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miércoles, 11 de marzo de 2026

El Rey que quería un dragón


EL REY QUE QUERÍA 
UN DRAGÓN


Todo esto sucedió
mucho después de
lo narrado en


Ya conocéis aquel reino tan lejano, tan lejano y tan pequeño, tan pequeño. Aquel reino que no tenía ni castillo ni palacio y el Rey tenía que vivir en una escalera de vecinos. Pues esta vez salió con una nueva ocurrencia y ya veréis lo que pasó.
Cierto día tiró insistentemente de la anilla que hacía sonar la campanilla en casa del Chambelán, en el Principal Segunda, pero éste no acudía y el Rey ya estaba muy enfadado, casi se echó encima el té de las cinco al intentar levantarse del butatrono para asomarse al balcón y llamarlo a voz en grito, pero el Chambelán hizo acto de presencia, no sin un sofoco por acudir corriendo a la llamada.
- ¿Cómo has tardado tanto? Ya estaba harto de tirar de la campanilla.
- Majestad, estaba en la plaza. Ya sabéis que hoy me tocaba hacer de gigante, pero he venido lo más pronto que mis piernas me lo han permitido. ¿Qué deseáis?
- Ciertamente, desde que tenemos el gigante más pequeño de todos los reinos las cosas van bien y se han incrementado los ingresos por turismo, pero echo en falta algo que otros reinos tienen.
- ¿Y qué es ello, si puede saberse, majestad?
- Para ser un reino normal falta algo muy importante, algo que pueda atraer caballeros andantes a nuestro reino porque, como sabes, aquí sólo tenemos a Sisenando con su burro pero, ni es un brioso corcel ni él pertenece a las órdenes de caballería.
- ¿Y de qué se trata esta vez?
- Necesitamos un dragón, un dragón vivito y coleando, un dragón con su llama y todo.
Dijo el Chambelán.
-Permitidme deciros Majestad, como Ministro de la Vivienda que soy también, que en el reino no contamos con un espacio adecuado para alojar un dragón.
-Eso son excusas, todo el mundo sabe que los dragones viven en los bosques o en una cueva de la montaña.
Respondió el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán.
-Permitidme deciros Majestad, como Ministro de Medio Ambiente que soy, que en el reino no contamos con bosques y tampoco con montañas y menos con una cueva.
-Pues entonces ordeno que se encuentre una solución como se hizo cuando el gigante.
Respondió el Chambelán.
-Lo del gigante se pudo resolver gracias a la iniciativa de los Sabios y Consejeros del reino, pero un dragón lo veo más difícil.
-Decís bien señor Chambelán - concluyó el Rey - pero es mi voluntad y debemos encontrar una solución para contar, como otros reinos, con un dragón. Estudiad todos el problema, sometedlo a los Sabios y Consejeros del reino y mañana me traéis la solución.
El Ministro de Medio Ambiente, el Ministro de la Vivienda y el Chambelán se recogieron a deliberar con todo el gabinete ministerial y consigo mismos, puesto que todos eran también los Consejeros del reino y los hombres más sabios.
La reunión transcurrió como la ocasión anterior, pero esta vez frente a una manzanilla y una tostada porque el Chambelán, es decir todos, tenía un fuerte dolor de barriga. Se prolongó hasta altas horas de la noche y cada cual planteó sus puntos de vista, los pros y los contras, estando incluso, en algún momento, a punto de partir peras, pero finalmente llegaron a una solución y se retiraron todos juntos a descansar como un solo hombre.
Al día siguiente se presentó el vecino del Principal Segunda en calidad de Chambelán ante la butaca del Rey y, haciendo una reverencia, dijo:
-Majestad; hemos debatido el tema y finalmente el Guardián de las Pesas y Medidas nos ha hecho comprender, como ya hizo cuando el gigante, que las dimensiones y las proporciones son relativas y que a tal reino corresponde tal dragón, por lo tanto ya hemos resuelto el problema sin costo alguno e, incluso podría reportarnos ingresos extra por turismo.
-Decid, mi buen Chambelán, explicaos
-Hechos los oportunos cálculos, en función del tamaño de vuestro reino y de las dimensiones de los dragones más pequeños que habitan los otros reinos, da como resultado que para vuestro reino bastaría con uno de cincuenta y cinco centímetros, con lo que, además, sería el dragón más pequeño del mundo y, por tanto, una atracción turística de primera magnitud.
-¿Y dónde podríamos encontrar un dragón así de pequeño?
- Majestad - dijo el Chambelán – El Naturalista y Ecologista del reino informa que en el parterre de la plaza habita una lagartija voladora, lagarto volador o dragón volador (Draco volans) y, aunque carece de fuego, cosa que podríamos resolver con un soplete camuflado y como ya tiene alas resultaría un dragón más pequeño del mundo muy convincente.
El Rey quedó más que satisfecho con la sabia decisión de los ministros y sabios de su Corte y mandó celebrar, como la vez anterior, la llegada del Dragón Más Pequeño del Mundo haciendo colgar banderitas de la barandilla de la escalera y tirando un par de cohetes de lo que, lógicamente, se encargó el Ministro de Festejos y Cultura que era el Ministro de Agricultura, que era el Tesorero Real, que era el Ministro de Obras Públicas, que era el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán y muchas otras cosas más y que, además, era el Naturalista y Ecologista del reino.

