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jueves, 9 de abril de 2015

El retorno del Rex

Con este cuento de calibre "XL", se acaba la serie de cuentos agrupados en "Dos docenas de cuentos frescos" y dirigidos, según su calibre a distintos tramos de edad. Espero que hayan sido de vuestro agrado.



El retorno del Rex

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Grande fue la sorpresa al ver aparecer un dinosaurio en medio de Central Park, aunque más grande fue la sorpresa del dinosaurio por todo lo que pudo ver en este planeta que habitamos.
Una mañana temprano, serían las 8 AM, entre Cedar Hill y Burns Lawn, muy cerca del Museo de Historia Natural, apareció de la nada un Tiranosaurio Rex. El pánico hizo huir a los pocos ciudadanos que, haciendo sus ejercicios matinales, corrían por el Parque. 
La alarma se extendió rápidamente, llegando hasta el Presidente. Se decidió montar un cerco de seguridad con carros de combate y lanzamisiles, que mantuviera además alejada a la prensa, la TV y los curiosos pero, en la distancia, sin ser vistos. Se estableció también un control de vigilancia que controlara todos los movimientos del dinosaurio.
Mientras tanto el Rex estaba muy tranquilo observando los alrededores y las enormes y densas edificaciones que rodeaban el parque. Había elegido este lugar, aunque había mayores zonas forestales o selvas en el planeta, por su proximidad a aquella macrociudad y al Museo de Historia Natural.
Sus cortos brazos manipularon un objeto que colgaba de su cuello y, de la nada, se materializó un gran cilindro metálico, parecido a un tonel, extrajo de él un recipiente y comenzó a comer lo que contenía.
Mientras tanto, desde un ojo orbital, hacía una exploración del planeta comprobando la destrucción del medio natural y la extensión de la construcción, así como el derroche de alimentos y energía en las grandes ciudades frente a la miseria de aldeas y ghettos.
Rex controlaba el ojo orbital así como los micrópteros que se colaban por todos los edificios importantes y, especialmente, en el museo.
Y así se mantuvo la tensa situación durante horas y horas, en las que Rex hizo aparecer y desaparecer un cubículo en el que entró durante unos minutos, comió otras dos veces y se estiró sobre el césped durmiendo profundamente. En el cinturón de seguridad nadie se atrevió a acercarse y mantuvieron la discreta vigilancia.
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Pero vayamos a otro tiempo más lejano y entenderemos lo que pasó y el porqué de la presencia del dinosaurio en nuestro planeta.  
Hace setenta y cinco millones de años, los sistemas de vigilancia de los planetas exteriores, Sol7 y Sol8, detectaron la presencia de un gran meteorito que se aproximaba al centro del sistema. Los observatorios de Sol3 calcularon que en seis meses el bólido alcanzaría el planeta y se decidió evacuar a toda la población y llevarla a un nuevo planeta no habitado, Sirio4. Así que se aprestaron naves suficientes para transportarlos a su nuevo destino. No obstante muchos de los habitantes del planeta, dispuestos a no abandonar su tierra y esperando que las previsiones catastróficas fueran exageradas, decidieron permanecer en Sol3.
Las previsiones se cumplieron y el planeta quedó totalmente inhabitable durante millones de años.
Mientras tanto, los colonos de Sirio4 habían montado una nueva civilización adaptada a los recursos del planeta y pasaron millones de años más hasta nuestros días en que, a instancias de los historiadores y científicos, decidieron enviar un explorador a su planeta natal, para que comprobara si habían sobrevivido algunos de los que se quedaron y la habitabilidad del mismo; por si podían regresar o, al menos, montar una colonia. Para esa misión se eligió a Rex y ahora estaba descansando plácidamente en el césped de Central Park.
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Los observadores quedaron muy sorprendidos al ver que el dinosaurio volvía a manipular el colgante que llevaba al cuello y, tal como había aparecido, desapareció sin dejar rastro alguno de su presencia. Posteriormente se difundió la teoría de que había sido una alucinación colectiva, un montaje con un robot gigante o una holografía y ya no se volvió a hablar del tema.
Mientras tanto Rex, en su nave espacial, manipulando con sus cortos brazos el colgante puso rumbo a Sirio4 mientras redactaba el informe que presentaría al Consejo y que, entre  otros muchos datos, decía:
“..... El planeta es estable geológicamente y no se detectan amenazas externas al menos en unos siglos, por lo que podría volver a ser habitado.....”
“.....En este momento Sol3 se encuentra plagada por unos parásitos que destruyen el medio natural y a ellos mismos. Parece que no les importa destruir su ecosistema.... “
“.... la idea que tienen de nosotros, por los restos mortales hallados de aquellos que no quisieron evacuar el planeta durante el éxodo, y que conservan irrespetuosamente expuestos al público, es que éramos una especie primaria y agresiva, sin una pizca de inteligencia.... “
“....por todo ello considero que es totalmente desaconsejable su colonización si antes no se fumiga su superficie, aunque yo propondría dejarlos seguir con su evolución natural y en no más de un siglo se habrán autoexterminado y podríamos ocupar nuevamente nuestro antiguo planeta sin problemas.....”

