
Fedro era un fabulista latino, se dice que vivió entre los años 10 y 70 de nuestra era y de joven se trasladó a Roma, dónde se dedicó a la poesía. Él introdujo la fábula a la literatura latina y consiguió darle a ésta un carácter que anteriormente no tenía. La mayor parte de sus temas los tomó de Esopo, y los enriqueció y transformó completamente.
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LA ZORRA Y LA CARETA
La zorra vio por casualidad una careta.
- ¡Oh, cuán bella es - dijo - pero no tiene seso!
Dícese esto de aquellos a quienes la Fortuna dio gloria y honores, pero negándoles el común sentido
Recogido después por Samaniego, del que ya pondremos sus fábulas más adelante, en estos versos:
"Dijo la zorra al busto después de olerlo:
- Tu cabeza es hermosa, pero sin seso.
Como éste hay muchos,
que aunque parecen hombres, sólo son bustos."
EL ASNO Y EL VIEJO
Con harta frecuencia, cuando hay cambio de Gobierno, sólo muda para los pobres el nombre del amo. Esta breve fábula enseña la verdad que digo
Un tímido anciano apacentaba un asno en un prado. Aterrado por el súbito clamor del enemigo, aconsejó al asno que huyera para que no pudieran cogerlo.
- Dime - respondió éste con indiferencia - : ¿crees que el vencedor ha de ponerme dos albardas?
Negó el viejo.
- Luego, ¿qué me importa a mi a quién sirva teniendo que llevar la misma carga?
Pues eso no sólo es de actualidad, es intemporal.
LA MUJER DE PARTO
Una mujer llegada a término, y en el instante del parto, lanzaba trémulos gemidos, tendida por tierra. Mostróle su marido el lecho, lugar donde mejor podía ser depositada su carga natural.
- Menos es mi confianza en ese sitio para terminar mi mal, habiendo tenido ahí principio - dijo ella
LA RANA QUE QUISO SER COMO EL BUEY
Un día una rana vio en el prado a un buey: picada de envidia por su corpulencia, infló su arrugada piel. Entonces preguntó a sus hijos si era tan grande como el buey. Estos lo negaron.
Infló de nuevo su piel con mayor esfuerzo, y les preguntó de igual modo quién era el más grande de los dos. Ellos dijeron que el buey.
Cuando, indignada, quiso nuevamente hincharse con más fuerza aún, reventó y quedó muerta.
SÓCRATES SOBRE LOS AMIGOS
A la vista de una casita que se estaba construyendo Sócrates, un hombre del pueblo que por allí pasaba, como sucede a menudo, dijo:
- Dime, Sócrates: ¿cómo tú, tan gran varón como eres, construyes una casa tan pequeña?
- ¡Ojalá pudiera - repuso él - llenarla de verdaderos amigos!
EL ASNO Y LOS SACERDOTES DE CIBELES
Los sacerdotes de Cibeles solían llevar de un lado a otro, para el tráfico de su comercio, a un asno cargado de bultos. Muerto el asno de fatiga y de golpes, le arrancaron la piel y se hicieron tambores. Preguntados a poco por uno qué habían hecho de su cariño, respondieron de este modo:
-¡Pensaba que estaría tranquilo después de su muerte, y mira como caen otros palos sobre él estando muerto!
EL MONTE, DE PARTO
El monte, al cabo, parió un ratón.
Esto se escribe para ti, que anuncias una obra formidable y no produces nada.
"Pariuntur montes, nascitur ridiculus mus"
Recogido después por Samaniego, del que ya pondremos sus fábulas más adelante, en estos versos:
Con varios ademanes horrorosos
Los montes de parir dieron señales;
Consintieron los hombres temerosos
Después que con bramidos espantosos
Ver nacer los abortos más fatales
Infundieron pavor a los mortales,
Un ratoncillo fue lo que parieron.
Estos montes, que al mundo estremecieron,
Hay autores que en voces misteriosas
Estilo fanfarrón y campanudo
Después de tanto ruido sólo viento.
Nos anuncian ideas portentosas;
Pero suele a menudo
Ser el gran parto de su pensamiento.
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