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miércoles, 10 de junio de 2015

El cazador que se quedó sin perro



Lo que sigue, que más que un cuento viene a ser un trabalenguas, me lo envió Alberto López. Muchas Gracias a Alberto, pero el cazador dudo que se las pueda dar a su amigo.




EL CAZADOR QUE SE QUEDÓ SIN PERRO


Érase un cazador que habiéndose quedado sin perro se acuerda de un amigo que normalmente tiene muchos y se acerca y le pregunta.
- Me he quedado sin perro, ¿tienes tú alguno para darme?
El amigo le responde, 
- Ahora no tengo , 
sólo me quedan:
La chispa, la chasca
la charabasca,
el perro ladino,
el que la lleva, el que la trae,
el que sale al camino
las once podencas,
y las seis pachonas,
con seis pachoncetes cada una.
Como ves no puedo ayudarte.

sábado, 6 de junio de 2015

La flor del Lililá




O la caña creció muy rápido y todo lo demás sucedió enseguida; porque entonces, cuando llevó la flor al final, la princesa ya se habría muerto. Pero es que los cuentos tienen esas cosas y más los de antes.


LA FLOR DEL LILILÁ

Puede escucharse mientras 
 se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie

Érase una vez un pequeño y feliz reino, pero resulta que la princesa enfermó de una rara enfermedad y ningún médico daba con el remedio.  
Un día llegó un médico de tierras lejanas y le dijo al rey que su hija se curaría con la flor del Lililá.  
El rey ofreció una gran recompensa y casar a su hija con quien le llevase la flor y todo el reino se movilizó en la búsqueda. 
Había entonces un matrimonio que tenía tres hijos, y los tres hermanos decidieron salir en busca de la planta. Caminando, caminando, decidieron separarse para buscar mejor y los dos pequeños se quedaron atrás y el mayor marchó solo por otro camino.  El mayor encontró la planta y cuando regresaba se encontró a sus hermanos casi donde los había dejado; éstos tramaron la muerte del mayor y quitarle la flor y así lo hicieron. Lo enterraron en un hoyo bien hondo y se fueron al reino a llevar la flor.....
Pero entonces surgió el problema ¿cuál de los dos llevaría la flor?, los dos querían hacerlo y ninguno cedía e iba pasando el tiempo.
En la tumba salió una caña, y un pastor que pasaba por allí la cortó para hacerse una flauta, cuando se puso a tocar en lugar de música se oía esta canción:
Pastorcillo no me toques
ni me dejes de tocar,
me mataron mis hermanos
por la flor del lililá.
El pastor, asombrado no paraba de contárselo y demostrárselo a todo el mundo hasta que llegó a los oídos de los padres y le pidieron que les dejara tocar la flauta, y la flauta al tocarla el padre cantó:
Padre mío no me toques
ni me dejes de tocar,
me mataron mis hermanos
por la flor del lililá.
A continuación la tocó la madre y sonó así:
Madre mía no me toques
ni me dejes de tocar,
me mataron mis hermanos
por la flor del lililá.
Los padres mandaron llamar a los hermanos y les hicieron tocar:
Mal hermano no me toques
ni me dejes de tocar,
me matasteis por quedaros
con la flor del lililá.
Los padres obligaron a los hermanos a llevarlos a donde lo habían enterrado, lo desenterraron y, como pasa en los cuentos maravillosos, volvió a la vida, llevó la flor a palacio, la princesa se curó, se casó con ella y vivieron felices y comieron perdices y a mi no me dieron porque no quisieron.




jueves, 4 de junio de 2015

Alazor

Otra vez que, como en "El castillo de irás y no volverás", se usan las salivicas. ¡Qué cosas más raras hacían esta gente!