miércoles, 8 de abril de 2015

Viaje al Sol

Viaje al Sol






¿Le apetece a alguien una patata asada con energía solar o una bolsa de pipas?. Este cuento es el penúltimo de "Dos docenas de cuentos frescos" y el último de tamaño "L"

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vídeo que figura al pie



El Capitán Intrépid estaba aburrido tras permanecer un tiempo en dique seco, y se empeñó en una nueva y arriesgada misión.
Pretendía comprobar si era posible llegar al Sol y que en su cara nocturna, ya que consideraba que tenía otra cara oscura y fría que mostraba por la noche, podían cultivarse las solanáceas. Así que preparó su nave, cargó unos sacos de patatas para siembra, unas bolsitas de semillas de berenjena y pimiento y, por tener forma de sol y una gran atracción por el astro rey, llevaba también una gran bolsa de pipas de girasol.
Izó la velas y, mano al timón, emprendió el vuelo hacia el espacio abierto. La nave comenzó a elevarse y dejar atrás el puerto. La gente se agitaba a sus pies y se veía diminuta hasta que un grupo de nubes ocultó la tierra. El viento solar, de momento, era favorable hasta entrar en órbita, así que largó todo el velamen y esperó a llegar a la altura apropiada para fijar el rumbo al Sol.
Una vez en órbita estacionaria preparó todo para navegar a barlovento, contra la dirección del viento solar que debía inflar las velas, recogió el ancla orbital y emprendió la larga travesía que le esperaba.
Fueron días aburridos en los que se dedicó a prepararlo todo para cuando se aproximaran al Sol, porque el viento sería mucho más potente y el calor abrasador.
Al pasar por las proximidades de la Luna una nave de Piratas Lunares se acercaba con intenciones de abordar su bajel, y el Capitán les largó un cañonazo de ADVERTENCIA, por lo que al estallar la bala del cañón, ametralló a los piratas con fragmentos de A, D, V, E, R, T, E, N, C, I y A, con lo que los piratas tuvieron que regresar a la Luna con las manos vacías y su nave acribillada por la metralla.
La distancia que faltaba por recorrer era enorme y el vacío del espacio helado. El Capitán puso en marcha los acumuladores de frío recogiendo todo el que podía para usarlo luego cuando estuvieran más cerca al abrasador calor solar.
Durante ese trayecto, aparte de un encuentro con una Bruja del Vacío que pasó muy veloz montada en su cometa, como las brujas de tierra lo hacen sobre sus escobas, no hubo muchas cosas que resaltar. 
En el Puente, el Libro de Bitácora y el Sextante tuvieron la siguiente conversación.
- ¿El capitán está loco o qué? –dijo el sextante - ¿a quién se le ocurre ir hacia el Sol?, nos abrasaremos.
 - No lo creo, el Capitán ha escrito en mí que piensa llegar por la noche, para atracar en la cara fría y oscura, en el lado que no se ve desde la Tierra. Así que no te preocupes que él ya sabe lo que tiene que hacer.
Ya estaban muy cerca de su destino pero tenían enfrente la cara ardiente y el calor en el puente de mando era ya casi insoportable. El Capitán puso en marcha la refrigeración con todo el frío acumulado durante el largo viaje por el vacío y, durante unos días la temperatura fue más soportable, pero las reservas de frío se iban agotando y la cara oscura del Sol no aparecía, siempre estaba enfrente la cara ardiente y comenzó a subir la temperatura hasta niveles tan alarmantes que el Capitán pensó en regresar, pero aún tenía la esperanza de poder sembrar la cara oculta con todo lo que llevaba. Revisó el saco de patatas y las bolsas de semillas y descubrió que con aquel calor se habían vuelto inútiles para la siembra.
Las patatas estaban asadas y, aunque deliciosas como pudo comprobar, no servían ya para otra cosa que para comérselas, las pipas de girasol estaban tostadas y, aunque sin sal, estaban en su punto, y las demás semillas debían haber seguido el mismo camino. Así que era inútil empeñarse en llegar a su destino y, rápidamente, tomó el timón y puso el barco en dirección a sotavento y el fuerte impulso del viento solar le envió a una enorme distancia en pocos minutos. Mientras tanto, el Capitán almacenó todo el calor del Sol que pudo para la calefacción durante el viaje por el vacío.
Sin más incidentes que resaltar, salvo una invasión de los Monos de los Meteoritos, que tuvo que dispersar a guantazos, y un nuevo intento de asalto de los Piratas de la Luna, a los que repelió nuevamente con un cañonazo de ADVERTENCIA, llegó a puerto en donde fue recibido multitudinariamente, como un héroe.
En la recepción que le concedió la Reina, le hizo obsequio de una bolsa de patatas asadas y un cucurucho de pipas que fueron muy del agrado de la soberana, que le condecoró con la medalla del Sol y las Estrellas.
Y allí quedó en el puerto, en dique seco, soñando con nuevas expediciones como: ordeñar a la Vía Láctea o pescar Piscis en Acuario.






