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miércoles, 3 de junio de 2020

Muu y… Los residuos

Seguro que, si sois amigos de este blog, conoceréis 
los personajes de este cuentecillo, que hoy vuelven, 
con Muuriel como protagonista en lugar de Cloe. 
Aquellos que no los conozcan pueden 
comenzar a hacerlo: AQUÍ






MUU Y… LOS RESIDUOS

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Cierto día ventoso de finales de Mayo, Muuriel se hallaba, como de costumbre, rumiando y con la vista perdida en el horizonte, como meditando sobre algo de gran trascendencia; cuando, de súbito, una racha de viento le llevó algo al hocico y le impedía la respiración. Esto acabó con su habitual sosiego y agitó violentamente la cabeza, cayendo al suelo aquel extraño objeto. Se trataba de algo como de tela blanca con tonos azulados pero no sabía de qué se trataba. Más relajada ya, pensó que Woffe, que era más mundano y conocía todo lo referente a los humanos, podría saber qué era aquello, y lanzó un breve mugido que fue suficiente para sacarlo de su siesta habitual bajo el olmo.
- ¿Qué pasa Muu? ¿Me has llamado?
- Sí. Quisiera saber que es ésto – respondió señalando con la pezuña derecha al objeto aquel.
- Lo conozco. Eso es algo que últimamente llevan los humanos en la cara por la calle.
- Pues no sé como respiran, porque a mí casi me deja sin aliento, pero aún menos entiendo qué hace aquí.
- Lo habrá traído el viento.
- ¿Tan fuerte habrá sido para arrancárselo de la cara?
- No. Es que lo van tirando por cualquier sitio, igual que otra cosa de plástico que ahora también se ponen en las manos. He visto mucho de eso por las calles cuando voy con el amo. Él también lo lleva pero, cuando llega a casa lo tira al cubo de la basura.
- Como si no hubiera bastante con las bolsas de plástico, los papeles, las latas, las colillas,… y los chicles que ya tuvimos que hacer algo con Cloe para limpiar la granja.
- Pues el pueblo sigue igual de sucio, o más, y los chicles habrán desaparecido de aquí, pero de allí no.
- Algo habrá que hacer. De momento llevar esto al cubo de la basura, pero esto es una locura. ¿Qué piensan estos humanos? ¿Vivir entre desechos? Ya dicen que el ser humano tiene mucha similitud genética con el cerdo y creo que es bien cierto.
- Claro que habrá que hacer algo, pero veo difícil que podamos hacerlo en el pueblo y menos en la ciudad.
- Pues comencemos por lo que está a nuestro alcance, la granja. Y si cada cual se ocupara de cuidar su pequeño entorno, su entorno inmediato, esto no sería un gran problema. Aunque creo que los humanos no estén por la labor. ¡Anda! Ve a buscar a Cloe y le dices que venga, De paso llévate esta cosa que me está sacando fuera de mi flema habitual.
Woffe partió en busca de Cloe llevándose entre los dientes aquella mascarilla desechable, porque eso es lo que era.
- Hola Muu ¿Que querías? - dijo Cloe al llegar.
Muu ya estaba otra vez rumiando y en sus cavilaciones, pero le respondió:
- Hola amiga. Te he hecho llamar porque estos humanos no hacen más que tirar desperdicios por ahí y eso no se puede consentir, al menos en nuestra granja. Hagamos que sea un sitio limpio y libre de residuos.
- Dímelo a mí. Especialmente en los días de viento, como hoy, llega todo tipo de cosas. En general bolsas de plástico y papeles, aunque últimamente llegan otras cosas raras que nunca había visto.
- Pues reúne a tus amigas y a ver si, entre todas, hacéis una limpieza a fondo de la granja.
Y así se hizo. Todo el gallinero colaboró con la lideresa, con la que un día les había convencido de que mejor era llevarse bien y trabajar unidas por el bien de todos en lugar de andarse picoteando mutuamente(1). En otra ocasión les convenció de que había que erradicar los chicles de la granja(2), y ahora les convenció de que había que limpiar su entorno para vivir en un lugar saludable y no en una pocilga. Y es que Cloe, desde hacía mucho tiempo en que intentó volar (3), tenía aversión y no sólo pánico a los cerdos.
Y así quedó la granja limpia. Limpia de plásticos, papeles, envoltorios, latas,… y también de mascarillas y guantes. Aquello fue algo épico, un pequeño paso para una gallina pero un gran paso para la gallinidad y un ejemplo que difícilmente seguirían aquellos seres humanos emparentados con los cerdos.