ALAZOR

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Érase una vez una princesa que estaba esperando a su novio para celebrar su boda; pero él, por cuestiones de estado, no podía abandonar su reino en aquel momento y mandó a un emisario pidiendo que fuese la princesa la que se trasladara a su reino donde se celebraría la boda.
La madre quería ver a su hija ir al altar pero ella tampoco podía abandonar su país, así que preparó todo para el viaje y le dio el mejor caballo de sus cuadras.
Una de las doncellas de la corte, con lágrimas en los ojos, le pidió a  la reina que la dejara acompañar a la princesa porque la quería mucho, y la reina conmovida se lo concedió. 
Cuando iban a partir la reina sacó un pañuelo le puso una saliva y le dijo 
-Llévalo siempre contigo que te dará  fuerza para vencer toda adversidad.
Partieron temprano pero, cuando llevaban unas horas de camino y el sol ya pegaba fuerte, la princesa tenia sed.
-Por favor aquí hay una fuente, tráeme una copa de agua
-No; si quiere agua se baja y bebe -  le contestó la criada
Pasaron aquella fuente pero, al llegar a otra, la princesa tenia la boca seca y volvió a pedirle que le trajera agua y obtuvo la misma respuesta. Entonces la princesa se bajó del caballo, se agachó en la fuente y bebió  de aquella agua tan rica, con tan mala suerte que el pañuelo que su madre le diera cayó en la fuente y no se dio cuenta. 
Eso esperaba la doncella, que le hizo cambiar los vestidos y el caballo y le dijo que desde ese momento ella era la criada. 
Después de tres largas y agotadoras jornadas llegaban al castillo donde las recibieron con grandes fiestas y la falsa princesa  le dijo al rey que matara al caballo porque le había dado muy mal viaje. La princesa se hartó de suplicar para que no lo mataran y sólo consiguió que colgaran la cabeza del caballo por donde ella tenía que pasar todos los días a cuidar los gansos, que ése era el trabajo a que la habían destinado,
Cuando pasaba por la puerta le decía a su caballo 
-¡Oh Alazor, qué mala suerte la tuya y la mía!
y contestaba el caballo 
-¡Oh princesa, si vuestra madre lo supiera el corazón se le partiría de pena.
Así todos los días, hasta que un paje curioso que había presenciado la escena se lo contó al rey y éste comprobó que el paje no había mentido. Hizo llamar a la que hasta ese momento creía era su prometida y le dijo
-¿Qué le harías a una persona que se hace pasar por otra para casarse con su prometido? 
Ella, sin pensar que la habían descubierto,  le dijo: 
-La metería en un saco lleno de víboras y que se la comieran viva 
y el rey le contestó 
-Pues ahí tienes tu castigo. 
Él se casó con la princesa con la que fue muy feliz y a Alazor le pusieron en una urna en el salón principal del palacio desde donde se enteraba de todo y lo comentaba con la reina.

miércoles, 3 de junio de 2015

Mora, mora

Ahora lo calificarían de racista, pero eso es lo que nos contaban.


MORA, MORA

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Éste era un príncipe que estaba en la guerra y allí conoció a una bella dama y se casó con ella. 
Cuando regresaba a su reino con su mujer y su hijito, les preparó una casita en un árbol que tenía al pie una fuente y se marchó al castillo a buscar ropas elegantes y una carroza para que su esposa pudiera hacer la presentación dignamente en el reino.
Entretanto llegó una mora con un cántaro a la fuente a por agua y vio  allí reflejado el rostro de la princesa y, creyendo que era ella, dijo; 
-“Yo tan guapa, ir a por agua, tiro mi cantarito y me voy a mi casa”.  
Cuando llegó a casa sin agua y sin cántaro su madre le metió un rapapolvo y la volvió a mandar a la fuente.
En la fuente volvió a ver la cara reflejada en el agua pero esta vez se dio cuenta y miró hacia arriba 
–“Qué niño tan guapo” 
le dijo a la princesa y luego 
–“Qué pelo más bonito ¿Me deja subir y que se lo peine?”. 
La princesa echó la escala, la mora subió y comenzó a peinarla. Mientras la peinaba le clavó un alfiler en la cabeza y con malas artes la transformó en paloma que echó a volar alrededor del árbol.
La mora se quedó con el niño ocupando el lugar de la princesa y cuando llegó el príncipe le preguntó  
-“¿Qué color es ése? ¿Qué te ha pasado?”. 
y la mora le dijo 
–“Es que me has dejado aquí mucho tiempo y me ha dado el sol”.
Marcharon al castillo y la paloma iba siguiendo la comitiva.
En el banquete de bienvenida, la paloma entró por una ventana y picaba en todos los platos menos en el de la mora; ésta quería que echaran fuera a la paloma pero al príncipe le daba pena y la dejó revolotear por el salón.
Cuando la mora estaba a solas en su cuarto, la paloma entraba y le decía 
–“Mora, mora mi niño ¿Canta o llora?  
y la mora le respondía      
–“Tonta, tonta, tu hijo no canta ni llora”. 
Así pasaban los días y la princesa sólo podía hablar a la mora y cuando estaba a solas.
Un buen día el príncipe estaba acariciando a la paloma y le notó un bulto en la cabeza, pensando que era algún arrancamoños, se lo quitó y vio que era un alfiler y que la paloma se transformaba en su mujer, que le contó lo que había pasado.
La mora fue condenada a hacer de aguadora y acarrear agua de la fuente para toda la vida y ellos fueron muy felices aunque no comieron perdices ni cualquier otro volátil ya que eso les hubiera recordado los malos tiempos.