Y si te ha gustado el cuento, has pasado un buen momento.

jueves, 22 de febrero de 2018

El Rey de los caracoles



Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 

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Había una vez un caracol que debía ser el Rey de los caracoles puesto que se alojaba, no en una concha en espiral como todos los demás caracoles que conocemos; sino que, sobre sus hombros, cargaba un castillo con sus torres y sus almenas. Al menos ésa fue la impresión que me dio cuando lo encontré en una tarde lluviosa, tras una clara, cuando es el momento más apropiado para la caza del caracol y ya llevaba media cesta.
Estaba muy atareado, haciendo regresar dentro de la cesta a aquellos que trepaban por el borde tratando de escapar, y recogiendo nuevos ejemplares.
Pero le vi, entre el verde pasto, alzando su almenada concha y deslizándose majestuosamente sobre una refulgente alfombra de baba que brillaba al sol.
No sabía qué hacer. No daba crédito a mis ojos. Me agaché para verlo más de cerca y, no sólo no se replegó al acercarle la mano, sino que siguió avanzando orgulloso, con el cuello erguido y los cuernos rectos, como señalando el camino.
Era, además, de buen tamaño y yo estaba tan sorprendido e indeciso que no hacía más que mirarlo avanzar tan decidido e impasible sobre la hierba. Desde luego aquel caracol era un fenómeno digno de estudio y un ejemplar de interés científico evidente.
En éstas estaba cuando noté que algo frío y húmedo me caía en un pie. Al volverme pude comprobar que todos los que llevaba en la cesta se estaban escapando, algunos ya se alejaban de ella por la hierba.
De modo que me dediqué a hacerlos regresar al fondo, soltando los que ya se hallaban en el borde y volviendo a cazar a los fugitivos que, pasito a pasito, babita a babita, se iban marchando. Pasó un largo rato hasta que logré capturar al último de los huidos.
Cuando me volví hacia el lugar en que había dejado a aquel extraordinario caracol, ya no estaba allí. Había desaparecido y no podía seguir su rastro porque se había mezclado con el de los otros escapados. Busqué por todos lados y fui incapaz de encontrarlo.
Recapacitando luego comprendí que, cuando tienes algo importante entre manos, no debes distraerte con cosas de menor importancia, por muchas que éstas sean.
Pero, finalmente, me consolé con una buena bandeja de caracoles a la parrilla. Porque el que no se consuela es porque no quiere.