miércoles, 9 de octubre de 2019

Muu y... el chicle



Seguro que, si sois amigos de este blog, conoceréis a los personajes de este cuentecillo; que hoy vuelven, con Muuriel como protagonista en lugar de Cloe. Aquellos que no los conozcan pueden comenzar a hacerlo: AQUÍ





MUU Y… EL CHICLE

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Se hallaba la vaca Muuriel, como de costumbre, rumiando con la mirada lánguidamente perdida en la distancia, como esperando el paso del tren de las cinco. Woffe, que acababa de regresar con su amo desde el pueblo, se acercó a ella y le dijo.
- ¿Sabes, Muu, que te pareces a los humanos?
- ¿En qué?
- En que ellos también se pasan las horas masticando
- En todo caso será que ellos se parecen a mí, porque yo lo hago por mi naturaleza, soy rumiante y eso es necesario por mi sistema digestivo, pero ellos no lo son. ¿Por qué lo hacen?
- No lo sé, pero mascan una cosa pegajosa que llaman chicle.
- ¿Y se lo tragan?
- No. Luego lo tiran, y en el pueblo he visto pegotes por los suelos. Yo, como camino a ras de suelo, los veo muy bien y los hay de varios colores.
Un gorrión, que los estaba escuchando desde una rama, intervino.
- El otro día se me quedaron pegadas las patas en una de esas cosas y me costó soltarme. Y un primo mío murió porque se tragó uno y le taponó el galillo.
- Esos seres humanos – replicó Muu – tienen unos comportamientos poco racionales. Si sus desechos sirvieran al menos de abono como los nuestros… pero eso parece que lo único que hace es ensuciar y poner en peligro a los pequeños animales.
Cloe, que andaba a la caza de saltamontes, acababa de llegar junto a ellos y preguntó, curiosa como siempre.
- ¿De qué habláis?
- De los chicles que tiran los humanos – dijo Woffe.
- ¡Qué cosa más horrible! Una vez intenté picotear uno, pensando que era algo comestible, y se me pegó al pico. Me costó mucho despegármelo. La verdad es que, donde estén los insectos, las lombrices, el grano… Habría que hacer algo porque hay por todo. Alguna otra gallina ha tenido problemas de molleja por tragar uno.
- Dices bien, algo habría que hacer – dijo Muu – pero ¿Qué?
- Pues si no lo sabes tú, que eres la más inteligente de la granja – dijo Cloe – no sé quién lo va a saber.
Wof se rascó la oreja derecha con la pata trasera y dijo.
- ¿Por qué no les devolvemos esa porquería para que sepan que no pueden andar tirándolos por ahí?
Muu repuso.
- No se me ocurre cómo. Aunque sí… Cloe ¿Podrías conseguir que el gallinero colabore para hacer limpieza?
- Sí. Podríamos escarbar esos pegotes y hacer un buen montón.
Cloe, que tenía ascendiente sobre todas las gallinas desde aquella ocasión en que lideró el gallinero a raíz de las trifulcas raciales (1), consiguió convencerlas para ir reuniendo todos los pegotes que encontraran. Los fueron amontonando en un rincón del corral de Muu y ésta veía cómo crecía y crecía aquel montón. Pero no se le ocurría qué hacer luego con todo aquello.
Y allí se estaba parada rumiando y también rumiando, es decir, en los dos sentidos de la palabra, cuando llegó la hora del ordeño y acabó por idear algo.
Llamó a Cloe y le dio instrucciones.
Los problemas en la granja comenzaron cuando al vaciar el cubo de la leche, el amo encontró un chicle en el fondo. Y, cuando el hecho se repitió, el amo entró en cólera y prohibió terminantemente el uso del chicle a todos los trabajadores.
Es por eso que, gracias a la complicidad de las gallinas y su habilidad para no ser vistas al acercarse al cubo de la leche, la granja quedó limpia de aquellos asquerosos pegotes y ningún gorrión volvió a correr peligro.

