
Un cuento original con el que disfruté mucho escribiéndolo y cada vez que lo leo. Ciertamente es un poco surrealista pero está lleno de humor y fantasía. A ver qué os parece.
LOS DIABLOS Y
EL ESTUCHE
Puede escucharse mientras se sigue
el texto enel vídeo que figura al pie
el texto enel vídeo que figura al pie
En un lugar llamado Pinto Pisto Gorgoristo del reino de Festonia vivía Stulcio Lardiano que era el Protosterio y Escalocio de su comunidad, tenía los títulos de Gran Mergomante en Amplitudes y Supervisor de puntos y comas; pero tenía una enorme avidez por los cargos y otras mandancias, por lo que se encaminó a
Consiguió audiencia y le expuso sus pretensiones.
Éste, tras consultar el currículum, el calendario del apicultor, así como la
coyuntura presente y futura, le dijo.
- Te concedo el cargo de Clavifer Ante
Portas
Y así Stulcio regresó a su casa más contento que
unas pascuas con esta nueva encomienda.
Al llegar a su ciudad dijo así:
¡Cuidado conmigo! porque
yo soy el que tiene la llave,
el que abre, el que cierra,
el que entra y el que sale.
Y así, tan satisfecho, se retiró a descansar de su
largo viaje; descanso que no le duró mucho porque, al poco, le llegaron unas
risas y unos cantos a su ventana
Tralaralarilo
Tralaralarila
Quien así cantaba era una no mal parecida joven,
alegre y cantarina, que tenía su alcoba,
salita y cocina, también un estuche bonito y cuadrado que era perfecto
por todos sus lados.
A Stulcio no le hacía gracia la alegría y los
cantos de aquella joven y ya estaba más que harto, por lo que últimamente, cada
vez que la escuchaba, se lo llevaban los diablos.
- Ah, ¡si yo pudiera hacerla callar, daría
lo que fuera!
Entonces uno de los diablos dejó de intentar
llevárselo y le dijo:
- Yo soy un Diablo de Tercera
y
puedo hacer lo que quiera
- Si la haces callar me puedes pedir lo que
sea
- Pues me pido tu alma, no es que valga
mucho y como la tuya tengo montones; pero si no, ¿qué otra cosa podría pedir un
Diablo?
Allí mismo se extendió el contrato y Stulcio lo
firmó con su sangre que, afortunadamente, en aquel momento le manaba copiosamente
de las narices.
El diablo se armó de cuernos, avernos y caviernos;
adoptando la apariencia más horripilante y, oliendo a nitratos, sulfatos.
cloratos y otros muchos atos, se acercó a casa de la joven.
- Soy el Diablo de Tercera
y te traigo un miedo
terrible cual fiera –
dijo
A lo que la joven, sin asustarse ni un pelo, le
respondió:
- Y yo soy
una joven no mal parecida,
alegre
y cantarina
que
tengo mi alcoba, salita y cocina,
también
un estuche bonito y cuadrado
que es
también perfecto por todos sus lados.
Y dicho esto abrió el estuche y miedo y diablo
fueron a parar al fondo quedando cautivos al cerrar la joven la tapa.
Stulcio que esperaba buenas nuevas del Diablo, se
quedó esperando su llegada pero no venía; es mas, al cabo de un rato oyó a la
joven cantando alegremente:
Tralaralarilo
Tralaralarila
Esto le hizo montar en cólera, montar a caballo y
montar unas claras a punto de nieve, tan a punto de nieve las montó que acabó
tiritando de frío y deseando acabar al calorcillo del Infierno, pero el Diablo
de Tercera había fallado en su misión.
Estaba nuevamente tan enfadado que se lo llevaban
los diablos y decía:
- Este
bueno para nada de Diablo no ha sido capaz de hacerla callar ¡con lo que yo
daría por conseguirlo!
Entonces otro de los diablos dejó de intentar
llevárselo y le dijo:
- Yo soy un Diablo de Segunda
y hasta puedo hacer que el cielo se hunda
-
Pues
si la haces callar me puedes pedir lo que quieras
-
Pues
me pido tu alma, no es que valga mucho y como la tuya tengo montones; pero si
no, ¿qué otra cosa podría pedir un Diablo?
Allí mismo se extendió el contrato y Stulcio lo
firmó con su sangre que, afortunadamente, en aquel momento le salía de un dedo
porque acababa de pincharse con una rosa negra.
El Diablo de Segunda cargó un saco enorme de rabia,
de furia, de intolerancia y odio, y arrojando espumarajos verdiazules y sapos
negros por boca, ojos y narices, se acercó a casa de la joven y gritó con voz
tonante:
- Yo soy el Diablo de Segunda
y te
traigo ira negra y furibunda
A lo que la joven, sin acritud y muy amablemente,
le respondió:
- Y yo soy una joven no mal parecida,
alegre
y cantarina
que
tengo mi alcoba, salita y cocina,
también
un estuche bonito y cuadrado
que es
también perfecto por todos sus lados.
