiramos cada uno a un dormitorio de los cincuenta que había y, tras ducharme, afeitarme, ponerme un pijama que encontré en un armario, probé la cama, me acosté y me quedé profundamente dormido.
He aplazado la redacción de estas notas a la mañana del día 9 aunque las fecho como día 7, pero anoche hubiera sido incapaz de escribir ni una letra. Esta noche si que dormí a gusto en este lecho mullido y limpio tras los pasados días de duro suelo y saco de dormir.

9 Nivoso
Me parece que he perdido la cuenta y un día en la cueva, estoy hecho un lío, así que tengo que saltar un día y ahora paso a relatar sucintamente lo que he visto hoy, y con mayor detalle en el otro cuaderno. Tras levantarme, darme otra ducha calentita, que me apetecía, y desayunar con Lupi, éste me llevó a los niveles inferiores. Primero tuvimos que pasar por una cámara de esterilización para evitar contaminar los laboratorios y almacenes. En el siguiente nivel, una gran sala en un ambiente húmedo, casi de saturación, se encontraban muchos metros cuadrados de bandejas de cultivo hidropónico, y al fondo semilleros y unas jardineras profundas. Había bandejas en las que crecían variadas especies vegetales, según me dijo Lupi en parte para plantar y en parte para procesamiento, congelación y uso de la cocina, así como para pienso con que alimentar a herbívoros. En los semilleros también brotaban verduras, arbustos y plantones de árboles de tal variedad que no soy capaz de enumerarlos, y en las jardineras había trasplantados árboles frutales ya aptos para su plantación definitiva. Algunos de ellos ya tenían frutos. Pregunté si podía coger alguno y Lupi me dio una manzana de un rojo intenso que comí con corazón y todo, estaba deliciosa.
A la izquierda había una puerta que daba, a través de una esclusa, a los silos de semillas conservados en ambiente inerte y temperatura controlada. Gran cantidad de algo como archivadores con cajones guardaban todas las muestras de semillas de la antigua flora.
A la derecha de la gran sala había otra puerta, tras la que se encontraban amplias mesas de trabajo equipadas con herramientas para trasplante y poda, así como varios silos de sustrato de variadas composiciones, junto con otro gran depósito de compost y estanterías llenas de paquetes de macetas de cartón biodegradable. Había también una máquina enorme que, con los restos de paja y fibras no utilizables, preparaba una pasta de cartón y luego moldeaba las macetas en distintos tamaños. Por lo que se ve Lupi lo mantenía todo limpio y en orden, se notaba que se había trabajado intensamente en aquella sala. En un lateral de aquella sala y tras una esclusa me enseñó unos grandes silos.
- Aquí viene a parar el contenido de los cultivos hidropónicos, salvo una bandeja que se reserva para semillero, se deshidratan a baja temperatura para evitar fermentaciones y así obtenemos pienso para los criaderos del último nivel
Pasamos al siguiente nivel y desembocamos en una sala en semipenumbra, a lo largo de la pared de enfrente había una infinidad de recipientes transparentes de muy variados tamaños llenos de un líquido turbio en unos, ambarino en otros y transparente en otros. Según me comentó se trataba de los tanques-madre capaces de gestar en su interior desde una musaraña a un ballenato. También había amplias peceras, algunas con terrario incorporado en las que se veían pulular peces diversos, alevines y renacuajos. Alguna rana adulta croaba a la orilla del agua. En la pared a nuestra espalda había gran número de cubículos, también de tamaños diversos, que me comentó se trataba de incubadoras.
Una puerta a la derecha llevaba a un pequeño distribuidor al que daban gruesas puertas de cámaras frigoríficas y al fondo un armario con trajes aislantes. Lupi abrió un instante una de las puertas y salió una vaharada de aire gélido, tras la que pude distinguir estanterías y más estanterías con cajas. Cerró rápidamente y me explicó que ahí se guardaban las muestras de tejidos y ADN de todas las especies conocidas.
A la izquierda de la sala de tanques-madre había otra puerta que daba a un sofisticado laboratorio biológico: probetas, destiladores, retortas, microscopios, espectrógrafos, centrifugadoras... todo un arsenal destinado a la investigación biotecnológica y la clonación de especies a partir de las muestras de ADN para su cría en los tanques. En aquellas instalaciones me imagino que también se llegaron a producir las termitas transgénicas de la sílice.
Había otra puerta que no me enseñó y eso despertó mi curiosidad. Le pregunté y, aunque se resistió un tanto, me dijo:
- Aquí hay algo que no he usado nunca y que, tras lo que he podido leer, no pienso usar; prefiero los procedimientos naturales o como mucho los de laboratorio a eso de la electrobiótica.
Abrió la puerta y me enseño lo que había.
- Esto que tenemos aquí es una Bioprint, una impresora bio3d, de última generación en los tiempos imperiales. Permite crear copias, no sólo tridimensionales sino totalmente fidedignas de cualquier cosa o ser a partir de la semblanza molecular obtenida por ecoscaneo de muy alta resolución a nivel atómico, tomando como base un modelo original. Se utilizan para ello los depósitos que aquí puedes ver y que contienen los elementos atómicos básicos; especialmente carbono, hidrógeno, y oxígeno, seguido de hierro, nitrógeno, calcio, fósforo, potasio, sodio y muchos otros. Teóricamente podría reproducir cualquier ser vivo; pero, por lo que he podido leer; no es recomendable, ya que al operar con organismos muy complejos, cualquier error infinitesimal de escaneo o de impresión podría dar lugar a aberraciones o mutaciones indeseables, tal como debió pasar con los producidos por el Imperio. Se aconseja únicamente su uso para multiplicar animales unicelulares, óvulos, semillas y hasta tejidos, pero como dispongo de muestras de ADN y semillas suficientes, ni siquiera eso necesito, por lo que esta puerta ha permanecido cerrada desde hace muchos años hasta hoy, y así seguirá.
Cerró la puerta y a continuación bajamos al nivel inferior. Era una amplia superficie de la que no se veía el final y en donde pude ver corrales, cuadras, pocilgas, aviarios y terrarios diversos. La iluminación era semejante a la luz solar y, según me comentó, se mantiene el ciclo diario de luz y oscuridad natural de 24 horas (él sigue usando las horas sexagesimales del Imperio, aunque si ha adoptado el Nuevo Calendario). En una cuadra había cuatro vacas y un buey con unos pocos terneros de diversos tamaños.
- Estas vacas, además de para reproducción y cría de sus terneros, son ordeñadas automáticamente y la leche se esteriliza para su consumo directo y la que no se consume pasa a formar parte en la elaboración de los alimentos congelados de la despensa y, cuando los terneros están bien alimentados, las despensas están suficientemente provistas y sobra, cosa natural estando yo solo, también sirve para alimentación de otras crías en esta planta.
En otro corral había un pequeño rebaño de cabras con unos cuantos cabritillos, y en otro lo que había eran ovejas. También pude ver cerdos con sus lechones.
En un aviario tenía gallinas, pavos y patos con nidales en los que algunas estaban empollando. Sobre ellos revoloteaban pequeños pajarillos que me parecieron colibríes. Le pregunté por qué no había más aves, ni rapaces y porqué los terrarios estaban vacíos.
- A base de equivocarse uno acaba aprendiendo; de momento no pienso criar frugívoros, granívoros ni insectívoros. Hasta que la flora que me interesa no se expanda lo suficiente no puedo permitirme pájaros que se coman las semillas ni que acaben con los insectos polinizadores. Por lo que respecta a los depredadores, como he podido aprender lamentablemente, mientras los herbívoros no supongan un problema para los pastos no pienso activarlos a fin de controlar su población. Al principio introduje en un pequeño valle no muy lejos de aquí ovejas y perros, pensando inocentemente que harían de pastores y los protegerían de no se sabe qué, pero como no tenían otra cosa que comer que las propias ovejas, acabaron con ellas y cuando regresé al lugar aquél ya no quedaba ninguna y los perros habían muerto por inanición.
Al fondo, a la izquierda y tras una esclusa me enseña unos grandes silos, bajos pero de gran superficie. La temperatura era bastante alta y la iluminación intensa. En los silos se insufla aire templado por su base y se va rociando con agua pulverizada por arriba, agua que se va recirculando desde la base al siguiente silo. Según me explica allí se produce la fermentación o compostado de la paja que ha servido de cama en las cuadras y corrales junto con el estiércol y gallinaza que se van retirando automáticamente cada día, los residuos orgánicos de cocina y lavabos, así como los restos de poda, hojas y varios como la paja sobrante no usada para hacer macetas, y otros diversos restos de la planta de vegetales. El agua que va humedeciendo los compostadores es la que procede de la cocina, del sistema de lavado tras ser tratada por ósmosis a fin de eliminar las trazas de detergentes orgánicos procedentes de los lavabos, y que llega canalizada junto con los restos de alimentos triturados y disueltos en la misma. El contenido va pasando secuencialmente de uno a otro silo y el resultado de todo el proceso es enviado, desde el último silo en que se deseca, a la sala de almacenaje de sustratos y abonos del nivel de la Flora. El agua residual del último contenedor, muy cargada de materia orgánica fermentada, se usa mezclada con agua limpia para el riego.
Allí abajo no se notaba el paso del tiempo pero el estómago ya me estaba dando avisos, así que subimos al primer nivel y Lupi preparó una suculenta comida y, para postre, unas frutas que recolectó al pasar por el nivel de Flora. Estaban maduras y con un aroma que no tenía nada que envidiar a las de mi huerto, aunque estas además para mí eran más exóticas y nunca las había probado, y su cultivo se hacía sin ningún abono o aditivo que no fuera natural.
Con el café, y durante toda la tarde, siguió hablando y yo tomando notas de todo lo relacionado con la repoblación que estaba llevando a cabo. Le hice algunas observaciones que fueron bien acogidas puesto que en aquellas materias era autodidacta, ya que era historiador. Así se pasó la tarde, cenamos y nos retiramos a dormir no sin antes llevarle a Adagio un saco de pienso y un manojo de zanahorias que también había cogido de las jardineras.