EL JUEVES PRÓXIMO: El virus despistado

jueves, 28 de mayo de 2015

El rey cuervo





EL REY CUERVO

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Érase que se era una princesa tan creída de su valer que despreciaba a todos, tanto súbditos como pretendientes. Aunque ya estaba pasada de la edad para casarse seguía soltera porque no encontraba a nadie de su agrado. 
El Rey no sabía que hacer con ella y decidió casarla a ver si eso le bajaba los humos, para lo que organizó una gran fiesta y envió emisarios a los reinos vecinos convidando a todo lo mejor de la nobleza. Asistieron marqueses, reyes, duques, …  para que su hija se fijara en alguno de ellos y poder casarla. 
La princesa, en honor a la verdad era muy bella pero ella a todos les encontraba defectos.
- ¡Oh!, éste es muy delgado, no me gusta...
- ¿Éste? gordo como un fardo, no me gusta nada.
- ¿Éste? Tan bajito que no me llega a la cintura, que se busque una enana
Y así a todos les fue sacando faltas, hasta que le presentaron al último y con éste se despachó a gusto, ensañándose cruelmente:
- ¿Éste? Si tienes la nariz como el pico de un cuervo. Eres el Rey Cuervo
El padre, desesperado, al ver que no podía hacer nada le dijo:
- Has despreciado a los príncipes y reyes más grandes, así que te casarás mañana con el primer pobre que se acerque a palacio pidiendo limosna.
Y así fue, de buena mañana llegó un pobre a pedir limosna.
- ¿qué me pueden dar, por caridad? 
Y le dice el padre:
- ¿eres soltero?
respondió el pobre
- si Majestad
- ¿que qué te puedo dar?. Te voy a dar la mano de mi hija; te casas con ella y te la puedes llevar lo más lejos posible.
Se casaron rápidamente y se dispusieron a marchar
Ella quería llevarse sus vestidos y sus joyas pero él le dijo
- No tenemos carruajes ni donde poner todo eso o sea que vístete con las ropas de alguna criada y en marcha. 
Tras dejar los límites de su reino iban pasando por grandes fincas y preguntaba a su marido
 - ¿De quién son esas tierras?
 - Del Rey Cuervo – respondía el marido
 - ¿y ese castillo tan imponente?
 - Del Rey Cuervo – le volvía a responder
Y así cada día se iban alejando más de su reino.
La puso a servir en una venta para que, al menos, se ganara la comida mientras él se acercaba al castillo a mendigar, según le dijo.
Pero su formación como princesa estaba muy lejos de servir para algo en la venta y era incapaz de desarrollar las tareas más sencillas.  La ventera la echó diciendo
- No me sirves para nada, anda márchate porque no te quiero estorbando por la venta, que es lo único que sabes hacer
Y ella, cada vez más asustada y arrepentida, se dio cuenta de que la educación que le habían dado no le servía de nada.
Ya cansados de andar y con llagas en los pies llegaron a una triste casucha y el marido le dijo.
- ¡Ya estamos en casa! ¡ponte a hacer la cena!
Ella no había trabajado nunca ni sabía por donde empezar, suerte que como sus provisiones consistían en un mendrugo de pan y un trozo de tocino no le fue muy difícil repartirlo y cenar, acto seguido se acostaron rendidos del camino. 
Al otro día él le dijo:
- ¡Mira!, como eres tan poca cosa y vales tan poco, te voy a dar trabajo,
te voy a poner en el mercado y vas a vender cosas. 
La llevó al pueblo, compró cacharros de barro; platos, ollas, tazas, … y se los dio para que los vendiera mientras él iba a mendigar por ahí, no sin antes advertirle
- Esto me ha costado cincuenta maravedíes y lo tienes que vender en cien para que nos quede algo para comer.
Pasaban las horas y no conseguía vender nada, la gente pasaba, se quedaba mirando pero ni preguntaban el precio ni compraban, ella se esforzaba por hacer propaganda de sus cacharros pero sin resultado.
Cuando ya llevaba unas horas sin vender nada y desesperada se acercó un jinete galopando y el caballo le pisoteó  todos los cacharros y se los rompió.
La princesa llena de desesperación lloraba desconsolada cuando llegó el marido, vio el estropicio y le dijo
- No sirves para nada, esto era muy fácil  y ni eso has sido capaz de hacer bien, desde hoy te pondrás los cubiertos aparte y comerás aparte, ya veo que no sabes hacer nada.
Ella, aislada de todo el mundo, llevaba en el delantal los cubiertos y las escasas provisiones con que se alimentaba; un mendrugo de pan, un trozo de queso reseco, un trozo de tocino rancio… 
Al cabo de un tiempo hicieron una fiesta en el pueblo, ella oyó la música y atraída por ella se acercó al baile. 
Su sorpresa fue grande cuando reconoció allí a aquel rey al que le había dicho tantas cosas desagradables.
Un campesino la sacó a bailar y bailando se le cayó todo lo que llevaba guardado en el delantal siendo la risa de todo el pueblo.
Ella lloraba avergonzada y quería salir huyendo pero el Rey la detuvo diciendo
- Ven a tu casa, vístete de reina, y volveremos al baile. Soy tu marido el mendigo y también aquél del que tanto te burlaste, pero creo que ya has aprendido la lección.  Irás a vivir a mi palacio como mi reina, porque aquellas palabras de desprecio ya las has pagado.
Hoy viven felices en su palacio y colorín colorado éste cuento se ha acabado y por tu boca se ha colado. 