Y dicho esto abrió el estuche y la ira y el diablo
fueron a parar al fondo quedando prisioneros al cerrar la joven la tapa.
Stulcio que esperaba mejores resultados de este
segundo Diablo, se quedó esperando su llegada pero no venía; es mas, al cabo de
un rato oyó a la joven cantando alegremente:
Tralaralarilo
Tralaralarila
Ya no cabía en si de rabia, tanto es así que hasta
tuvo una experiencia extracorpórea; se subía como un suflé, se subía por las
paredes, se subía a la parra…, tanto se subió que comenzó a tener vértigos y
deseos de bajar a tierra firme e, incluso, a lo más profundo de los infiernos
si fuera preciso, la cuestión era bajar porque ya comenzaba a marearse.
Estaba nuevamente tan enfadado que casi se lo
llevaban los diablos y decía:
-
Está visto que con estos diablos no hay nada
que hacer, son unos inútiles y no son capaces de concederme mi mayor deseo ¿qué
tengo que hacer para que se calle de una vez?
Entonces el último de los diablos que quedaba, y
que ya no intentaba llevárselo; porque, para él solo pesaba demasiado, le dijo:
- Yo soy un Diablo de Primera
y
sabes que todo acaba saliendo a la tercera
-
Pues
si esta vez va la vencida me puedes pedir lo que te parezca
-
Pues
me pido tu alma, no es que valga mucho y como la tuya tengo montones; pero si
no, ¿qué otra cosa podría pedir un Diablo?
Allí mismo se extendió el contrato y Stulcio lo
firmó con su sangre, que tuvo que sacarse con una lanceta de las de medir la
diabetes.
El Diablo se vistió de galán de la pantalla y se
armó de flores, bombones, loores, también de lisonjas, bonitas semblanzas,
piropos, halagos, loas y alabanzas, regalos, ofrendas, mimos y zalemas, y
acercándose a casa de la joven le soltó, con voz meliflua y persuasiva todo su
repertorio, diciendo:
- Yo soy el Diablo de Primera
y te traigo orgullo, soberbia altanera
A lo que la joven, humilde, modesta y suavemente,
le respondió:
- Y yo soy
una joven no mal parecida,
alegre
y cantarina
que
tengo mi alcoba, salita y cocina,
también
un estuche bonito y cuadrado
que es
también perfecto por todos sus lados.
Y dicho esto abrió el estuche y la soberbia y el
diablo fueron a parar al fondo quedando atrapados al cerrar la joven la tapa.
Stulcio que esperaba mejores resultados de este
último Diablo confiando en que a la tercera iría la vencida, se quedó esperando
su llegada pero tampoco venía; es más, al cabo de un rato oyó a la joven
cantando alegremente:
Tralaralarilo
Tralaralarila
- ¡Esto ya es el colmo! ¡ni todos los
diablos del averno pueden con ella! Pues está visto que si quieres conseguir
algo lo tienes que hacer por ti mismo, así que tendré que ser yo el que meta en
cintura a esta joven.
Y vistiéndose con todas sus galas oficiales
de: Protosterio, Escalocio, Gran
Mergomante en Amplitudes, Supervisor de puntos y comas y Clavifer Ante Portas;
redactando órdenes de embargo y expropiación sobre alcobas, salitas y
cocinas, cánones e impuestos sobre los
Tralaralarilos Tralaralarilas, tasas y consumos sobre las risas y sonrisas,
alborozo y bulla, muecas y arrumacos;
todo ello en miniado pergamino, con sellos y firmas, pólizas, lacres y cintas,
se encaminó rimbombante y solemne a casa de la joven.
Cuando llegó; desatando cintas y desenrollando los
pergaminos, con voz pomposa y hueca; dijo así
- ¡Cuidado conmigo! yo soy el Protosterio,
Escalocio, Gran Mergomante en Amplitudes, Supervisor de puntos y comas y ahora
también el Clavifer Ante Portas;
yo soy el que tiene la llave,
el que abre, el que cierra,
el que entra y el que sale,
y vengo a aplicarte el peso de la
ley per in saecula saeculorum.
Le respondió la joven:
- Y yo soy sólo una joven no mal parecida,
alegre
y cantarina
que
tengo mi alcoba, salita y cocina,
también
un estuche bonito y cuadrado
que es
también perfecto por todos sus lados.
Si
usted me permite
lo
abro y le pago
Y dicho esto abrió el estuche; saliendo de él el
miedo, la ira, la soberbia y los tres
diablos de primera, segunda y tercera, y apoderándose de Stulcio, esta vez si,
se lo llevaron a los infiernos para siempre jamás.
Y la joven no mal parecida,
alegre y cantarina
que tenía su alcoba, salita y cocina,
también un estuche bonito y
cuadrado
que es también perfecto por
todos sus lados
se quedó feliz y contenta por siempre en su casita
con su
Tralaralarilo
Tralaralarila
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