(Si queréis ampliar conocimientos o aclarar dudas podéis consultar los anexos publicados anteriormente)


EL JUEVES PRÓXIMO (Desde 10 Nivoso)

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Las Notas del Dr. Hexápodus desde 29 Helador

 Tras un viaje más o menos sorprendente, 
una tormenta viene a complicar las cosas 
y casi a quedar a merced de la riada, 
cuando se abre una puerta que le 
salva del agua, Pero...¿Le salva?
 



LAS NOTAS DEL Dr. HEXÁPODUS




 

EL CUADERNO
   
(Desde 29 Helador)
29 Helador
Me despierto algo envarado por la incomodidad de dormir en el suelo, aunque ocasionalmente lo he hecho, y por la inseguridad de viajar con un totalmente desconocido. El sueño ha sido intranquilo, los ruidos sospechosos, chirridos y gruñidos me han mantenido horas despierto tratando de identificar las especies que los emitían. Avanzada ya la madrugada, comprendiendo que no había especies peligrosas y que lo que yo creía rugidos eran los ronquidos de Lupizius que dormía profundamente fuera de la carpa, entonces caí profundamente dormido hasta que la primera claridad del alba que se filtraba por la cúpula vegetal me despertó.
Desayunamos y reanudamos el camino hacia las lejanas montañas. Al paso intento localizar la fauna de la zona. Entre las aves puedo distinguir, volando en perfecta formación en V, una bandada de Pato tamiz, lo que denota la existencia en las inmediaciones de una zona pantanosa.
 También tengo la suerte de contemplar algo poco visto y es el vuelo del águila arborícola.
Le hago parar la marcha media dh para admirar la técnica de esta reina de los aires y continuamos el camino hacia unas montañas que aún no se divisan.

30 Helador
Mientras vamos avanzando lenta y trabajosamente me dedico a la contemplación de la flora, cuya expansión a lo largo de los años transcurridos desde la fiebre del oro es espectacular. Aparte de los álamos gomosos he podido apreciar la presencia de pinos llorones.
Entre los frutales puedo apreciar algunos que son raros ejemplares en los territorios conocidos, entre ellos el florimiel. Auxiliado por Lupizius, al anochecer y tras espantar a una cohorte de bichos zumbantes, hemos podido recolectar suficientes flores para darnos un buen banquete y llevarnos algo para reserva.
El árbol del pan es abundante en aquellos lugares aislados en donde no ha llegado el hacha, pero en esta época no está en producción, así que me quedo sin probar sus sabrosos frutos que, más que pan, decía que parecen una mezcla entre los extintos mango y plátano.
Paramos en un pequeño claro junto a un riachuelo, ya que está oscureciendo, la noche va a ser fresca así que, en lugar de montar la carpa, le digo que encienda una buena fogata aprovechando los restos de un pino llorón caído. Lupi (le voy a citar así para abreviar), sin decir palabra desaparece en la espesura. Esto me preocupa. A ver si ahora me va a abandonar en medio del camino… pero al cabo de un rato aparece con algo en la mano que cuelga de las patas. ¡Se trata de un conejo! ¡Pero si desde el Imperio estaban extintas todas las especies evolutivas! Mañana meditaré sobre el tema pero ahora voy a cenar conejo que, una vez despellejado y limpio, asa al fuego y huele de maravilla. Lo que no sé es si mi metabolismo, acostumbrado a la fauna y flora transgénicas y los alimentos de síntesis asimilaría bien ese alimento tan exótico, pero tras cenar muy a gusto una buena parte del conejo y redactar estas notas, me siento muy bien y me acomodo en el saco de dormir junto a la hoguera.