(1) Ver Cloe quiere... liderar



Y el próximo jueves:
LA CAJA DE LAS RESPUESTAS
(un cuento largo en cuatro partes)

miércoles, 18 de mayo de 2016

XIV.- Cloe quiere... saber


Y aquí terminan las andanzas de esta gallina alocada. Esta vez Cloe se da un baño, aunque no en el estanque. 
Se trata de un baño de realidad y de 
autoestima. 

La verdad es que a mí me gustaba más cuando se metía en líos 
y lo hubiera dejado en el capítulo anterior, pero era el trece
 y pensé que mejor ese número no, que ya había tenido bastante mala suerte la pobre.

Otro día... Algo nuevo que ando maquinando      






CLOE QUIERE SABER

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Un día, a Cloe se le encendió una chispa en el cerebro; se trataba, no de otra idea descabellada, como habitualmente, sino de una pregunta. No una pregunta como las que tenía a todos acostumbrados:
¿por qué no puedo nadar?
¿por qué no puedo volar?
¿por qué no puedo hablar?…
La pregunta era la siguiente:
- ¿Cómo es que Muu y Wof saben muchas cosas más que yo? ¿acaso, por ser gallina, tengo que ser tonta?
Y se encaminó a hablar con quien todos pensaban que era la más inteligente de la granja, que siempre estaba rumiando: la vaca Muuriel, y le preguntó:
    - Muu ¿Por qué yo sé tan poco y vosotros tanto? ¿Puedo aprender? Ya sé que no he sido capaz de aprender a nadar, volar, hablar y tantas cosas más; pero ¿Es que soy tonta por el hecho de ser gallina?
    - No eres tonta, – respondió Muu – la prueba es que te haces preguntas como ésta, sólo que no eres consciente de lo que sabes. Además, cada cual sabe cosas diferentes; tú sabes, aunque no lo puedas creer, cosas que yo no sé, y yo sé cosas que tú no sabes
    - ¿Y por qué no me enseñas?
    - En eso no te puedo ayudar ni dar clases, a lo sumo algún consejo o alguna exhortación. Cada cual debe descubrirlo por su cuenta y es la vida la que enseña. Tan solo tienes que desvelar esas enseñanzas ocultas, hacerlas aflorar y aprovecharlas.
    - Pero yo no sé nada…
    - Eso te crees tú, lo que pasa es que nunca has reparado en ello. Pasa revista a tu vida, haz memoria, aunque te cueste un esfuerzo, y ya verás las cosas que has aprendido a lo largo de tus pocos años de gallina.
    - Pero si lo único que he aprendido es que hay cosas que no soy capaz de hacer: nadar, volar, hablar, viajar…
    - Sí, pero de los fracasos también se sacan enseñanzas, y no debes pensar sólo en los fracasos y en lo negativo, piensa en las cosas positivas. Piensa en que tienes amigos, en cómo eres capaz de hacer cosas que otros no pueden: como cazar saltamontes al vuelo o localizar un grano de trigo en un pajar, pero no desesperes. Cada cual atesora una gran riqueza de conocimientos escondidos entre los recuerdos, aunque no sea consciente de ellos. Piensa y analiza cada cosa que hagas o hayas hecho, y verás que tengo razón, que sabes mucho más de lo que crees y que nadie puede darte lecciones; en todo caso se pueden compartir conocimientos y experiencias, pero siempre se recibe en la medida que se da, y tú tienes mucho que dar.
    Cloe se marchó a su Montaña de Basura a pensar y, mientras cazaba lombrices, gusanos, escarabajos y toda clase de insectos, comenzó a recordar;
    Recordaba cuando estando dentro del huevo, sintió que ya había llegado su hora y comenzó a picotear el cascarón con todas sus fuerzas, sin que nadie le hubiera tenido que enseñar aquello, lo hizo por si misma y sin ayudas.
    Recordaba cuando comenzó a usar sus menudas patitas y echó a andar, sin que nadie le hubiera enseñado.
    También recordaba cuando comenzó a cambiar su suave plumón por suaves, pero fuertes, plumas y cómo éstas la abrigaban en el frío invierno, por lo que no tuvo necesidad, como la golondrina, de emigrar a África del Sur.
    Se dio cuenta de que era capaz de alimentarse por si misma y hacerlo muy bien y sin que nadie le enseñara qué era comestible y qué no. No tenía necesidad de mojarse para pescar en el agua, con lo fría que estaba, ni tenía que cazar los insectos al vuelo con el riesgo de ser la presa de una rapaz en lugar de ser el cazador .
    Recordó también, como alguien le había contado, que a aquel loro parlanchín lo habían encerrado en una jaula para divertir a los humanos, que le enseñaban palabras malsonantes, y recordaba que ella también había estado en una jaula. Por lo que pensó que ése era el destino de los que no seguían su naturaleza y actuaban como no debían. Así aprendió que le convenía, como a todos los demás, no hablar el lenguaje de los humanos, ni siquiera para pedir comida que ya se sabía agenciar por su cuenta.
    Recordó haber visto al gato cazar ratones y alimentarse con ellos ¡Qué asco! Y también a los humanos comerse a sus primas las perdices, conejos, liebres y otros animales que cazaban ¡Qué horror! ¡Con lo ricos que estaban los saltamontes! ¡Eso sí que era caza!
    Y no hablemos de su habilidad para hacer nidales y poner sus huevos para incubarlos. ¡A ver si sabía hacer eso una vaca o un perro!
    Tampoco necesitaba, como la paloma, una pareja que la ayudara, se bastaba y sobraba ella sola para cuidar de sus huevos y sus pollitos. ¿Para qué necesitaba un gallo, aparte de los fugaces encuentros de fertilización? ¿Tenía necesidad de aguantarlo horas, días y meses? ¡No!
    Y a Cloe se le despertó la autoestima dormida y comenzó a valorarse, cosa que nunca antes había sido capaz de hacer.
    Además estaba pensando mucho, intensamente, y varias cosas a la vez - algo que ni ella ni nadie hubiera creído posible – y es que el ejercicio mental desarrolla la memoria y el entendimiento.
    Por una vez, Cloe, sin necesidad de intentar emprender algo imposible, fue feliz, se sintió realizada y se lo agradeció a los consejos de Muuriel, pero mucho más a ella misma.