martes, 7 de abril de 2015

La ratita Diogenita

Érase una vez una ratita que no tenía nada de presumida. Un cuento de talla "M", de "Dos docenas de cuentos frescos"





La ratita Diogenita
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Se llamaba Diogenita y ni barría sus escaleritas, ni barría su casita, ni se acicalaba, ni encontró una moneda. Lo único que buscaba y encontraba eran trastos, bolsas de basura, zapatos viejos,... que acababa almacenando en su casita, tenía almacenado tanto y tanto que ya casi no cabía.
Esta ratita recorría todos los contenedores y las papeleras y, como una urraca, se llevaba todo lo que podía cargar.
Cierto día un gallo le propuso matrimonio y ella le invitó a tomar un té en su casita antes de tomar una decisión. Cuando llegó el gallo y vio aquel montón de basuras, comenzó a escarbar esperando encontrar algún gusanito que echarse al pico. Entonces la ratita, ofendida y molesta por que le revolviera sus cosas, lo echó con cajas destempladas.
Otro día le propuso matrimonio un gato y, como sucedió con el gallo, le invitó a tomar un té en su casita antes de tomar una decisión. Cuando llegó el gato y vio aquel montón de bolsas negras, comenzó a arañarlas para afilarse las uñas. Entonces la ratita, ofendida y molesta por que le rompiera sus bolsas, lo echó con cajas destempladas.
Otro día el que le propuso matrimonio fue un perro y, como sucedió con el gallo y el gato, le invitó a tomar un té en su casita antes de tomar una decisión. El perro era muy detallista y decidió hacerle un regalo a la ratita para ganarse su confianza, así que llevaba un hermoso y brillante hueso entre las fauces. Cuando entró en la casita y vio aquel montón de cosas dispersas por el suelo, comenzó a escarbar para hacer un agujero y poder enterrar el hueso, como suelen hacer todos los perros. Y la ratita, ofendida y molesta por que le dispersara sus queridas basuras, lo puso de patitas en la calle.
Pasó el tiempo y, mientras rebuscaba en una papelera, se le acercó un cuclillo, le dijo “CUCÚ” y le propuso matrimonio y, como sucedió con el gallo, el gato y el perro, Diogenita le invitó a unas pastas en su casita antes de tomar una decisión. Pero cuando el cuclillo puso sus patitas en la casita tomó posesión de ella, tal como hizo en el nido en que nació, y echó a la calle a la ratita así como a todas sus pertenencias. Se montó tal montón de basuras en la calle que tuvo que acudir una brigada de barrenderos y se llevaron todo en un gran camión al vertedero municipal. La ratita había caído también en el camión revuelta con toda la basura y allí, en el vertedero, entre montañas y montañas de basuras, bolsas, muebles y electrodomésticos viejos, la ratita fue tan feliz como no lo había sido en toda su vida.