1 Nivoso
Me tiene que despertar Lupi, tan bien he dormido que no me he enterado de la salida del sol.
Hoy comienza el invierno pero, de momento, las temperaturas son bastante soportables. Quisiera llegar a las montañas antes de que comience el frío y la nieve, para elegir un refugio adecuado y montar la base de operaciones.
Tras uncir a Adagio al carro, reiniciamos la marcha lentamente pero sin desfallecer. Tenemos que apartar algunos troncos caídos en lo que antes fuera una amplia calzada y que ahora es una estrecha senda apenas visible, creo que si se mantiene aún algo practicable es por que debe ser una vía de paso para la fauna local.
Sobre la fauna actual se desconoce cómo habrá evolucionado, pero es posible que se haya vuelto a recuperar después de tantos años de ausencia de seres humanos, que durante la fiebre diezmaron la mayoría de las especies para alimentarse o comerciar con la carne, pieles y plumas. Según Californio Search en uno de sus libros, no recuerdo en cuál, llegaron a extinguirse totalmente algunas especies y otras quedaron reducidas a un máximo de veinte parejas.
Cuando llevábamos recorridas apenas unas pocas dh tropezamos con un afloramiento rocoso vertical que nos impedía el paso, por lo que lo tuvimos que bordear por la derecha en que la vegetación era menos tupida. Al llegar a la cara posterior de la barrera que nos cortaba el paso, la sorpresa fue fenomenal, aquello no era una formación rocosa natural; por su grosor, dimensiones, textura y color se trataba de los restos de una edificación de los tiempos del Imperio Eárthico, muy anterior al Levantamiento de los Silenciosos que devino en la Segunda Revolución. Era la primera vez que tenía ocasión de ver y tocar los restos de una construcción de aquellos tiempos. Prácticamente las pocas edificaciones que quedaron, parcial o totalmente intactas desde la Revolución, fueron desmontadas hace muchos años y reutilizadas como cimentación para las construcciones posteriores, eran muy buscadas y apreciadas por sus características de resistencia y aislamiento, así como su gran facilidad de mecanizado, aunque conforme se fueron averiando las pocas herramientas que quedaban capaces de cortaras; se dejaron de utilizar.
Buena parte de dichos materiales se emplearon también para fabricar muebles, algunos de los cuales se pueden admirar en el Museo Histórico Nacional Sanduliano. ¡Qué suavidad de superficie!, al tacto se nota también caliente debido a su alta capacidad aislante y al golpear con la mano parece sonar como hueco, ligero. Golpeo con una piedra y se desmorona (la piedra), no quedando señal alguna en la superficie. Me gustaría llevarme un trozo, por pequeño que fuera, pero no tengo las herramientas láser necesarias así que tengo que desistir y me alejo con todo el dolor de mi corazón.
Mientras seguimos avanzando por la estrecha senda recuerdo lo que había leído en la obra de Enzio Gazzano sobre la Revolución y de cómo acabaron cayendo todas las defensas del Imperio, gracias a una variedad de termitas transgénicas que atacaban los materiales silíceos con mayor eficacia que las radiales láser.

2 Nivoso
Reemprendemos el monótono camino. La vegetación es tan tupida que resulta hasta aburrido ya que no se ve nada alrededor. A lo largo del día no ha sucedido nada digno de reseñar, así que me dedico, a propósito del conejo que cené la otra noche, a rememorar lo que aprendí en las asignaturas de Historia Sanduliana, Paleofanuna y Paleoflora, respecto a las especies extintas o, al menos presumiblemente extintas, mientras no se demuestre lo contrario. Podría ser que se hubieran salvado en zonas aisladas ciertos restos de la fauna evolutiva al no verse afectados por las nuevas especies, pero es impensable que esto se pudiera mantener por mucho tiempo y en secreto, puesto que, con la Fiebre del Oro, a partir del año 100 DR y durante años, aquellos territorios se vieron muy transitados y es extraño que no hubiera referencia alguna a la existencia de conejos por allí.

3 Nivoso
Ha refrescado mucho. Esta mañana ha amanecido lloviznando y el camino se ha hecho bastante difícil, embarrado y con grandes encharcamientos, tanto que hemos tenido que refugiarnos a un lado de la senda en una zona rocosa bajo la visera de un abrigo natural. Lupizius ha encendido una buena hoguera para secarnos. Sigue lloviendo y, sin otra cosa que hacer, intento hacer hablar a mi acompañante sobre su lugar de origen o cualquier otra información, pero sigue con su mutismo, así que me entretengo en repasar mis notas.

4 Nivoso

Ha amanecido sereno y, aunque el camino sigue embarrado, continuamos la marcha. El terreno se comienza a ondular y a lo lejos parece divisarse la tenue línea quebrada de la cordillera. A partir de ahora me temo que la marcha se irá haciendo más dificultosa. De momento hemos podido atravesar sin dificultades algunos arroyuelos poco caudalosos pero temo que más adelante y tras las últimas lluvias encontremos algunos más crecidos.
Al parar a comer cerca de un pequeño estanque, Lupi se adentra caminando por la orilla con agua hasta la cintura y al cabo de un rato aparece con una ristra de peces colgando de un junco. Me sorprende comprobar que se trata de trucha común (salmo trutta) que se creía desaparecida tras la introducción de las nuevas especies en los ríos y más concretamente con la muy voraz meronnia de la que se comenta que acabó con toda la fauna fluvial a los pocos años de su introducción y que desapareció más tarde a falta de presas, por eso mi sorpresa es tan grande al constatar la supervivencia de la trucha. Y aún se me hace más extraño que durante la Fiebre del Oro no se mencionara su existencia ya que la ruta hacia los Montes Áureos pasaba por aquí mismo.
Tras atravesarlas con unas varillas de junco leñoso las asó en las brasas y resultaron deliciosas, hacía tiempo que no probaba algo tan rico.
Por la tarde nuestro camino acababa abruptamente frente a una grieta infranqueable, Lupi se bajó del pescante y, sin decir palabra como siempre, siguió el borde del precipicio hacia la izquierda hasta perderse de vista. Y allí me quedé solo sin saber que hacer, así que segué un buen manojo de pasto tierno de la orilla del camino y di de comer a Adagio. Al cabo de mucho rato volvió a parecer Lupi, sin decir nada se montó en el pescante dirigiendo la carreta por donde acababa de regresar y así anduvimos bordeando la grieta hasta que comenzó a oscurecer. Paramos al borde del camino bajo una gran encina y preparamos el campamento tras montar la carpa y encender una buena fogata.
Después de una cena ligera a base de unas verduras silvestres que Lupi había recolectado y unas truchas sobrantes del mediodía, escribo esta nota y me meto en el saco de dormir.

5 Nivoso
Anoche casi no conseguí dormir, cerca de donde descansábamos me pareció oír ruidos sospechosos, me desveló un batir de alas y el ulular de algo parecido a un cárabo. A lo lejos creí oír el aullido de un lobo o el gañido lastimero de un perro, pero eso era imposible, debía ser fruto de mi imaginación. Todo esto junto con lo del conejo, las truchas y la presencia de una flora salvaje, desconocida en los territorios habitados, me tuvo en vela. Aquellas tierras llevaban más de cien años sin presencia humana y el ecosistema había emprendido un camino diferente a lo que yo había conocido. Parecía como si las especies evolutivas estuvieran volviendo a adueñarse de este entorno salvaje.
Por la mañana seguimos bordeando la orilla del cortado, que cada vez va resultando menos profundo. Al fondo se ve un hilo de agua que se despeña en cascadas turbulentas y el rumor se puede apreciar desde lo alto de la escarpa.
Una bandada de aves en formación se dirigen hacia el Sur, aparentemente diría que son patos tamiz pero con el catalejo veo que los picos son de menor tamaño de lo que cabría esperar, más bien parecen ánsares comunes (anser anser) cosa que me sorprende, se lo comento a Lupi pero se mantiene impasible como si eso fuera de lo más normal.
Finalmente acabamos en un sendero amplio y libre de obstáculos, salvo matorrales dispersos y alguna que otra piedra desprendida de las laderas, que desciende hacia el fondo del valle mientras que el rumor del agua resulta cada vez más evidente. Llegamos al fondo del barranco y encontramos el camino cortado por un arroyo bastante turbulento, no muy caudaloso; pero no parece aconsejable intentar vadearlo con la carreta, de modo que seguimos paralelos a la corriente en dirección al Norte buscando un lugar adecuado para pasar a la otra orilla.
Al mediodía paramos junto a unas rocas y, tras encender una fogata, Lupi se mete en el arroyo y acaba saliendo con más truchas, me asomo a la orilla y veo pulular allí una gran cantidad de alevines y ejemplares de variados tamaños. Parece ser que tras tanto tiempo sin presencia humana ha habido una enorme repoblación, pero lo que no me explico es de dónde salieron los primeros ejemplares y cómo es que las nuevas especies creadas a causa de la Novedulis y los predadores evolutivos preexistentes no acabaron con ellos.
Tras comer hasta saciarnos seguimos la marcha.
 Lupi se alimenta exclusivamente de lo que caza o pesca, de frutas y plantas que recolecta y de alguno de los alimentos que llevamos, pero no de todos y, como mucho, algún alimento de síntesis pero nunca génicos. Intento sonsacarle sobre algo que, desde anoche, me intriga y es su aparente conocimiento de la zona y su fauna. Finalmente consigo arrancarle unos sordos gruñidos de los que saco en conclusión que no es la primera vez que hace este trayecto, que ha recorrido estos caminos varias veces en los últimos años y de ahí no soy capaz de hacerle salir porque se recluye en su mutismo habitual.