jueves, 12 de mayo de 2016

XIII.- Cloe quiere... novio

Se equivocó la gallina, se equivocaba, al pretender ser paloma se equivocaba, creyó que un novio sería, la ilusión
que ella esperaba, se equivocaba, que él le 
empollaría los huevos, la cuidaría si enfermaba.

Otro día "Cloe quiere...  saber"        







CLOE QUIERE NOVIO


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Hacía tiempo que a Cloe no se le ocurría hacer nada sorprendente o imposible para una gallina, comía como siempre y últimamente dormía en su palo plácidamente sin que le molestaran: cloqueos ajenos, caídas, aleteos o el sonido de la gallinaza al caer, así como tampoco el olor del gallinero que hasta le parecía el más caro de los perfumes. Y dormía profundamente hasta que el gallo daba los buenos días a voz en grito.
Era un gallo imponente, de fuertes espolones, roja cresta, potente pechuga y colorido plumaje. A Cloe le gustaba encontrárselo recortando su silueta a la luz del sol naciente, posado en un tocón, con el cuello estirado y la cabeza enhiesta, lanzando su matinal y puntual:
- KIKIRIKIIIIII

El gallinero se movilizaba y todas salían a comer. Algunas habían dejado su huevo del día en el nidal; otras, como Cloe, se esperaban para regresar en su hora de puesta, que era diferente para cada una y que se iba retrasando cada día un poco. Algunas encontraban un lugar recóndito bajo unas matas, o un rincón oscuro, y ponían allí. Eso le pasaba a Cloe, había encontrado como nidal una enorme mata de romero, a cuyo pie iba poniendo y ya llevaba almacenada casi media docena, con el riesgo de que alguna sierpe u otro bicho diera con ellos y se los comiera, pero ella no podía estar todo el día vigilándolos y dándoles calor.
Andaba Cloe, como siempre, de caza de insectos y grano, cuando encontró un montón de cebada que parecía haberse salido de un costal agujereado. Se puso a comer con apetito y, mientras comía, aterrizó por allí una paloma que la saludó y se puso a comer también.
Entablaron conversación y la paloma le contó que llevaba comida en el buche para su palomo, que éste se había quedado en el nido cuidando los huevos. Le contó también que, cuando cualquiera de ellos se encontraba mal, el otro le cuidaba y le buscaba comida.
Cloe, admirada, dijo:
- ¿Y cómo es eso? Nosotras las gallinas no tenemos pareja y el gallo es de todas, porque sólo hay uno en el gallinero.
- Pues las palomas siempre vamos en pareja y son para toda la vida. Se han dado casos de que, en una pareja, si uno de los dos se muere, se muere el otro de pena.
- ¡Qué bonito! - dijo Cloe – Cómo me gustaría tener una pareja para toda la vida.
- Pero es que las gallinas sois diferentes de nosotras las palomas.
- Sí, pero yo quiero una pareja y haré todo lo posible por conseguirlo.
No quiso decir nada a Muuriel, porque ya sabía que le reñiría y le echaría el sermón de siempre: “Confórmate con ser gallina y no pretendas ser otra cosa”
Desde ese día procuraba no acercarse por donde estuviera Muuriel, ni a Woffe tampoco le quiso comentar nada, no porque éste fuera a hacer reproches, pero seguro que se iría de la lengua.
Comenzó a acicalarse las plumas y a hacerse ver más por el gallo, se le acercaba contoneándose y echándole miradas tiernas, aunque la mirada de las gallinas es totalmente inexpresiva.
