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jueves, 21 de mayo de 2015

El capote y el cementerio


Y seguimos con cuentos de miedo. Este viene a ser una variante del de LA ROSA DEL CEMENTERIO


EL CAPOTE Y EL CEMENTERIO

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final
Y disculpad porque se me ha escapado una tos


Después de un baile en el Cortijo del Cura, de aquellos que se hacían con motivo de alguna fiesta, regresaba al pueblo un grupo por la carretera y comenzaron a alardear de quién era el más valiente.
El uno que si yo, el otro que yo más; total que, como pasaban en aquel momento cerca del cementerio, dijo uno:
- Pues tú que dices que eres el más valiente, a ver si tienes lo que hay que tener, te acercas a la puerta del cementerio y le das dos golpes con una piedra para que oigamos si eres valiente o no.
El otro salió para arriba camino de la puerta y al llegar y agacharse a coger una piedra notó algo que le tiraba del capote, intentó soltarlo, notó que resistía y pensó que le había agarrado un muerto.
Del susto salió corriendo dejándose el capote y gritando. Los otros al verlo tan asustado también se asustaron y más cuando les contó que le había quitado el capote un muerto, por lo que todos salieron como alma que lleva el diablo, cada uno a su casa y atrancaron la puerta.
Al día siguiente, bien entrado el día, se atrevieron a acercarse a la puerta del cementerio y al ver que el capote estaba enganchado en el picaporte, aquello fue la risión, pero de todos modos ya nadie se atrevió a hacerse el valiente cuando pasaba cerca del cementerio.

martes, 19 de mayo de 2015

La rosa del cementerio

Otro cuento antiguo que un día me contó mi primo Juan Moreno, QEPD



LA ROSA
DEL CEMENTERIO


Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Había en un pueblo la costumbre de apostar cosas; ya sea invitaciones, una cuerva o incluso unas perricas. 
Un buen día, estando reunidos unos amigos, dijo uno: 
- En el cementerio hay un rosal que ahora está en flor, a ver quien es el valiente que entra por la noche y trae una rosa.
El sastre del pueblo, que era un tanto fanfarrón dijo:
- Yo lo haría pero a ver qué os apostáis.
Se pusieron a discutir y al final ajustaron la apuesta en una arroba de vino.
El sastre preparó las tijeras para cortar la flor y se coló en el cementerio saltando la tapia y una vez andados unos pasos notó que le sujetaban por la ropa.
Fue tal el susto que se quedó quieto y dijo:
- Si yo no vengo a haceros daño, podéis seguir descansando en paz
Pero la cosa no soltaba su presa.
Los compañeros al oírle decir aquello y pensando que lo había cogido un muerto, salieron a escape para sus casas muertos de miedo.
Así estuvo toda la noche y cuanto más estiraba más fuerte era el agarrón y volvía a decir:
- Si yo no vengo a haceros daño, podéis seguir descansando en paz, pero soltadme por favor y me marcharé en seguida
Cuando ya empezaba a clarear se atrevió a mirar de reojo y comprendió que se había engarranchado en una zarza y, sacando las tijeras, le dio a los tallos que le aprisionaban, ¡zas, zas!, tales tajos que quedó libre. Entonces, encarándose a la zarza le dijo:
- ¿Has visto?, pues si hubieras sido un hombre te habría hecho lo mismo.