6 Nivoso
Hoy ha sido un día intenso y sorprendente. El tiempo comenzó a cambiar; a media tarde unos negros nubarrones procedentes del Oeste se aproximaban amenazadores. Teníamos que buscar algún refugio seguro para guarecernos si se cerraba el temporal; pero el arroyo, que iba bastante crecido, nos impedía vadearlo hasta unas formaciones rocosas que veíamos en la otra orilla y que podrían ofrecer algún abrigo y la posibilidad de encontrar alguna cueva aprovechable. De todos modos Lupi no aparentaba tener interés en cruzar a la otra orilla y continuaba en la misma dirección. Nos bajamos de la carreta y seguimos la orilla a pie tirando del ramal de Adagio para apurar el paso. En varias ocasiones tuvimos que apartar rocas al paso o sacar las ruedas de algún hoyo pero seguimos avanzando a buen ritmo.
No habían pasado ni dos dh cuando se desencadenó la tormenta en las alturas. Los relámpagos iluminaban con una luces destellantes la lejana sierra y por el tiempo transcurrido hasta el estampido del trueno pude calcular que el epicentro se encontraba a una distancia no mayor de dos itíners y acercándose. A lo lejos se podían apreciar las cortinas de agua que se precipitaban torrencialmente sobre la sierra y el agua del arroyo corría más crecida y turbia. Al poco rato nos alcanzó la avanzadilla de nubes y todo comenzó a sumirse en una semioscuridad, quebrada por los cada vez más frecuentes relámpagos. Cuando ya comenzaban a caer los primeros goterones, Lupi impuso un brusco giro tirando de las riendas y alejándose de la ribera. Tras nosotros se escuchaba un bronco rumor de agua, claramente perceptible en los momentos de silencio entre trueno y trueno.
Mientras nos distanciábamos del arroyo pude ver en la penumbra como el caudal crecía y crecía llegando a inundar la orilla por donde, hacía un momento, caminábamos; pero lo peor es que la riada se iba acercando y no se veía por ningún lado un lugar seguro en que refugiarnos. La lluvia ya era bastante intensa y resbalaba por los chubasqueros en grandes regueros, y el arroyo seguía creciendo. Nuestra marcha se había convertido en una huida desesperada ante la inundación.
Llegamos a una pared rocosa vertical que no ofrecía refugio alguno contra la tormenta y, lo que es peor, nos cortaba el paso dejándonos a merced de las aguas que seguían creciendo y aproximándose amenazadoras. Yo quería urgir a Lupi para que encontrara alguna vía de escape; porque ya nos veía arrastrados por la corriente, pero éste hizo algo que me inquietó aún más. Trepó agarrándose a las grietas de la pared rocosa, dejándonos allá abajo a merced del agua. En ese momento pensé aterrado que nos dejaba allí a nuestra suerte y él escurría el bulto. Tuve miedo como nunca había tenido en ninguna de mis expediciones.
Yo también habría intentado trepar, pero dejar la carreta con todo el equipo y a Adagio a merced de la riada me resultaba muy difícil. Miré a derecha e izquierda por si la pared ofrecía alguna grieta, o el suelo se elevaba lo suficiente para escapar.
Cuando ya el agua me llegaba por las rodillas y estaba decidido a dejarlo todo y trepar también por donde lo había hecho Lupi, un lateral de la pared de roca se abatió basculando hasta formar una rampa que desembocaba en una amplia abertura. Sin perder ni un minuto en intentar comprender lo que había pasado, agarré las riendas y tirando de Adagio, subimos con la carreta por aquella rampa de piedra hasta la boca y nos pusimos a cubierto en la cueva que se abría tras aquella extraña puerta.
Nada más penetrar unos pasos, la roca volvió a bascular y se cerró obturando la boca por la que habíamos entrado y se hizo la más absoluta oscuridad. La cueva había quedado herméticamente sellada de tal modo que ni tan siquiera se escuchaba el rumor del agua ni el rugir de la tormenta.
Habíamos escapado de un grave peligro, pero ¿qué nos esperaba ahora?
A tientas intenté tranquilizar a Adagio acariciándole las orejas y luego decidí encontrar una linterna, pero estaban al fondo de la carreta y, en aquella oscuridad, me habría tocado revolverla toda; de modo que, tras quitarme el chubasquero, rebusqué por los bolsillos de la cazadora hasta encontrar una caja de astillas con fósforo que, afortunadamente, se encontraba seca. Encendiendo una busqué una de las luces de combustible que llevaba colgando de la carreta y, tras encender la lámpara, se iluminó con su clara y amarillenta luz el lugar aquél, la danza oscilante de la llama hacía aparecer sombras móviles en las paredes.
Me encontraba en una cavidad cerrada de unos diez metros de fondo y otros tantos de ancho. El techo no estaría a más de cuatro metros y no se veía abertura alguna ni en las paredes ni en el techo, incluso la abertura por donde habíamos entrado era indistinguible. El pánico se apoderó de mí, me veía enterrado en aquella cavidad sin salida, en la que aún podría sobrevivir mientras me quedara agua y alimentos, pero lo que no sabía es para cuanto tiempo me daría la reserva de aire hasta que se agotase el oxígeno.
Solté a Adagio del arnés pero no tenía nada para darle de comer. En aquella cavidad no había ni gota de humedad y ni tan siquiera se criaba musgo. Me quité los pantalones, botas, calcetines así como la ropa que, pese al chubasquero, estaba húmeda y tendí todo en el varal de la carreta. Me tapé como pude con una manta y resignado a mi suerte, decidí pasar el tiempo que me quedara de vida lo mejor posible; así que me improvisé la cena con unas galletas y algo de carne seca, con la tela de la carpa me hice una especie de colchón sobre la dura roca del suelo y, tras cenar, redacté estas notas, apagué la lámpara para no gastar oxígeno y me metí en el saco de dormir.
 



