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miércoles, 9 de octubre de 2019

Muu y... el chicle



Seguro que, si sois amigos de este blog, conoceréis a los personajes de este cuentecillo; que hoy vuelven, con Muuriel como protagonista en lugar de Cloe. Aquellos que no los conozcan pueden comenzar a hacerlo: AQUÍ





MUU Y… EL CHICLE

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Se hallaba la vaca Muuriel, como de costumbre, rumiando con la mirada lánguidamente perdida en la distancia, como esperando el paso del tren de las cinco. Woffe, que acababa de regresar con su amo desde el pueblo, se acercó a ella y le dijo.
- ¿Sabes, Muu, que te pareces a los humanos?
- ¿En qué?
- En que ellos también se pasan las horas masticando
- En todo caso será que ellos se parecen a mí, porque yo lo hago por mi naturaleza, soy rumiante y eso es necesario por mi sistema digestivo, pero ellos no lo son. ¿Por qué lo hacen?
- No lo sé, pero mascan una cosa pegajosa que llaman chicle.
- ¿Y se lo tragan?
- No. Luego lo tiran, y en el pueblo he visto pegotes por los suelos. Yo, como camino a ras de suelo, los veo muy bien y los hay de varios colores.
Un gorrión, que los estaba escuchando desde una rama, intervino.
- El otro día se me quedaron pegadas las patas en una de esas cosas y me costó soltarme. Y un primo mío murió porque se tragó uno y le taponó el galillo.
- Esos seres humanos – replicó Muu – tienen unos comportamientos poco racionales. Si sus desechos sirvieran al menos de abono como los nuestros… pero eso parece que lo único que hace es ensuciar y poner en peligro a los pequeños animales.
Cloe, que andaba a la caza de saltamontes, acababa de llegar junto a ellos y preguntó, curiosa como siempre.
- ¿De qué habláis?
- De los chicles que tiran los humanos – dijo Woffe.
- ¡Qué cosa más horrible! Una vez intenté picotear uno, pensando que era algo comestible, y se me pegó al pico. Me costó mucho despegármelo. La verdad es que, donde estén los insectos, las lombrices, el grano… Habría que hacer algo porque hay por todo. Alguna otra gallina ha tenido problemas de molleja por tragar uno.
- Dices bien, algo habría que hacer – dijo Muu – pero ¿Qué?
- Pues si no lo sabes tú, que eres la más inteligente de la granja – dijo Cloe – no sé quién lo va a saber.
Wof se rascó la oreja derecha con la pata trasera y dijo.
- ¿Por qué no les devolvemos esa porquería para que sepan que no pueden andar tirándolos por ahí?
Muu repuso.
- No se me ocurre cómo. Aunque sí… Cloe ¿Podrías conseguir que el gallinero colabore para hacer limpieza?
- Sí. Podríamos escarbar esos pegotes y hacer un buen montón.
Cloe, que tenía ascendiente sobre todas las gallinas desde aquella ocasión en que lideró el gallinero a raíz de las trifulcas raciales (1), consiguió convencerlas para ir reuniendo todos los pegotes que encontraran. Los fueron amontonando en un rincón del corral de Muu y ésta veía cómo crecía y crecía aquel montón. Pero no se le ocurría qué hacer luego con todo aquello.
Y allí se estaba parada rumiando y también rumiando, es decir, en los dos sentidos de la palabra, cuando llegó la hora del ordeño y acabó por idear algo.
Llamó a Cloe y le dio instrucciones.
Los problemas en la granja comenzaron cuando al vaciar el cubo de la leche, el amo encontró un chicle en el fondo. Y, cuando el hecho se repitió, el amo entró en cólera y prohibió terminantemente el uso del chicle a todos los trabajadores.
Es por eso que, gracias a la complicidad de las gallinas y su habilidad para no ser vistas al acercarse al cubo de la leche, la granja quedó limpia de aquellos asquerosos pegotes y ningún gorrión volvió a correr peligro.

(1) Ver Cloe quiere... liderar



Y el próximo jueves:
LA CAJA DE LAS RESPUESTAS
(un cuento largo en cuatro partes)

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