martes, 2 de junio de 2015

Pan con nueces

Si alguien no lo ha probado, le aconsejo que lo haga. Del mismo modo el pan y melón. Son cosas que le gustaban a mi madre



PAN CON NUECES

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se sigue el texto en el 
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En un país muy lejano había una condesa muy rica que tenía el capricho de comer sólo tuétano de buey y lenguas de colibrí; cualquier otro alimento le causaba repugnancia y rechazo, por lo que poco a poco iba esquilmando los bienes que había heredado de sus padres. 
Se gastó sus joyas en pagar a los cazadores que le cazaban los colibríes, acabó con todos sus bueyes, incluidos los de labranza, por lo que sus tierras quedaron yermas y acabó quedándose en la más absoluta miseria. 
Iba vagando sin rumbo fijo por un camino con un hatillo a cuestas en que llevaba sus escasas pertenencias y, cansada, se sentó a la sombra de un árbol junto al camino.
Al rato llegó un pastor que tenía por allí cerca su rebaño y se sentó también a la sombra para merendar; sacó del zurrón su bota de vino y echó un trago, luego un puñado de nueces, las cascó con una piedra y cortó una rebanada de  pan de una hogaza que llevaba. 
Reparando en la presencia de la condesa, que parecía una mendiga harapienta y sucia, le ofreció parte de su merienda pero ella la rechazó; su delicado estómago no estaba habituado a alimentos tan plebeyos.
El pastor comenzó a dar buena cuenta del pan y las nueces con tan buena gana y se le veía disfrutar tanto de la merienda que a la condesa le comenzó a dar envidia y, además, el hambre que llevaba le removía las tripas; se le quedó mirando comer, boquiabierta, y la boca se le hacía agua.
El pastor, al verla de esta guisa, le tendió unas nueces y un trozo de pan, y ella no pudo resistirse ya al rugido del hambre que subía desde lo más profundo y cogió lo que le ofrecía.
Poco a poco, casi con miedo, se llevó un trocito de pan y un trozo de nuez a la boca y comenzó a masticar y, tan pronto lo hubo probado se llenó la boca con el resto de pan y nueces que tenía en las manos devorando todo en un santiamén.
-¡Nunca había probado un manjar tan delicioso!  ¡Ay! ¡Si lo hubiera sabido antes no me vería como me veo!.

Muchas veces la cosa más sencilla y humilde resulta mejor que  las cosas lujosas y costosas que, generalmente, se prefieren más por su precio que por su valor.

viernes, 29 de mayo de 2015

Las princesas de mírame y no me toques

Este es uno de aquellos cuentos de engañar, para reírse de los incautos

LAS PRINCESAS DE
MÍRAME Y NO ME TOQUES

Éste era un rey que tenia seis hijas; tres tenían novio y las otras tres no. 
El novio de la princesita mayor fue a visitarla y ella le dijo
-He ido al jardín ha pasado un colorín y me he constipado ¡tufi, tufi, tufi! 
-¡Qué mujer más tonta, ya no la quiero!
se dijo el novio y se marchó.
Vino el novio de la otra, y cuando entró le dijo:
-He ido al jardín me ha tocado una ramita de albahaca y me he constipado ¡tufi,tufi tufi!. 
-¡Qué cursi, ya no me gusta!
dijo el  novio y se fue.
Viene el novio de la otra; después de los saludos ésta le dice:
-He ido al jardín ha pasado una ráfaga de aire me he constipado ¡tufi tufi tufi! 
-Qué tonta, por aquí no vuelvo 
dijo el novio y también se marchó.

Entonces el cuentacuentos decía:
- Me desconté ¿cuantas van? 
Si alguien respondía tres, se le contestaba: 
-Bésales el culo a las otras tres
y entre risas se terminaba el cuento.