El gallo le hacía caso medio minuto, como a todas, y marchaba a por otra, y otra, y otra. Eso la enfurecía, pero no mucho y tampoco se podía poner celosa, porque eso es un sentimiento que difícilmente hubiera entrado en sus saturadas neuronas, ocupadas totalmente con la obsesión de conseguir al gallo para ella sola.
Siguiendo con el acoso, comenzó a cebarlo para ganarse su voluntad, porque pensaba que al gallo se le ganaba por el buche. Le llevaba todo el grano y bichos que podía conseguir. Ella apenas comía y, con el tiempo, se estaba quedando en los huesos, el brillo de su plumaje, del que tanto presumía, se estaba quedando apagado; y su pechuga, envidiada por las otras gallinas, ya no era más que un pellejo arrugado recubriendo su quilla.
El gallo comenzó a apreciar sus ofrendas y comenzó a dedicarle más tiempo que a las otras. Por otra parte, se estaba engordando tanto que había cambiado la voz y, además, algunos días se dormía y no cantaba a la hora.
Muuriel se dio cuenta de que algo no marchaba bien en el gallinero y enseguida pensó que Cloe tenía algo que ver. No se equivocaba. Acabó encontrándola y la vio tan desmejorada que le preocupó mucho; casi más que cuando se tiró desde el tejado y se le rompieron dentro los huevos pendientes de salir. Le preguntó qué pasaba y Cloe no pudo evitar decir la verdad, no era capaz de mentir porque en su cabeza no cabría ni siquiera una mentirijilla.
- Sigues con lo mismo de siempre – dijo Muuriel – pretendes imposibles y finalmente acabas defraudada, cuando no lesionada. Suerte tienes de que no te puede durar mucho, pero sigues sin asumir la realidad. Por crudas que sean hay que aceptar las cosas tal y como son. Los gallos no son monógamos como los palomos. Y tú, aunque no sé cuándo te vas a enterar, eres una gallina.
- Pero yo quería alguien que me ayudara a cuidar los huevos, a empollar, que me cuidara de vieja…
- Los huevos no hace falta que los cuide nadie, porque se los llevan cada día, tampoco hay que empollar porque ya lo hacen las incubadoras, aunque con lo que estás haciendo con el gallo me parece que sólo serían fértiles los tuyos y los de las demás no valdrían para incubar. Y te voy a ser franca, aunque duela, de vieja se dice que harás buen caldo, aunque tal como estás ahora, como mucho, saldría una taza. Sé que todo ésto es muy duro de escuchar, pero lo olvidarás enseguida.
Cloe se marchó no muy convencida, pero el gallo ya no estaba allí. Estaba tan gordo que daba gusto verlo y, como no servía ya como despertador ni con las gallinas, fue destinado a la cena de Nochebuena. En su lugar pusieron a otro gallo joven, nacido de uno de los huevos de Cloe.
De pronto se dio cuenta de lo delgada que estaba y notó una sensación acuciante, tenía mucha hambre. Así que se dedicó a buscar comida y se dio un atracón. Le sentó muy mal porque últimamente no estaba acostumbrada a comer y pasó unos días con dolor de pechuga y molleja, pero comenzó a recuperar el peso y olvidó su obsesión por la monogamia; también olvidó afortunadamente lo que Muuriel le había dicho del caldo de gallina vieja.
Muuriel vio que las cosas volvían a su cauce natural y pensó:
- A ver ahora con qué cosa nueva nos va a sorprender ésta.
 