(Si queréis ampliar conocimientos o aclarar dudas podéis consultar los anexos publicados anteriormente)

EL JUEVES PRÓXIMO (Desde 7 Nivoso)

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Las Notas del Dr. Hexápodus desde 11 Helador

Y esta vez, el Doctor emprende un viaje que 
resultará su mayor aventura y la más 
sorprendente desde el momento en que 
consigue un raro guía y ayudante..
 



LAS NOTAS DEL Dr. HEXÁPODUS








 
EL CUADERNO
  (Desde 11 Helador)
11 Helador
En la librería he comprado una obra interesante; se trata de “Termodinámica alada” del profesor Simeón Enúrez, me lo llevo a mi sillón favorito y, sin darme ni cuenta, se me hace de noche, tan interesante es. Viene a desarrollar una aplicación práctica, local y reproducible del “efecto mariposa”. No se trata de provocar un tsunami en las antípodas; sino que, basándose en la sabiduría popular, el profesor ha sido capaz de deducir una aplicación práctica de ese dicho que reza “cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo”.
El profesor Simeón viene a demostrar que no es que el grajo vuele bajo debido al frío reinante, sino que pone de manifiesto la inversión de la causa y el efecto, llegando a la conclusión de que si hace frío éste es inducido por el vuelo rasante del córvido. El aleteo produce alteraciones en la entropía así como desplazamientos del aire superficial más cálido, que a su vez provocan la afluencia de masas de aire más frío procedente de las capas altas de la atmósfera.
En uno de sus primeros experimentos pudo constatar el descenso de una décima de grado centígrado en la temperatura ambiente de un cálido día de verano. Y eso sólo con el vuelo de un único grajo. A partir de ese momento se afanó en la construcción de un aviario en el que llegó a tener hasta dos docenas de esos córvidos, pertenecientes a la subespecie corvus frugilegus frugilegus a los que renombra en este trabajo, por sus efectos sobre el clima, como corvus frigilegus frigilegus.
Con esta bandada llegó a conseguir un descenso puntual de la temperatura de dos grados centígrados, aunque sus detractores alegan que dicho refrescamiento ambiental se debe más al efecto ventilador de sus aleteos que a una prueba concluyente de que su teoría funcione.
De todos modos ha sido una lectura apasionante y, como quiera que los conocimientos del profesor sobre los córvidos pueden serme útiles en mi próxima expedición, tengo que hacerle una visita lo más pronto que me sea posible, mañana mismo.

13 Helador
Ayer me desplacé a fin de visitar al profesor Simeón en su laboratorio situado en las afueras de Sandulia, camino de Arsix y antes de llegar al borde del Desierto Blanco, en un paraje aislado llano y sin arbolado que pudiera impedir los vuelos rasantes. El Profesor, tras ilustrarme con sus amplios conocimientos sobre los córvidos y especialmente en la especie que me interesa, la Pica pica, se empeña en demostrarme, con un centenar de grajos, la operatividad práctica de su teoría.

15 Helador
Ahora me encuentro en cama curándome de un resfriado de garabatillo, o sea que habré de aplazar unos días mi próxima expedición. Mientras me recupero echo una ojeada a la bibliografía que emplearé en mi próximo volumen dedicado a la Pica aurífera (vulgo urraca minera):

“Nidos brillantes” de Californio Search
“La otra fiebre del oro” de Californio Search
“Despepitarse por las pepitas” de Aurelio Trepante
“Todo lo que reluce” de Márgaret SunShine
“La Gazza ladra” de Quim Rossino

19 Helador
Ya estoy recuperado y el técnico ha venido y me ha reparado la sintecook. Para celebrarlo he rellenado el depósito que estaba totalmente vacío de proglómeros y me he sintetizado unas tortitas con sirope y un gran vaso de proteisint al cacao.
Ya me encuentro mucho mejor, así que iniciaré mañana mi expedición a los Montes Áureos, un lugar en donde se concentraba la mayor población de urracas mineras en los tiempos de la fiebre del oro. No se sabe cómo ha evolucionado la población de urraca minera, ya que ningún explorador ni ornitólogo se ha aventurado por allí, y por eso hice mío el reto de divulgar cómo había evolucionado su población, así como su vida y costumbres tras tantos años de aislamiento.

20 Helador
Antes de salir, como esta expedición va a ser muy prolongada en el tiempo, he tenido que resolver la alimentación de Garfio, porque el dosificador automático de pienso no tiene suficiente autonomía. Como no tenía a quién dejárselo y en Sandulia no hay granjas de mascotas en donde alojarlo, me vi obligado a conectar la sintecook al dosificador y programarla para que fuera reponiendo pienso y agua en la medida del consumo y, de propina, para que fuera sintetizando de vez en cuando algún filete protéico. Por la deyecciones no hay ningún problema porque ya sabe hacerlas donde corresponde y he comprobado que el sistema de reciclaje funciona a la perfección.
El único medio de transporte hacia la frontera de Lirondia es un destartalado ciclobús en el que a duras penas he podido colocar mi equipo de investigación, material de escalada, cuadernos y algunos comestibles. Lo más molesto y cansado de este medio de transporte es tener que andar pedaleando cada viajero en su asiento, y lo peor es que no se sabe a ciencia cierta cuanto puede durar el viaje, pues todo depende del número de pasajeros y de las ganas de pedalear que tengan. En esta ocasión el ciclobús va sólo a medias o sea que ya puedo armarme de paciencia y pedalear unos días más de los que calculaba. Lo que no se puede negar es que el vehículo es bien respetuoso con el medio ambiente y nada contaminante, salvo cuando tenemos que hacer alguna parada para aliviar la vejiga o el vientre.
Al llegar la noche nos detenemos en un parador para cenar, dormir y recuperarnos de las horas de pedaleo. Ya veremos cómo voy a estar mañana con las agujetas.
Como quiera que el viaje se va a hacer bastante largo y monótono puesto que en su mayor parte atraviesa el Desierto Blanco, no voy a relatar aquí esas aburridas jornadas que nos faltan hasta llegar a Arsix, así que proseguiré el relato en el momento en que lleguemos.

27 Helador
Por fin hemos llegado a Arsix, que es un importante nudo de comunicaciones enclavado en un oasis en pleno corazón del desierto y que, además, es la última población importante hasta la frontera. El viaje ha resultado cansado, pero hacía tanto tiempo que no hacía ejercicio que no me va a ir nada mal esta puesta a punto para llegar a los Montes Áureos que quedan bastante lejos, hacia el noreste. Además el pedalear sin descanso en todo el trayecto me ha ido bien, el viaje me ha costado menos de siete céntimos de Selén.
Encontré una posada, la única que había, con aspecto destartalado y descuidado, con telarañas colgando en la escalera, pero era lo único que había. Esta noche necesito descansar del viaje y cenar algo caliente. Me sorprende, tras la vista del establecimiento, encontrarme una habitación limpia y acogedora, con una ventana que da a la plaza
Después de cenar un buen plato de olla de no se qué, pero muy reconfortante, escribo estas notas y me voy a dormir