lunes, 6 de abril de 2015

Perfecto Camaleón

Un pequeño cuento de "Dos docenas de 
cuentos frescos", éste de tamaño "S"


Perfecto Camaleón

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Se llamaba Camaleón de apellido, porque lo era, era un camaleón. Y se llamaba Perfecto de nombre, porque era, de todos los camaleones, el que mejor se sabía camuflar. Tan bien lo hacía que daba clases a los soldados para que se escondieran entre la vegetación y no los viera el enemigo.
Tan hábil era que costaba encontrarlo cuando cambiaba de colores y lo hacía mucho mejor y más rápido que los demás. Los camaleones son muy lentos para caminar y también tardan un ratito en adaptarse a los colores del lugar en que se ponen, pero Perfecto era muchísimo más rápido y en un instante cambiaba de color.
De momento su camuflaje, como el de todos los camaleones, tenía pequeños fallos de color y forma, pero Perfecto hacía todos los esfuerzos posibles para hacerlo mejor que nadie y lo estaba consiguiendo.
Lo hacía tan bien que, en una ocasión estuvo a punto de acabar aplastado. Se había quedado dormido en una silla y alguien que no lo pudo ver casi se sienta en él. A pesar del susto, se alegró mucho porque le estaba saliendo tan bien que nadie le podía encontrar. Pero él siguió intentando hacerlo cada vez mejor y ya no había nadie que pudiera encontrarlo cuando se mimetizaba.
Hasta que un día se escondió tan bien que ni siquiera él mismo fue capaz de encontrarse.
Desde entonces se busca por todos los rincones, por los muebles, en los árboles del jardín y en el tejado pero aún no se ha encontrado, aunque él no se rinde y sigue buscando y buscando por si algún día tiene la suerte de encontrarse, cosa que le dará mucha alegría y mucha pena. Alegría por haber conseguido encontrarse y pena por no haberlo hecho absolutamente PERFECTO.

jueves, 26 de marzo de 2015

La araña Tricotosa

Y el último por hoy de "Dos docenas de cuentos frescos", éste de tamaño XL

La araña Tricotosa
 
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La araña Tricotosa tejía su tela sin descanso, cuando se acercaron a su nido unos escarabajos muy estirados, con maletines en mano que le dijeron: 
- Señora Tricotosa, venimos a hacerle una oferta que puede ser de su interés
- ¿Y cuál es esa oferta?
- Le vamos a comprar toda su producción de tela para las franquicias de nuestra cadena JARA y sedal suficiente para coser las prendas, le ofrecemos un contrato en exclusiva pero debe comprometerse a suministrarnos tantos metros cuadrados y lineales como le vayamos fijando en función de las ventas. Estúdiese el contrato y, si está conforme, déjelo firmado en la JARA más próxima.
Tricotosa se estudió el contrato, los precios y la cantidad de tela a suministrar. Aquello superaba con mucho las posibilidades de producción de sus propias hileras y los precios en moscas por metro estaban muy ajustados. Si quería cumplir con los compromisos de producción debía contratar muchas otras arañas trabajando día y noche por una pequeña parte del precio, porque algún beneficio debía tener ella.  
Preparó una amplia madriguera para alojar a todas las tejedoras que tenía que contratar, suficientemente amplia para que pudieran incluso dormir allí mismo sin perder tiempo. Corrió la voz por los romeros y mejoranas cercanos y pronto tuvo allí una legión de arañas dispuestas a trabajar duro por poca mosca.
Una vez firmado el contrato y entregado en la JARA del barrio, comenzó la producción. Las obreras hilaban febrilmente durante horas sin tiempo casi para dormir ni para comer, aunque esto último no era problema porque, con lo poco que les pagaba, no podían perder mucho tiempo comiendo.
Mientras tanto los escarabajos estaban muy satisfechos, veían cómo las ventas y los beneficios crecían y crecían. Crecían mucho más que cuando eran los gusanos de seda aquellos que proporcionaban la materia prima, porque ahora salía más barata y su fabricación no era tan lenta. Y aunque la calidad y duración de las prendas hubiera mermado sensiblemente, el negocio iba viento en popa.
Cuando tengáis que comprar alguna prenda de vestir tenéis que aseguraros de la calidad y durabilidad y no guiaros sólo por el precio. También hay que reparar en el trato que reciben las arañas que producen el hilo.
Para vuestra información Flip, Willie y Maya acaban de cambiar de tienda y ahora se visten sólo en establecimientos respetuosos con los derechos de las tejedoras.