           

jueves, 5 de mayo de 2016

XII.- Cloe quiere... casa

Hay momentos en que la falta de sueño puede poner de 
los nervios a cualquiera, hasta el extremo de hacer 
alguna barbaridad; y Cloe, como no es un caso
aparte, se mete en otra como de costumbre,

Otro día "Cloe quiere...   novio"                   




CLOE QUIERE CASA
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- ¡Estoy harta, harta y más que harta!
Así se quejaba Cloe, paseando nerviosamente frente al gallinero. Sus amigos estaban preocupados porque últimamente la veían demacrada y se iba durmiendo por cualquier lugar.
Woffe le preguntó
- ¿Qué te pasa?, ¿Tienes algún problema?
- ¿Que qué me pasa, dices? Que estoy más que harta. Llevo días sin poder dormir a gusto. Cada día me acuesto con las gallinas y me levanto con el gallo, pero no puedo dormir de corrido. Cuando no es la de al lado que cloquea en sueños y me despierta, es otra que se cae del palo y sus locos aleteos me desvelan, o el constante sonido de la gallinaza cayendo rítmicamente al suelo “plof, plof, plof”. La cuestión es que no pego ojo, me paso las noches en blanco y estoy desesperada. Además, como estoy despierta, tengo que aguantar la peste a gallinero y cada día me da más asco. Y el hacinamiento y la falta de privacidad e intimidad me agobian, porque hasta los mínimos encuentros con el gallo tienen testigos. Cada día estoy más harta de vivir en esta especie de campo de internamiento y estoy deseando marcharme.
- Pero si el gallinero es tu casa, la casa de todas las gallinas.
- ¡Ya! Pero no tiene que ser siempre así, porque sí. ¿No tienes tú una caseta para ti solo? ¿No tiene Muu su cuadra para ella sola? ¿No tienen los pajarillos nidos para ellos, su pareja y sus crías? ¡Hasta los caracoles tienen casa propia! ¿Por qué yo no?.
- Porque no es lo propio de las aves de corral, de vosotras las gallinas; y tú, como te diría Muu, eres una gallina y no debes olvidarlo.
- Pues yo pienso poner remedio, no me resigno a no dormir por las noches.
Woffe se marchó muy preocupado y se acercó a contárselo a Muuriel
Mientras tanto Cloe comenzó a hacer planes.
- ¡Sí! Conseguiré una casa para mí sola
Y comenzó a pensar en cómo sería, de qué materiales y quién podría construirla, porque las gallinas carecen de habilidades constructivas.
Como referencia tenía lo que veía a su alrededor y lo que recordaba de las casitas que se habían hecho Pag, Peg y Pig(ver nota al pie), aquellos tres cerditos que le contaron una vez cuando era polluela.
Descartó la casita de ramas, porque seguro que se colaba el viento por todas partes y seguro que entraría agua al llover.
Descartó la casa de piedra porque, aparte de que en la granja no había nadie capaz de construir algo así, allí no había peligro de que entrara ningún lobo soplador, gracias a Woffe.
Finalmente se inclinó por una casita de tablas; que era fácil de construir, ligera y abrigosica durante el frío invierno. Ahora se trataba de encontrar un constructor, porque el terreno ya lo había elegido, lo más lejos posible del gallinero.
Cavilando en éstas estaba cuando oyó el rítmico tamborileo “tap ratatatap tap” del Pájaro Carpintero, y pensó que ahí tenía a su contratista para encargarle la obra.