El obispo y el cura

Hay muchos cuentos en que los pícaros acaban saliéndose con la suya, éste es uno de ellos.
EL OBISPO Y EL CURA



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Era una vez un pueblo que se había quedado sin Cura y todos los vecinos estaban esperando la llegada de uno nuevo.
Un día pasó por allí un caminante, con más hambre que un maestro de escuela y lo confundieron con el sacerdote que esperaban, lo llevaron a la iglesia y le hicieron entrega de las llaves y de la vivienda. Además, contentos con la llegada, le llevaron de todo tipo de comestibles: pan, harina, azúcar, huevos, pollos, chorizos,…
Él, al encontrarse que tenía comida y estaba bien acomodado en la casa del Cura, decidió quedarse y seguir el engaño aunque cosas de iglesia no sabía. Lo único que sabía era que todas las mañanas debía decir Misa y, como Dios le dio a entender, intentó hacerlo lo mejor que supo.
Se levantaba temprano, se revestía en la sacristía y, ya en la iglesia, levantaba los brazos al cielo y, solemnemente,  pronunciaba la palabra:
- Misa 
y volvía a su casa satisfecho del deber cumplido.
A los fieles esto no les acababa de convencer y poco tardaron en denunciarlo al Obispo.
El Obispo, en un hueco de sus muchas obligaciones, al cabo de unos meses, llegó al pueblo para hacerle un examen.
El pobre cura estaba cagadico de miedo y cuando ya pensaba en poner pies en polvorosa y salir huyendo del pueblo, un pastor le dijo: 
- No se preocupe señor cura que eso lo arreglo yo
Y quedaron en que se haría pasar por el Cura en el examen. 
El Obispo dijo que iba a ser un examen por señas y así fue.  
El Obispo sacó un dedo, el pastor dos,  
el Obispo tres y el pastor cuatro, 
el Obispo sacó los cinco dedos y el pastor cerró el puño, 
el Obispo con su mano hizo un agujero y el pastor lo hizo más grande con las dos manos juntas. 
Finalmente el Obispo dijo a los feligreses 
- Tenéis un buen   sacerdote; le he preguntado  por Dios Padre y ha dicho que no hay que olvidar al Hijo,  yo le dije que tampoco se puede olvidar al Espíritu Santo y me contestó que también teníamos a la Virgen María,  yo le he dicho que no nos olvidemos de San José y ha contestado que todos se reúnen en un puño,  le he dicho que Dios nos ve por un agujerito pequeño y ha contestado que no importa el tamaño.
Mientras tanto  el pastor en casa del cura le decía; 
- Me ha dicho que me metía un dedo por el culo, yo que dos él que tres, yo que cuatro, él que cinco y yo que a él el puño entero. Me ha dicho que me iba hacer un agujero así y yo le he dicho que se lo haré el doble.
Después del examen del Obispo y su aprobación, siguió muchos años como Cura en aquel pueblo  y puede que hoy día aún esté por allí; si lo veis procurad disimular y no descubrirlo.