Pero la cosa no queda aquí, porque Tricotosa consigue algo importante,  
leed y escuchad ARAÑAS

Tim y los alienígenas

De "Dos docenas de cuentos frescos" uno de talla L



Tim y los alienígenas

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Sobre la granja en que vivía Timoteo, al que llamaban Tim y nosotros también le llamaremos así, cada noche había un espectáculo de luces. Tim, que era un niño muy curioso, se apostaba en la terraza con un catalejo para ver a qué se debía aquel despliegue de objetos luminosos, y cada noche se iba a dormir decepcionado porque, aunque veía las luces y sus erráticos movimientos, no podía distinguir qué se ocultaba tras aquellas exhibiciones aéreas.
Cierta noche, una de aquellas luces descendió al prado que había frente a la granja, donde los caballos solían pastar. Una figura de una fosforescencia verde se acercaba, y Tim se quedó paralizado, no se podía mover y se quedó allí muy quieto viendo acercarse a aquella figura que tenía aspecto de lagartija, y escuchó:
- XRPTLÑ LXÑPTZÑY 
Tim, paralizado como estaba, no pudo más que pensar:
- ¡Dios mío!, ¿qué bicho es éste?
Aquel ser se acercó y le puso algo como dos tapones en los oídos, entonces pudo oír:
- Yo no soy ningún bicho como estás pensando, Soy Juan Gómez y vengo de un universo paralelo
- No puede ser – pensó Tim – Estoy soñando
- Pues sí puede ser y no estás soñando. Acabo de llegar desde las mismas coordenadas en mi universo, y veo que aquí sois diferentes, pero esto también debe ser España, ¿No? 
- ¿Como que somos diferentes?, ¡El que eres diferente eres tú!
- Ya veo que vosotros habéis evolucionado a partir de los primates, pero nosotros lo hemos hecho a partir de los saurios. ¿No te lo crees?, pues te invito a un viaje en mi disco y veras en donde vivo.
Lo tomó de la mano y Tim no se resistió. Lo llevó a su nave, que era como esos platillos volantes que salen en las películas y los cómics, treparon por una rampa y se encontraron en una sala brillantemente iluminada. Por allí no se veía a nadie más y Tim pensó que debía ser una nave privada de uso individual, aunque había dos butacas extrañas con un agujero en la parte de atrás del asiento. Juan le hizo sentar en una de ellas y le abrochó un cinturón. Él también se sentó en la otra butaca, acomodando su cola, y Tim comprendió la utilidad del agujero. Un panel con botones luminosos en varios colores extraños se extendió desde la pared y manipuló unos cuantos de ellos. Hubo como una sensación de vértigo y como un apagón que duró escasos segundos.
El panel de los botones se replegó y desapareció en la pared frontal, Juan se levantó, le soltó el cinturón y le invitó a seguirle. Cuando estuvieron fuera, al aire libre, Tim inspiró y todo le olía como en su granja. 
Allí era de día, bien de mañana, mientras que acababan de partir en la nave cuando era recién anochecido.
Enfrente había una casa parecida a la suya, tirando de un arado vio algo así como una especie de gorilas, aunque también vio un carro tirado por caballos.
Tim no tuvo que decir nada, sólo lo pensó, pero Juan supo lo que pensaba y le dijo:
- No te preocupes por tus antepasados, los tratamos bien y no les falta el alimento, el descanso y la diversión.
Quien conducía el carro era una especie de lagarto verde, igual que el que manejaba el arado y que Juan, aunque presentaban algunas diferencias en cuanto al tamaño y las extremidades; los dos se le quedaron mirando sorprendidos. Tim pudo oír lo que dijeron:
- ¡Vaya! ¿Qué bicho es ese que te traes?, ¡Ah! Perdona que te llamemos bicho, no te ofendas, pero es que no sabemos ni tu nombre ni lo que eres.