viernes, 17 de abril de 2015

El Rey Pernimagro



Angelita Moreno me contó un día este cuento, y yo lo grabé. He procurado respetar la espontaneidad del habla de mi pueblo conservando en todo lo posible palabras y giros. Espero que os guste


EL REY PERNIMAGRO



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Esto eran dos soldaos que volvían de la guerra y traían más hambre que vista un galgo, y ven hacia lo largo una luz y llegan y había una viejecica
¿Quiere usté que pasemos aquí la noche, que mire usté la noche tan fría que hace?
Pues si, venga, pasar, lo único que de cenar no tengo ná pa daros porque yo vivo sola y ya he cenao y no tengo ná pa daros
Bueno pero por lo menos nos calentamos
Bueno, pos venga
Total que se calientan y ya se estaban quedando dormidos cuando les dice la abuela:
- Si queréis, subimos al pajar y allí entre la paja estaréis más calenticos
Y subiendo al pajar, en el hueco la escalera vieron un jamón que tenía la abuela colgao, y claro, con el hambre que llevaban, cuando ya estaban allí acostaos le dice uno al otro
- ¿Tú has visto lo que yo?, ¿tú has visto que tiene la abuela un jamón ahí colgao?
- Yo si, pero ese ya verás tú; en cuanto que se duerma  la abuela lo estamos metiendo en la mochila
Pues ya, cuando calculan que la abuela se ha dormío, cogen el jamón y lo meten en la mochila y a la mañana siguiente pos ya, la abuela:
- ¡Venga, hijos míos!, pos mira que no tengo ná pa daros de desayunar ni ná pero bueno ya os habéis calentao y habéis pasao la noche bajo teja, pos ¡hala!
Y dice uno que era más gracioso:.
- Abuela, usté que ya es mu vieja, usté se acuerda de cuando el Rey Pernimagro entró en la ciudad de Mochila?
Y dice ella:
- Noo, yo de eso no me acuerdo, yo de lo que si me acuerdo es de cuando el Rey Pernimagro salió de la ciudad de Mochila y entró Piedrasdeamolar
Y dicen
- Andá, la abuela esta está tonta, ¡enga, hasta luego!
Y lo que estaban deseando de irsen pa meterle mano al jamón aquél. Y cuando ya perdieron de vista la casa…
- Venga muchacho, saca la navaja
Abren la mochila y lo que llevaban era una piedra de amolar. La abuela había sido más lista que ellos.
 Y cuento contao por esta boca se ha colao.





miércoles, 4 de marzo de 2015

Éste era un rey que tenía tres hijas





Una versión "muy personal" de aquel antiguo cuento de nunca acabar con el que, junto con el de "¿quieres que te cuente un cuento que nunca se acaba?", lograban sacarnos de nuestras casillas



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ÉSTE ERA UN REY

Éste era un rey
Que tenía tres hijas
Las metió en tres botijas
Y las tapó con pez

Las echó en tres grandes ríos
Cual si fueran tres navíos
Y llegaron a una playa
¡Vaya, vaya, vaya, vaya!