28 Helador
Intento encontrar un medio de transporte de servicio público pero no lo hay, además los carreros, cicleros y reateros se echan atrás tan pronto les menciono el destino.
Han pasado muchos años desde la fiebre y aquello se ha convertido ya en un territorio muy lejano, inexplorado y, según dicen, casi intransitable y peligroso.
Finalmente no tengo más remedio que comprarme una carreta ligera tricíclica, porque es el único vehículo que podría circular por los antiguos caminos, que seguro estarán poco practicables, y también un jumento para tirar de ella. Para pernoctar ya llevo saco de dormir, pero pienso que mi expedición va a ser larga e incómoda y un poco de comodidad adicional no vendrá mal, así que consigo una carpa de campo de segunda mano a buen precio que me permitirá dormir a cubierto ahora que se va aproximando el invierno.
Compro también algunas provisiones aparte de las que ya traigo de casa, porque dudo que por allí pueda encontrar algo, y cargo también una pelleja de vino y un odre de agua aunque me consta que en el camino hay muchos arroyos y manantiales. En total las compras, incluyendo carreta y asno, me han salido por dos solanes, que considero bastante aceptable.
Definitivamente iba a necesitar ayuda para esta expedición. Normalmente suelo ser un viajero solitario; pero en esta ocasión, dada la envergadura del proyecto, necesitaba un guía y auxiliar. Por tanto hice correr la voz y a mediodía tenía unos diez candidatos, sólo que cuando les dije el destino de la expedición desaparecieron como por ensalmo. Únicamente quedaba en la plaza desierta un extraño personaje, huesudo hasta casi parecer esquelético, de mentón y pómulos prominentes, nariz ganchuda y frente estrecha, poblada por unas enormes cejas negras, y con una mirada penetrante y fría como el hielo. Vestía unas ropas raídas, pero limpias, como casi toda la población de Arsix, y era tan moreno que me hizo pensar que se dedicaba a la agricultura o alguna otra labor expuesta a los rigores del sol del desierto.
Se me acercó y, sin mediar palabra, recogió del suelo mi valija, acomodó en la carreta mi equipaje, unció el jumento al doble varal en forma de diapasón acabado en la articulación de la rueda frontal, se montó en el pescante y empuñó las riendas en una mano y la barra de la dirección que gobierna la rueda delantera en la otra mano; yo, sin salir de mi asombro y sin ser capaz de emitir palabra alguna, me subí mecánicamente a su lado en el pescante y él, restallando al aire el látigo (ahora no recuerdo con qué mano), gritó -¡Arre!. El animal salió pasito a pasito hacia la frontera del Norte en dirección a Lirondia. Era la primera palabra que le oía pronunciar y me quedé sorprendido. Tenía una voz grave y profunda, como con rever, pero de una sonoridad armónica muy distante de lo que cabría esperar por su desgalichado y desastrado aspecto.
Pues bien, sin comerlo ni beberlo, sin tener ocasión de dar mi aprobación ni rechazo, ya tenía un guía y ayudante. El viaje prometía ser interesante y hasta sorprendente.
Tras una parada a mediodía, a la sombra de un gran nogal para comer, reemprendimos el viaje y después de atravesar el último núcleo aparentemente habitado en la zona, una pequeña aldea semiderruida en la que no pudimos ver ánima viviente, nos desviamos de la ruta principal y nos internamos por un camino hacia Levante poco transitado, dejando atrás campos de cultivo y pastizales abandonados tiempo atrás. El camino aún se mantenía en bastante buen estado, aunque ya había sido colonizado por matorrales, y más concretamente por alfalfa silvestre y avena borde, lo que no nos impedía seguir avanzando hacia las lejanas montañas, salvo por las frecuentes paradas del jumento para mordisquear el verde tapiz.
La ruta se hacía cada vez más intransitable aunque no presentaba demasiadas dificultades para el paso de mi carreta gracias a su estructura en punta de lanza, aunque a veces nos veíamos obligados a esquivar ramas bajas que podrían hacernos caer del pescante.
Como vamos a pasar luengos días en compañía, pienso que debería ponerle un nombre al jumento y se me ocurre llamarle a partir de ahora, en vista del tempo de su ambladura, “Adagio”. Y por lo que respecta al guía, finalmente logro sonsacarle otras dos escuetas palabras, su nombre y apellido era Lupizius Wolfi. La verdad es que no me va a distraer demasiado de mis estudios y meditaciones con su excesivo parloteo.
La vegetación se va cerrando como una espesa selva, aunque con algunos claros dispersos. Al comenzar a oscurecer paramos en uno de esos claros, Lupizius desengancha al animal y éste comienza a pastar por los alrededores. Lupizius enciende una fogata. Si ya me sorprendió cuando se autocontrató, me sorprendió más al encender la hoguera. Yo siempre llevo para prender el fuego, si hay sol una Biconvex, y si no hay sol, el clásico encendedor de fricción; pero él ha sacado de un bolsillo un cilindro poco más grueso que un pulgar, del que ha hecho brotar una potente lengua de fuego que aplicada a unas ramitas han prendido con llama viva. Algo así había visto en el Museo, pero aquello debía valer una fortuna y me ha extrañado verlo en poder de esta especie de extraño vagabundo.
A continuación ha extendido la carpa, ha colocado el saco de dormir, ha preparado una sopa caliente de cebolla gris y después de trabar a Adagio, se ha echado a dormir sobre la hierba sin decir esta boca es mía. Yo acabo cenando la sopa y, tras redactar estas notas, me retiro a la carpa y al saco de dormir.

 


(Si queréis ampliar conocimientos o aclarar dudas podéis consultar los anexos publicados anteriormente)


EL JUEVES PRÓXIMO (Desde 29 Helador)

jueves, 23 de noviembre de 2017

Las Notas del Dr. Hexápodus desde 25 Vendimiano

Un viaje a Poor Span para estudiar a 
los partipolistas y una desagradable
sorpresa al comprobar que su tragantija
no ha servido para lo que pretendía.








 
LAS NOTAS DEL Dr. HEXÁPODUS





 
EL CUADERNO
  (Desde 25 Vendimiano)
 25 Vendimiano
Suerte que me he despertado, ¡vaya pesadilla! Una hoja seca con dientes de palmo y medio me perseguía y yo era un filete de pechuga de gallinonte, la verdad es que no sé cómo podía correr, la hoja volaba por los aires pero yo… Así recorríamos montes, prados y desiertos y la hoja no paraba de perseguirme. ¡Hay que ver cómo sudaba yo!, pero no era sudor, eran jugos que la hoja iba lamiendo golosamente sin perderme de vista y acercándose cada vez más. Cuando ya estaba a punto de darme alcance, apareció ante mí un enorme gato marsupial hambriento y se me tragó de un bocado. Cuando bajaba por su tracto digestivo me desperté. Ahora miro a Garfio con ojos recelosos y voy a procurar tenerle el comedero a rebosar, además acabo de darle un filete de pechuga que ha engullido inmediatamente. Ahora mismo se está relamiendo y me mira fijo. ¡No debo ser tan aprensivo!
Con la caja me voy al transportista y me libro de ella, ¡qué descanso! Alguien se preguntará que a dónde la he enviado. ¡Vaya pregunta más tonta!, ¿dónde va a ser?, a casa de Criticio Faltón ¡a ver si se libra de ésta!, porque; según he leído en El Vocero, la engañaolfatos no pudo hacer nada con él ya que padece de anosmia y, encima, cuando llegó el paquete estaba con un resfriado de garabatillo.
De haberlo sabido se la habría enviado a Francolio Firtrán, que ya me tiene negro con su último libro en catorce volúmenes titulado “La ladilla rubia de Nínive etc., etc., etc., etc.,…” Ah, por cierto, ya voy por el tercer párrafo - si, todavía - del primer volumen. Casi me merezco una medalla.
Voy a reposar el resto del día, porque mañana temprano salgo hacia Poor Span, a fin de investigar la explosión demográfica de los Partipolistas, cuya reserva hasta hoy, no había sido visitada ni tan siquiera con miras científicas, salvo la breve expedición que pude hacer en 220 DR y cuyas primeras impresiones publiqué con el título “El muro impenetrable de Poor Span”.
Me ha costado mucho tiempo e influencias conseguir de Abdextria el permiso para cruzar la frontera que les separa desde tiempo inmemorial de su país vecino, pero al fin tengo licencia para pasar la verja por una duración no mayor de tres días. Tendré que agilizar mi estudio.