 Juan les aclaró todo y se lo llevó a casa. Todo parecía igual que en la suya, salvo pequeños detalles; como las sillas, que eran parecidas a las de la nave y también los sillones y camas. La televisión la veía borrosa y de unos colores que le dañaban la vista, hasta que Juan le puso unas gafas especiales y pudo ver un programa en que unos lagartos debatían sobre si los circos deberían llevar monos o no, y si se permitían las corridas de rinocerontes.
Se acercaba la hora de comer y, puesta la mesa, Juan sacó de la cocina unos cuencos con una sopa de verduras que estaba muy buena. Lo que Tim no quiso ni probar, aunque le dijo que eran muy frescas y crujientes  fueron unos rollitos de pasta rellenos de verduras y empanados con caviar de hormiga enana.
Después de comer fueron a los corrales y ensillaron un Pterix que estaba comiendo en un pesebre, Juan dijo:
- No te debes preocupar, es un transporte muy seguro y el único que se usa para los desplazamientos a la ciudad. Y tengo que aclararte algo que veo que pica tu curiosidad. Las naves de disco sólo se usan en viajes espaciales o en desplazamientos a los planos paralelos a través de las puertas dimensionales.
Se subieron a la silla y el Pterix emprendió el vuelo agitando sus enormes alas membranosas y, tras sobrevolar campos de cultivo y algún bosquecillo, llegaron a una gran ciudad de altas torres rematadas con algo parecido a cebollas multicolores. Sobre la ciudad aleteaban muchos Pterix que iban ocupados con sus pasajeros y demostraban una gran habilidad para no chocar en vuelo.
Dijo Juan
- No podemos bajar porque, aunque no está tajantemente prohibido, no se ve bien traer nada de las otras dimensiones, salvo muestras para analizar, pero quería enseñarte mi ciudad y, como ésta, hay muchas más y mucho mayores. Ahora será mejor que regresemos a casa, porque muy pronto va a anochecer.
- Entonces me tendrás que llevar a casa, porque me estarán echando de menos - dijo Tim
- No es posible, la puerta dimensional sólo se abre por una interferencia espacio-temporal, que únicamente se produce cuando en tu casa es de noche y aquí de día, así que te tendrás que quedar a dormir y en cuanto amanezca te llamo y nos vamos. 
Llegaron a casa y Tim no quiso cenar una hamburguesa de carne a la plancha, porque no sabía de qué podía ser y sólo tomó un poco de pan con tomate, que eso si era identificable. Pensó en lo bien que le iría para dormir una buena taza de leche calentita, pero se quedaría con las ganas
Al poco entró Juan con una jarra de leche recién ordeñada.
- Disculpa que no haya pensado en eso; nosotros, como no somos mamíferos, no la gastamos. Pero como tenemos vacas amamantando a sus terneros te he podido traer esta jarra, aunque me ha costado mucho sacarla y es que yo no sé cómo hacerlo.
Tim le dio las gracias, se tomó un buen vaso y se fue a dormir. La cama era cómoda, pero se le colaba un pie por el agujero que tenía en el centro, aun así se quedó como un leño.
A la mañana siguiente se despertó sobresaltado, los gallos cantaban en el corral y se dijo que ya era hora de que Juan le llevara de vuelta, pero no aparecía por allí aunque esperó un buen rato. En su casa ya debía estar anocheciendo, pensó, y sería mejor no perder tiempo.
No reparó en que la cama no tenía ningún agujero, al igual que la silla que tenía a su lado. Se vistió a toda prisa y salió al exterior. Allí vio a su padre dando de comer a las gallinas, y se quedó muy sorprendido.
- ¿Cuándo he regresado? - pensó
- ¿Ha sido todo un sueño?
- ¿Sólo ha pasado esta noche?
Se quedó con la duda, pero siempre recordará aquel fantástico viaje, especialmente cuando se para en el porche con su catalejo mirando las evoluciones de los objetos luminosos que cada noche aparecen por allí.
Una cosa que cambió en su comportamiento es que, cuando ve una lagartija, ya no intenta cazarla como hacía siempre, para ver cómo se desprende de su cola, cómo ésta se mueve convulsivamente y cómo le vuelve a crecer como si tal cosa.