Pasó el príncipe primero;
Guapo, fino y altanero
Y marchó por donde vino,
Altanero, guapo y fino

Llegó el príncipe segundo
Tan cortés y hombre de mundo
Y las desposó a las tres,
¡Fíjate si era cortés!


En la noche de las bodas
Como pasa siempre en todas
A las esposas destoca;
A la fea, a la lela y a la loca

Y los encantos desvela
De la loca, de la fea y de la lela
Y hace lo que más desea
Con la lela, con la loca y con la fea.

Las reintegró a sus botijas
Y le devolvió sus hijas
Al rey que comienza el cuento
Y se quedó tan contento.

Y allí quedan las princesas
En altiva torre presas
Esperando que un portento
Antes de que acabe el cuento
Traiga al príncipe tercero
Orate, espantoso y huero.


Ahora se entiende que el rey
De buena o de mala ley
Dispusiera que sus hijas
Viajaran en tres botijas
Y las tapara con pez
¿Lo he de explicar otra vez?

Este era un rey… etc. etc. etc.
……………..
(y dale que te pego)






sábado, 14 de febrero de 2015

El Rey que quería un Gigante




Un nuevo cuento acumulativo (entre otras cosas, de cargos ocupaciones o pluriempleos) sobre un Reino muy peculiar, en donde se aprecia también lo relativo de las cosas. Lo publiqué en "En el Mundo de los Cuentos"