jueves, 28 de mayo de 2015

El rey cuervo





EL REY CUERVO

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Érase que se era una princesa tan creída de su valer que despreciaba a todos, tanto súbditos como pretendientes. Aunque ya estaba pasada de la edad para casarse seguía soltera porque no encontraba a nadie de su agrado. 
El Rey no sabía que hacer con ella y decidió casarla a ver si eso le bajaba los humos, para lo que organizó una gran fiesta y envió emisarios a los reinos vecinos convidando a todo lo mejor de la nobleza. Asistieron marqueses, reyes, duques, …  para que su hija se fijara en alguno de ellos y poder casarla. 
La princesa, en honor a la verdad era muy bella pero ella a todos les encontraba defectos.
- ¡Oh!, éste es muy delgado, no me gusta...
- ¿Éste? gordo como un fardo, no me gusta nada.
- ¿Éste? Tan bajito que no me llega a la cintura, que se busque una enana
Y así a todos les fue sacando faltas, hasta que le presentaron al último y con éste se despachó a gusto, ensañándose cruelmente:
- ¿Éste? Si tienes la nariz como el pico de un cuervo. Eres el Rey Cuervo
El padre, desesperado, al ver que no podía hacer nada le dijo:
- Has despreciado a los príncipes y reyes más grandes, así que te casarás mañana con el primer pobre que se acerque a palacio pidiendo limosna.
Y así fue, de buena mañana llegó un pobre a pedir limosna.
- ¿qué me pueden dar, por caridad? 
Y le dice el padre:
- ¿eres soltero?
respondió el pobre
- si Majestad
- ¿que qué te puedo dar?. Te voy a dar la mano de mi hija; te casas con ella y te la puedes llevar lo más lejos posible.
Se casaron rápidamente y se dispusieron a marchar
Ella quería llevarse sus vestidos y sus joyas pero él le dijo
- No tenemos carruajes ni donde poner todo eso o sea que vístete con las ropas de alguna criada y en marcha. 
Tras dejar los límites de su reino iban pasando por grandes fincas y preguntaba a su marido
 - ¿De quién son esas tierras?
 - Del Rey Cuervo – respondía el marido
 - ¿y ese castillo tan imponente?
 - Del Rey Cuervo – le volvía a responder
Y así cada día se iban alejando más de su reino.
La puso a servir en una venta para que, al menos, se ganara la comida mientras él se acercaba al castillo a mendigar, según le dijo.
Pero su formación como princesa estaba muy lejos de servir para algo en la venta y era incapaz de desarrollar las tareas más sencillas.  La ventera la echó diciendo
- No me sirves para nada, anda márchate porque no te quiero estorbando por la venta, que es lo único que sabes hacer
Y ella, cada vez más asustada y arrepentida, se dio cuenta de que la educación que le habían dado no le servía de nada.
Ya cansados de andar y con llagas en los pies llegaron a una triste casucha y el marido le dijo.
- ¡Ya estamos en casa! ¡ponte a hacer la cena!
Ella no había trabajado nunca ni sabía por donde empezar, suerte que como sus provisiones consistían en un mendrugo de pan y un trozo de tocino no le fue muy difícil repartirlo y cenar, acto seguido se acostaron rendidos del camino. 
Al otro día él le dijo:
- ¡Mira!, como eres tan poca cosa y vales tan poco, te voy a dar trabajo,
te voy a poner en el mercado y vas a vender cosas. 
La llevó al pueblo, compró cacharros de barro; platos, ollas, tazas, … y se los dio para que los vendiera mientras él iba a mendigar por ahí, no sin antes advertirle
- Esto me ha costado cincuenta maravedíes y lo tienes que vender en cien para que nos quede algo para comer.
Pasaban las horas y no conseguía vender nada, la gente pasaba, se quedaba mirando pero ni preguntaban el precio ni compraban, ella se esforzaba por hacer propaganda de sus cacharros pero sin resultado.
Cuando ya llevaba unas horas sin vender nada y desesperada se acercó un jinete galopando y el caballo le pisoteó  todos los cacharros y se los rompió.
La princesa llena de desesperación lloraba desconsolada cuando llegó el marido, vio el estropicio y le dijo
- No sirves para nada, esto era muy fácil  y ni eso has sido capaz de hacer bien, desde hoy te pondrás los cubiertos aparte y comerás aparte, ya veo que no sabes hacer nada.
Ella, aislada de todo el mundo, llevaba en el delantal los cubiertos y las escasas provisiones con que se alimentaba; un mendrugo de pan, un trozo de queso reseco, un trozo de tocino rancio… 
Al cabo de un tiempo hicieron una fiesta en el pueblo, ella oyó la música y atraída por ella se acercó al baile. 
Su sorpresa fue grande cuando reconoció allí a aquel rey al que le había dicho tantas cosas desagradables.
Un campesino la sacó a bailar y bailando se le cayó todo lo que llevaba guardado en el delantal siendo la risa de todo el pueblo.
Ella lloraba avergonzada y quería salir huyendo pero el Rey la detuvo diciendo
- Ven a tu casa, vístete de reina, y volveremos al baile. Soy tu marido el mendigo y también aquél del que tanto te burlaste, pero creo que ya has aprendido la lección.  Irás a vivir a mi palacio como mi reina, porque aquellas palabras de desprecio ya las has pagado.
Hoy viven felices en su palacio y colorín colorado éste cuento se ha acabado y por tu boca se ha colado. 



miércoles, 27 de mayo de 2015

La zorra y el cuervo

Hay muchos cuentos y fábulas sobre la zorra y el cuervo (una de ellas, que además se menciona aquí, está en:
Pero ésta es la que recuerdo me contaban y que he intentado reconstruir con mi mejor voluntad.