La oveja Negra




De "Dos docenas de cuentos frescos" uno de calibre M.


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La oveja Negra




Blanca y Negra eran dos corderitas hermanas, Negra se llamaba así, no porque fuera de ese color, sino para poder diferenciarla de su hermana y de la mayoría de las corderitas del rebaño, que también se llamaban Blanca.
Aquella Blanca resultó ser una enredadora y bromista tremenda; siempre estaba haciendo alguna trastada, pero se las ingeniaba para que todas las culpas recayeran sobre Negra. Todos los intentos de ésta por aclarar las cosas y defender su inocencia eran ignorados, y llegó un momento en que el rebaño ya daba por hecho que, pasara lo que pasara, Negra era la culpable.
Blanca, después de lamerla, tiraba por tierra la sal que el pastor ponía sobre una piedra y las demás ovejas debían lamerla mezclada con tierra, ponía arrancamoños a otras ovejas mientras dormían por lo que se les hacían unos grandes enredos en su lana, Al carnero no le dejaba dormir en paz y, como únicamente se diferenciaba de su hermana por el nombre, y no por el color u otro signo, siempre era Negra la que recibía las reprimendas y los castigos.
Así pasaron los años y, aunque Blanca se había hecho ya adulta, seguía con sus trastadas y Negra recibiendo las culpas. Así que un día decidió abandonar el redil y dejó atrás a Blanca y al resto del rebaño que tan mal se habían portado con ella.
Blanca, que no era nada tonta pese a ser oveja, comprendió que la marcha de Negra la dejaba sin nadie al que culpar de sus propios actos y que, si seguía comportándose como solía hacer, acabarían descubriendo que todo el tiempo había sido ella y no Negra la culpable de todas las maldades.
A partir de aquel momento comenzó a comportarse bien y dejó de hacer travesuras, lo que reforzó en el rebaño el convencimiento de que era Negra la culpable de todo porque, desde su ausencia, la vida en el rebaño transcurría plácida y sin sobresaltos.
Si alguna vez os dicen de alguien que es “la oveja negra”, desconfiad y no lo deis por cierto hasta haberlo comprobado por vosotros mismos.









Las doce uvas de la suerte

De "Dos docenas de cuentos frescos" uno de tamaño S







Las doce uvas de la suerte
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Había una vez un racimo que maduraba al sol de Agosto mientras que unas de sus uvas decían:
Nos cubren con una bolsa para protegernos del frío y de los insectos
Nos abonan y nos riegan
Y nos cuidan con cariño
Es que somos las mejores
Y más jugosas
Y de piel más fina
Y más redonditas
Y más llenas
Y de color más delicado
Y sin manchas
Ni picaduras
Sin pepitas
¡Y somos las uvas de la suerte! –dijeron las doce al mismo tiempo
Cuando estaba ya maduro, cortaron el racimo y, con todo cuidado, separaron las uvas, las lavaron, las secaron y las pusieron a las doce juntas en una bolsita de celofana.
Todas estaban muy contentas porque las habían puesto juntas y en un envoltorio tan bonito, decorado con copas de cava, botellas y copos de nieve.
Llegó el día 31 de Diciembre, las llevaron a la mesa del comedor, y entonces dijeron:
Nos traen de fiesta
¡Cuánta luz!
Mira qué manteles más bonitos
¿Y qué me dices de la vajilla?
¿Y la cristalería?
Y hay serpentinas
Y confeti
Y matasuegras
Y cava
Todos están muy contentos
¡Qué detalle hacer esta fiesta por nosotras!
Es que somos importantes
¡Porque somos las doce uvas de la suerte!- dijeron todas al mismo tiempo.
En ese momento comenzaron a sonar campanas y...
nanggg, una
nanggg, dos
nanggg, tres
nanggg, cuatro
nanggg, cinco
nanggg, seis
nanggg, siete
nanggg, ocho
nanggg, nueve
nanggg, diez
nanggg, once
nanggg, doce