30 Vendimiano
En Poor Span existen tres colonias importantes y muchas sub-colonias. De momento, dejando al margen estas sub-colonias y las de Seneccia y Monclovia, voy a estudiar la colonia de Congresia, centro de nidificación de las especies: Politicus gobernantis y Politicus oppositus, además de un variadísimo grupo de Politicus propactum.
Las colonias forman un triángulo y en su centro se encuentra la capital llamada Centrum en la que se refugiaron y ahora sobreviven penosamente los supervivientes no mutados
El viaje al corazón de Poor Span ha sido tremendamente caro, aunque rápido, con un fuerte viento a favor. El pasaje de AVE hasta Clavia  y, aunque no consume energía, me ha costado el triple que cualquier otro medio de locomoción, pero la velocidad y la comodidad hay que pagarlas si se tienen prisas. Luego, para llegar a Congresia, el cuadriciclo pirata se ha negado a acercarse a menos de un Itíner de las zonas habitadas y también me ha salido por un ojo de la cara. De todas formas quedé con él para que me viniera a recoger al mismo lugar el día del regreso. Encima de lo caro he tenido que hacer a pie un buen trecho hasta mi destino y, además, cargado con tienda, aparatos, saco, alimentos y otras cosas imprescindibles, pero ya estoy al pie del árbol de la colonia principal.
Como ya he comentado hay también un buen número de colonias secundarias alrededor de ésta y que, aunque con algunas peculiaridades fonéticas y de folclor, presentan los mismos mecanismos de relación y similares interacciones. Por eso, de momento, no me voy a dedicar a ellas y centro mi investigación en esta colonia principal.
Procuro situarme, así como mi equipo, lejos del perímetro que abarcan las ramas, por aquello de las deyecciones. Instalo cámaras, micrófonos unidireccionales y, provisto de unos objetivos de proximidad, me dispongo a observar la actividad de la colonia.
Hay que resaltar que, aún siendo también aves parleras, a diferencia de los comunicontes no les suele crecer el pico; si así fuera se habrían extinguido todas y cada una de estas especies al caer desde las ramas por el peso acumulado en sus picos, que multiplicarían por mucho el tamaño del que tenían unas aves extintas llamadas tucanes.
En excavaciones al pie de las colonias, la arqueóloga poorspania Andrea Sánchez ha logrado encontrar fósiles con picos de tamaños descomunales. La señora Sánchez ha desarrollado en su última publicación titulada “Más picos que patas” la teoría de que originariamente les crecía esa protuberancia córnea; pero, a lo largo de la evolución, la selección natural había potenciado las variantes capaces de hablar a humo de pajas, parlotear enredando, incumplir lo dicho, sin consecuencias de ningún tipo, ni tan siquiera un mínimo enrojecimiento de las plumas faciales
En las ramas superiores reside la especie P. gobernantis, arrellanados en amplios y cómodos nidos a los que parecen estar pegados.
En ramas intermedias se sitúan los P. oppositus que hacen constantes intentos por elevarse hasta las ramas superiores a fin de desalojar a sus ocupantes y ocupar su lugar.
En las ramas más bajas se hacina una variedad multicolor de P. propactum, que se conforman con arrimarse al radiador que más caldea, pero que se ofrecen a prestar interesadamente sus servicios a los P. gobernantis a cambio de los alimentos que estos dejan caer de sus nidos.
Los P. gobernantis pueden ser de color añil o carmesí, y suelen alimentarse de prebendillas (Privilegium prebendae), chollejos  (Bicocae porlosmorros) y, en ocasiones, de las corruptelinas (Bursanigra dineraria) y los bajomanos (Involucro claudator), que cazan al vuelo. De esas presas comparten lo que les sobra con los P. propactum, a cambio de que tiren de la cola a los P. oppositus y les picoteen los espolones con el objeto de impedirles tomar al asalto las ramas superiores. Estos habitantes de las alturas defecan normalmente, sin preocuparles a donde van a caer sus deposiciones y sus egagrópilas. Éstas, ocasionalmente, pueden manchar a otro P. gobernantis, produciéndose entonces una remodelación en la ocupación de nidos; pero lo normal es que vengan a caer en primer lugar sobre los P. oppositus, en menor medida sobre los P. propactum y finalmente al suelo.
Como ya he dicho, los P. oppositus intentan tomar al asalto las ramas superiores y desalojar a sus ocupantes. Esto suele suceder con más intensidad cada cuatro años, cuando se presenta la época de anidamiento, aunque fuera de esa época también intentan conseguir su objetivo y picotear la cola a sus oponentes.
Igual que los P. gobernantis pueden ser de color añil o carmesí, y suelen alimentarse también como los P. gobernantis, pero con menores oportunidades de hacerlo, de los P. prebendae, B. porlosmorros, B. dineraria Y los I. claudator; que, escapando al control de las ramas superiores, vienen a caer en las ramas intermedias.
Tanto unos como otros suelen presentar una especie de metamorfosis si se produce un relevo en la ocupación de ramas, por la cual se intercambian sus características de género, y por tanto de nombre de especie, pero manteniendo inalterable su color, salvo ciertas alteraciones cromáticas provocadas por una desviación genética del ADN en que se reemplaza en un nucleótido un monosacárido, y la disciplinosa acaba siendo sustituida por la transfugosa.
Éstos defecan hacia arriba, intentando siempre alcanzar a sus oponentes con sus deyecciones; aunque la ley Newtoniana impide su propósito, por lo que estas vienen a caer a sus compañeros de las ramas inferiores, a los P. propactum y, con más frecuencia, al suelo.
Ya he dicho que los P. propactum, sabedores de que nunca podrán alcanzar las ramas más altas, negocian su colaboración con los P. gobernantis, sean del color que sean, a cambio de las provisiones que estos dejan caer de sus nidos. Pero a veces las contraprestaciones superan con mucho al valor de sus servicios y se suelen llevar las partes más sustanciosas de las presas. Ellos saben perfectamente que los P. gobernantis, lo que valoran por encima de todo es la seguridad de permanecer a toda costa en sus nidos y que así cederán a todas sus exigencias, por disparatadas que estas sean.
En este grupo tan heterogéneo se producen a menudo enfrentamientos entre diversos colores opuestos, pero nunca llega la sangre al río. También intentan defecar hacia arriba teniendo por objetivo a los P. oppositus y, lo mismo que a ellos, tampoco les resulta fácil; yendo a parar a otros congéneres de ramas inferiores y, en mayor número, al suelo.
Esto es bastante conocido y de dominio público ya que está, incluso en la Pikipedia; pero lo que se conoce muy poco es la población que se cobija bajo el árbol; expuesta, como es natural, a todas las cagadas de los de arriba. Además de ser los que cuidan y riegan el árbol, son los que se afanan en recoger los excrementos en un intento de sacar algo positivo de estos desechos, aran la tierra y soterran todo ese guano, con lo que hacen crecer cereales y otras variedades vegetales muy necesarios para su subsistencia.
Estos trabajadores infatigables son llamados pencarios (currantis laborae). Están poco estudiados y tendré que hacer una nueva expedición a no tardar mucho.
Hechas las oportunas observaciones, recuento de los diversos ejemplares, mediciones y marcación de un buen número de ellos (detalles en anexos aparte), el tiempo del permiso se me echa encima y debo regresar, por lo que dejo para una próxima expedición el objetivo de investigar sobre:
Identificación y clasificación de los Especulantistas y repercusiones de la explosión demográfica de las subespecies de los C. Laborae tales como los Sintra (stante manumsupermanum) y Sinsi (sinpecunia similmures spp).
Antes de partir decido dedicar algo de tiempo a visitar la capital que se encuentra en el centro del triángulo de reservas y aprovecho para conocer esta nueva ciudad y hacer algunas compras, espero que en la frontera de Abzurdia no se incauten de nada.