LA ZORRA Y EL CUERVO

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Estaba el cuervo descansando junto a un pozo y hete aquí que llegó la zorra.
El cuervo resentido por aquella vez que la zorra le había engañado y robado su queso pensó que era el momento de hacérselo pagar.  
La zorra le preguntó 
-¿Qué haces aquí cuervo? 
Y el cuervo le dice 
-¡Qué pena! aquí estoy intentando alcanzar ese gran queso que hay en el fondo y no puedo 
La zorra se asomó al pozo y vio la luna llena grande y redonda reflejada en el agua y que parecía un hermoso queso, y le dijo 
-Lo podíamos coger entre los dos y nos lo partiríamos pero no sé cómo 
Dice el cuervo
-Yo te podría coger del rabo con el pico y podrías bajar tú a cogerlo y cuando lo tengas dices ¡arpa! y yo te subo. 
La zorra se asomó al pozo, el cuervo le agarró el rabo con el pico y descendió hasta el agua del fondo, pero cuando intentó coger el queso éste despareció en medio de un remolino de luces; esperó un poco y volvió a aparecer pero, nuevamente, desapareció al intentar cogerlo. Tras varios intentos infructuosos la zorra, ya cansada, pensó que sería mejor descansar un poco y probar más tarde y gritó
-¡Arpa!, 
A lo que el cuervo contestó 
-¡El rabo se me escapa! 
Y al decir aquello abrió el pico y la zorra fue a caer lo mismo que aquel queso que un día, desde lo alto de un árbol y con engaños, la taimada raposa le había hecho soltar.




Periquillo el de Malas

Estos días estaba todo el mundo por la política y las elecciones. Sé que no se acabó ese cuento de nunca acabar, pero aquí va otro cuento algo diferente.
PERIQUILLO EL DE MALAS


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Érase una vez un joven que, según su padre, todo lo que hacía lo hacía mal.
Un buen día le dijo su padre:
- Hijo; ya es hora de que te ganes el pan que te comes.
Y le compró un hato de ovejas a ver si aprendía a guardarlas y así comenzaba a ser responsable y ganarse la vida.
Él, muy contento, comenzó a cuidar su rebaño. Pero un día en que estaba tan feliz tocando el caramillo sobre una piedra, mientras vigilaba a las ovejas, pasó por allí un caballero.
Al caballero le pareció que Periquillo era un poco tonto y se dispuso a aprovecharse de él.
- Muchacho, ¿me venderías tus ovejas?
Periquillo le contestó:
- Y ¿cómo me las vas a pagar?
- Pues en tres plazos: tarde, mal y nunca.
Periquillo le entregó las ovejas y se despidió hasta el día de cobrar el primer plazo.
Cuando llegó a su casa y le contó la venta a su padre, éste se enfadó mucho y le dijo que le había engañado y que no le pagaría.
Pasaron unos días y Periquillo se puso en camino para cobrar sus ovejas.
Llegó al pueblo en que vivía el caballero y se plantó en su casa.
- ¿Qué quieres?
Le preguntó
- Soy Perico el de Malas y vengo a cobrar el primer plazo de mis ovejas.
Como no le quería pagar, Periquillo se sacó la correa y comenzó a repartir zurriagazos a diestro y siniestro.
Cuando aquel hombre vio lo que se le venía encima le dijo:
- Abre ese cajón y saca el dinero que hay, pero vete y déjame en paz.
Perico hizo lo que le había dicho y se fue tan contento a llevarle a su padre el dinero del primer plazo de las ovejas.
Al mes siguiente volvió a ponerse en camino y también llegó a casa del Señorito.
En aquella ocasión llevaba un hermoso garrote.
Le preguntó:
-  ¿Quién eres y qué quieres?
- Soy Periquillo el de Malas, y vengo a cobrar el segundo plazo de las ovejas.
Y como no quisiera pagarle, le arreó un garrotazo que lo dejó medio seco. El pobre decía:
 - No me pegues más, toma el dinero de esa caja y vete.
Perico así lo hizo y le llevó a su padre el dinero diciéndole:
- ¿No decías que no me pagaría? Pues aún me queda un plazo.
Al mes siguiente se puso en camino y llegó a casa del Caballero que, al parecer, estaba muy enfermo.
- ¿Quién eres y qué quieres?
 - Soy Periquillo el de Malas y vengo a cobrar el tercer plazo de las ovejas.
Pero el hombre, que estaba muy enfermo, le dijo:
- No me pegues que no me puedo defender, en el corral tienes tus ovejas, yo no las puedo cuidar, llévatelas que no se mueran de hambre.
Y Perico se fue muy contento con sus ovejas a enseñárselas a su padre que, desde entonces, ya no volvió a decir que no servía para nada.