Y en ese preciso instante se formó una gran fiesta con felicitaciones por aquí y felicitaciones por allá, fiesta que las doce uvas se perdieron y que, en la tripa de alguna persona, debían estar pensando:
¡Pues vaya suerte!




miércoles, 4 de marzo de 2015

El pintor que quiso triunfar


Y para acabar por hoy otro cuento de talla XL, 


El pintor que quiso triunfar

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Éste era un pintor que solía hacer copias de postales, láminas y obras de otros pintores, pero un día se propuso triunfar, demostrar su valía con una obra propia que causara admiración.
Para ello, pensó en primer lugar, en el tipo de material que debía emplear como soporte: el lienzo, la tabla y el papel eran muy corrientes y su obra debía ser tan diferente que concitara también la admiración por la base empleada. Así que, tras mucha meditación, se decidió por una placa de arcilla cocida.
El tamaño también era importante; todos los cuadros famosos, salvo la Mona Lisa y algún otro, eran de buen tamaño, así que se decidió, tras pensárselo mucho, por un cuadrado de cincuenta centímetros de lado. Decidido esto, se hizo hornear una placa en arcilla roja que encoló sobre una tabla negra y la colocó en el caballete.
Ahora se trataba de decidir la técnica a emplear. El tipo de soporte elegido condicionaba esta nueva decisión. Está claro que la acuarela y el gouache se descartaban automáticamente, que el óleo no parecía el más indicado y la aerografía le parecía demasiado artificial. Tras mucho reflexionar, se decidió por el temple al huevo como más apropiado para el soporte y por su durabilidad.
Luego debía decidir el estilo y el tema, lo que le llevó mucho más tiempo. El estilo condicionaba al tema, del mismo modo que la técnica se subordina al soporte.
La cabeza le daba vueltas: finalmente, entre todas las tendencias, decidió inclinarse por las siguientes disyuntivas: hiperrealismo versus impresionismo, ya que ambas opciones permitían utilizar un mismo tema, sólo que con otro filtro mental a la hora de traducirlo. Al cabo de los días de cavilar y cavilar se decidió por el impresionismo puntillista.
 Ahora tocaba elegir entre naturalezas muertas, paisajes, retratos,... . Mucho le costó pero al fin se decidió por un paisaje agrario, recuerdo de su infancia en el campo. Así que, tomando los pinceles más pequeños que tenía, y armándose de paciencia, comenzó a pintar una casa en una verde pradera cuajada de margaritas y siguió y siguió pintando durante días hasta llegar al cielo contrastando con una nubecilla y las últimas volutas de humo de la chimenea.
Admiró su obra y se dijo:
-          Esto sí es arte
Así que, junto con otros muchos de sus cuadros, sencillas copias como ya hemos dicho, montó una exposición en la que su nueva obra, enmarcada en pino natural y destacando sobre el fondo negro, ocupaba un lugar preeminente.
En la inauguración, el vernissage consistió en abundante cava de la tierra y montaditos variados.  Acudió mucho público, posiblemente atraído por la comida y la bebida gratis, se descorcharon muchas botellas, tantas que se hizo corto. Finalmente el público desfiló sin hacer ninguna mención especial a la obra objeto del acto. Queremos creer que se debía a la cantidad de cava ingerido el hecho de que no repararan en ella.
El pintor se sintió deprimido, no porque económicamente hubiera ido mal el acto, porque había podido vender muy bien unos cuantos cuadros, sino porque no se había valorado aquello que tanto le había costado crear.
Regresó a su estudio e, instintivamente, comenzó a pensar en una nueva obra que sería un retrato hiperrealista a gran tamaño en acuarela sobre papel artesano, lo que le proporcionó un nuevo impulso para seguir adelante.

Cualquier decisión que tomemos, por muy meditada que esté, siempre va a condicionar las decisiones ulteriores y, por mucho que se cavile y se tomen medidas, no siempre se alcanza el éxito. Lo importante es no desfallecer y reintentarlo las veces que haga falta.