9 Caliginoso
Ya de vuelta en casa me esperan días de trabajo para el análisis y sistematización de los datos recopilados en esta última expedición; pero, como estoy agotado del viaje, dejaré para mañana los trabajos de laboratorio y cálculo y me voy a preparar una buena cena con ingredientes que he traído de Poor Span. Suerte que he comprado también un libro de cocina, el último best seller del arte coquinario en el país. Se trata del éxito de ventas en Sandulia, el libro de Adrién Bully titulado “Cocina deconstructiva”, que presenta una nueva concepción del arte de la restauración. Me he pasado una hora intentando entender lo que es deconstrucción, he consultado diversos diccionarios online y offline para, finalmente hacerme un bocata de tekel en celo bien cargado de mostaza. Mañana tengo que ir de compras a ver si encuentro alginato, porque sifón ya tengo uno para los martinis y de nitrógeno líquido creo que tengo una botella de cincuenta kilos en el laboratorio.

10 Caliginoso
Hay que ponerse al día. Antes de encerrarme en el laboratorio tengo que comprar la prensa, algunos comestibles e intentar encontrar eso que llaman alginato. Así que me voy al Comercado y me compro una docena de huevos de gallinonte, unos filetes de pechuga para Garfio (que últimamente me mira con una expresión sospechosa), unas patatas liofilizadas y unos cuartos traseros de liebre de las nieves. No compro verduras ni frutas porque mi huerto ya se ha recuperado del asalto de la tragantija, pero lo que no he encontrado es el alginato, tendré que buscarlo por eCape o en Booble a ver si lo encuentro.
Llego a casa y me acomodo en mi sillón favorito para echar una ojeada al “Vocero matinal de Sandulia”. En la sección de anuncios encuentro unos que me resultan sorprendentes y otros que me suenan de algo:

- Anda yaaaa… razón STEP512121
- ¿Y esa joroba?, razón JRB43215
- Me alquilo por quilos, por quilates o por Pilates ALQ06472
-¿Harto de anuncios?, ¡pues no sé por qué los sigues mirando ceporro!, razón WTF09876
- Hace ya siete meses que me fui a por tabaco, María no me esperes. MARL8020


Las noticias siguen con los mismos temas pero parece que son más optimistas:

- El aprovisionamiento de proglómeros ha quedado restablecido.
“Los almacenes de proglómeros están en este momento hasta los topes, tras el fin de la huelga de los controladores navales. Las últimas naves procedentes de Bgardia ya han sido descargadas. Ahora el problema es que buena parte de la mercancía ya ha superado la fecha de caducidad y habrá que reciclarla. El precio de los polímeros, por lo tanto, ha caído en picado ante la inminente superabundancia

- Hostilidades entre Abzurdos y Abdextros.
Fin de las hostilidades. En una conferencia de paz presidida por el Consejo de Turbulantes, se acuerda que cada cual use la mano que quiera; pero deben circular, para evitar que se produzcan nuevos enfrentamientos, unos por el lado derecho y los otros por el izquierdo de la calzada. Todavía están recogiendo en la frontera los trocitos de los vehículos y el montón supera los diez metros SNC (sobre el nivel de la calzada).
- Nueva teoría cosmológica.
Alcanzado un acuerdo entre creacistas y explosistas. Han adoptado la teoría común de la “creación explosiva” y todos tan contentos.
Ahora sólo falta hacer los debidos ajustes en dogmas, hipótesis, teorías, teoremas, principios, versículos, suras, supuestos, creencias, conjeturas, conclusiones… etc.

Me preparo un tubo burbujeante de esencias etílicas en las piedras (vulgo tubata) y me voy al laboratorio. Me esperan unos días aburridos de recopilación, cálculos y redacción; pero creo que el libro sobre los partipolistas, que espero titular “La madre que os incubó” si no lo impide la censura, no va a tener desperdicio.

9 Helador

Por fin acabé con la redacción del libro y mañana sin falta lo enviaré a la editorial. Ahora me voy a tomar unos días de asueto y aprovecharé para intentar acabar con esa obra en catorce volúmenes de Francolio Firtrán, “La ladilla rubia de Nínive y su importancia estratégica en el Imperio Mesopotálámico, como arma biológica sobre soldados enemigos con largos meses de campaña y necesitados de acoplamiento con moza placentera”. Con la lectura se me espesan las neuronas y me tengo que echar al coleto unos cuantos tubatas.

10 Helador
He despertado en el suelo del salón con una resaca de esas de campeonato, pero ya he acabado con “La ladilla rubia…”. No, que no vaya a pensar nadie que me la he leído toda en una noche de locura y borrachera. No he logrado leer ni siquiera el primer capítulo, pero ya he acabado con ella. Si alguien está interesado la encontrará en el contenedor de papel más próximo.
Lo cierto es que si dispusiera de una engañaolfatos o de una tragantija las enviaría a casa de Francolio Firtrán en lugar de a Criticio Faltón. Precisamente en el “Vocero matinal de Sandulia” de ayer había una noticia sobre Criticio:

-Condecorado
Se ha otorgado al estudioso Criticio Faltón la medalla de socio honorario de PSE (Protectores de Seres y Especies), por la entrega al ZOO de Sandulia de un ejemplar de tragantija (Tragantea tragantrix) en perfecto estado y bien alimentada. Según los expertos del PSE que la han reconocido tiene la cola de calibre 9 sobre 10 y es uno de los mejores ejemplares de esa especie que se conservan en el citado ZOO. Además de la condecoración, ha recibido una generosa indemnización por los daños sufridos en su despensa. El Sr. Criticio resultó indemne al capturar el mencionado espécimen; ya que se encontraba en periodo de asimilación de: seis panes, un jamón de nuez, dos liebres de las nieves confitadas, dos quilos de filetes Mobby, un pack de latas (con lata y todo) de Ventrescaceti de SideL en aceite y una docena de huevos de gallinonte.
¡Dita sea!

 


(Si queréis ampliar conocimientos o aclarar dudas podéis consultar los anexos publicados anteriormente)

EL JUEVES PRÓXIMO (Desde 11 Helador)