EL REY QUE QUERÍA UN GIGANTE

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Había una vez un reino muy lejano, muy lejano, y muy pequeño, muy pequeño. No es que se viera pequeño debido a la gran distancia sino que era pequeño de verdad, con abundancia de pequeñez o, si lo preferís, con escasez de dimensiones. Tan pequeño era que no tenía ni castillo ni palacio, y el Rey tenía que vivir en una escalera de vecinos; en el Principal Primera por ser el Rey, pero en una escalera de vecinos. En la Planta Baja vivían los súbditos y no había más pisos por encima del Principal porque nadie debía estar más alto que el Rey.
Un día el Rey llamó al Chambelán que vivía en el Principal Segunda y le dijo:
-Ya estoy harto de ser la burla de los otros Reyes; cada vez que asisto a la boda de la princesa de un país vecino se ríen de que en este reino no tengamos un gigante, como es tradicional, y tan sólo tengamos duendes, brujas y trasgos porque ocupan poco espacio.  Esto no lo puedo tolerar, o sea que ya te puedes ir espabilando para conseguir un gigante, por lo menos de dos metros.
Dijo el Chambelán 
-Majestad: como Ministro de la Vivienda que soy no encuentro que podamos alojar a un gigante, no hay vivienda alguna vacía y menos de las dimensiones adecuadas.
-Eso son excusas, todo el mundo sabe que los gigantes viven en los bosques o en una cueva de la montaña.
Respondió el Ministro de la Vivienda, que también era el Chambelán
-Permitidme deciros Majestad,  como Ministro de Medio Ambiente que soy, que en el reino no contamos con bosques y tampoco con montañas.
-Pues entonces ordeno que se plante un bosque inmediatamente
Dijo el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán
-Como no sea en el aparcamiento de la real carroza…  porque como Ministro de Obras Públicas que soy le informo que no queda un palmo cuadrado disponible en todo el reino. Además no sé qué opinaría el Tesorero Real, que soy yo, del costo de la obra.
-Pues que hable el Tesorero Real
-Majestaddijo el Tesorero Real, que era el Ministro de Obras Públicas, que era el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán – El Tesoro Real podría soportar la plantación de media docena de pinos, que es lo que cabría en el aparcamiento, pero también se ha de considerar el costo de adquirir un gigante con sus aranceles aduaneros y su licencia de importación. Claro que al suprimir la carroza real  se compensaría con el ahorro de sueldo de cochero y lacayos.
-Pues no se hable más, plantemos el bosque y comencemos a buscar un gigante en paro en los reinos vecinos.
-Majestad -terció ahora el Ministro de Agricultura, que era el Tesorero Real, que era el Ministro de Obras Públicas, que era el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán –  ¿habéis pensado en lo que debe costar alimentar a un gigante?; porque ni toda la producción de nuestras explotaciones agrícolas con sus cuatrocientos metros cuadrados de huerta, ni las granjas avícolas a pleno rendimiento con sus cien gallinas, ni toda la ganadería ovina con sus diez ovejas censadas y menos aún la vaca lechera que compone nuestra cabaña bovina, serían suficientes para ello y entonces, tanto vuestra Majestad como todo el reino se verían obligados a pasar hambre.
-Decís bien señor Ministro, - concluyó el Rey - pero es mi voluntad y debemos encontrar una solución para, sin prescindir de nuestras comodidades ni de nuestras provisiones, contar como todo reino que se precie con un gigante. Estudiad todos los problemas, sometedlo a los Sabios y Consejeros del reino y mañana me traéis la solución.
El Ministro de Agricultura, el Tesorero Real, el Ministro de Obras Públicas, el Ministro de Medio Ambiente, el Ministro de la Vivienda y el Chambelán se recogieron a debatir consigo mismos, puesto que eran también los Consejeros del reino y los hombres más sabios.
La reunión, frente a una taza de café y una magdalena, fue tensa e intensa y se prolongó hasta altas horas de la noche. Cada cual planteó sus puntos de vista, los pros y los contras, estando incluso, en algún momento, a punto de llegar a las manos, pero finalmente llegaron a una solución y se retiraron todos juntos a descansar como un solo hombre.
Al día siguiente se presentó el vecino del Principal Segunda, en calidad de Chambelán, ante la butaca del Rey y, haciendo una reverencia, dijo:
-Majestad; hemos debatido el tema y, finalmente, el Guardián de las Pesas y Medidas nos ha hecho comprender que las dimensiones y las proporciones son relativas y que a tal reino corresponde tal gigante, por lo tanto ya hemos resuelto el problema sin costo alguno e, incluso podría reportarnos ingresos extra por turismo.
-Decid, mi buen Chambelán, explicaos
-Hechos los oportunos cálculos, en función del tamaño de vuestro reino y de las dimensiones medias de los gigantes que habitan los otros reinos, da como resultado que para vuestro reino bastaría con un gigante de un metro sesenta y cinco centímetros, con lo que, además, sería el gigante más pequeño del mundo y, por tanto, una atracción turística de primera magnitud.
-¿Y dónde podríamos encontrar un gigante así de pequeño?
- Majestad, - dijo el Chambelán - yo estoy acostumbrado a asumir todos los cargos y papeles en vuestra Corte y, como además mido precisamente ese metro sesenta y cinco centímetros, podría asumir también el trabajo de gigante, siempre que no se me exhiba más de dos veces por semana y no se me haga vocear más de una vez al día, puesto que mis otras obligaciones me lo impiden.
El Rey quedó más que satisfecho con la sabia decisión de los ministros y sabios de su Corte y mandó celebrar la llegada del Gigante Más Pequeño del Mundo haciendo colgar banderitas de la barandilla de la escalera y tirando un par de cohetes; de lo que, lógicamente, se encargó el Ministro de Festejos y Cultura que era el Ministro de Agricultura, que era el Tesorero Real, que era el Ministro de Obras Públicas, que era el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán y muchas otras cosas más y que, además, a partir de ese momento pasó a ser también el Gigante del Reino.

Como ya ha acabado el cuento.... puedes darte por contento.