Le llamó y éste descendió con un rápido aleteo, desde unas ramas secas en lo alto de un álamo, y se posó junto a ella.
- ¿Por qué me has llamado? ¿No ves que tengo trabajo?
- Quiero que me construyas una casita para mí sola
- Eso se puede hacer, pero tendrá que ser una especie de loft, algo diáfano, no me gustan los tabiques. Veamos las medidas...
Aleteó agitadamente alrededor de Cloe y finalmente le dijo.
- Sí,creo que a cincuenta por cincuenta bastará, te vendrá a medida y no te quedará estrecha ni extremadamente holgada. Pero has de saber que eso es caro.
- ¿Cuánto?
- El presupuesto me sale que puede costarte unas cien unidades, entre insectos, orugas y gusanos.
- ¡Pero eso es muy caro!
- Pues si te interesa es lo que hay. Y si no tienes, pide un crédito.
- ¿Y eso incluye el mobiliario y complementos?
- De ningún modo. Para eso te tendrás que buscar otro proveedor. Tú vete a buscar efectivo y ya me dirás si hacemos trato o no. Pero te advierto que no puedo esperar mucho porque tengo más obras esperando.
Cloe marchó muy preocupada. Juntar cien unidades en poco tiempo era imposible, le llevaría al menos una semana larga y le acuciaba la prisa por marchar del gallinero.
Entre las gallinas de la granja había una que ejercía de prestamista, aunque por lo alto de sus intereses más bien podría decirse usurera. La llamaban IBG (Intereses Bien Grandes) y acumulaba efectivo para prestar a altos intereses, pero a veces resolvía problemas urgentes, como era el de Cloe en ese momento, y acudió a ella.
- Venía a pedir un préstamo de cien unidades para comprarme una casita.
- ¿Y dónde está esta casita? Porque yo necesito una garantía con que cobrarme y que responda del pago.
- Todavía no está, aún me la tienen que construir.
- Pues entonces es una casita hipotética.
- Bueno, si… ¿Pero me podrá prestar esos cien?
- Claro, pero tratándose de una "hipotética" los intereses serán mayores. ¿Aceptas?
- Acepto
- Pues marca tu pata aquí, y aquí, y aquí, donde la cruz.
Así Cloe le pudo llevar sus cien unidades, entre gusanos, orugas e insectos al Pájaro Carpintero y éste le prometió que a la mañana siguiente comenzaría la obra. Primero tenía que preparar los materiales.
Cloe se retiró a su gallinero, se acostó con las gallinas, y esa noche aún durmió menos, pero no por los cloqueos, caídas, aleteos y defecaciones, sino por los nervios.
Nada más cantar el gallo, saltó del palo y corrió al lugar destinado a su casita y en donde debería comenzar la obra su contratista.
Y esperó, esperó, esperó. Esperó todo el día y no apareció. ¡El pájaro había volado! ¡Y con sus cien unidades!.
Cloe se sentía estafada, y de hecho el pájaro la había timado. Se había quedado sin casa y encima tenía que pagar a IBG el valor de la "hipotética" con sus intereses.
Las semanas que siguieron fueron muy largas y de locura; yendo de aquí para allá a la caza y captura de: gusanos, orugas e insectos, de sol a sol hasta que finalmente pudo amortizar el préstamo por su hipotética casita.
Pero no hay mal que por bien no venga. Cada día se retiraba tan agotada que, ni cloqueos, caídas, aleteos o el sonido de la gallinaza al caer, conseguía despertarla y dormía de tirón, como una bendita. Así acabó olvidando su obsesión por una casita y su aversión por el gallinero.
NOTA (ver): Pag, Peg, Pig