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jueves, 28 de mayo de 2015

El rey cuervo





EL REY CUERVO

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie

Érase que se era una princesa tan creída de su valer que despreciaba a todos, tanto súbditos como pretendientes. Aunque ya estaba pasada de la edad para casarse seguía soltera porque no encontraba a nadie de su agrado. 
El Rey no sabía que hacer con ella y decidió casarla a ver si eso le bajaba los humos, para lo que organizó una gran fiesta y envió emisarios a los reinos vecinos convidando a todo lo mejor de la nobleza. Asistieron marqueses, reyes, duques, …  para que su hija se fijara en alguno de ellos y poder casarla. 
La princesa, en honor a la verdad era muy bella pero ella a todos les encontraba defectos.
- ¡Oh!, éste es muy delgado, no me gusta...
- ¿Éste? gordo como un fardo, no me gusta nada.
- ¿Éste? Tan bajito que no me llega a la cintura, que se busque una enana
Y así a todos les fue sacando faltas, hasta que le presentaron al último y con éste se despachó a gusto, ensañándose cruelmente:
- ¿Éste? Si tienes la nariz como el pico de un cuervo. Eres el Rey Cuervo
El padre, desesperado, al ver que no podía hacer nada le dijo:
- Has despreciado a los príncipes y reyes más grandes, así que te casarás mañana con el primer pobre que se acerque a palacio pidiendo limosna.
Y así fue, de buena mañana llegó un pobre a pedir limosna.
- ¿qué me pueden dar, por caridad? 
Y le dice el padre:
- ¿eres soltero?
respondió el pobre
- si Majestad
- ¿que qué te puedo dar?. Te voy a dar la mano de mi hija; te casas con ella y te la puedes llevar lo más lejos posible.
Se casaron rápidamente y se dispusieron a marchar
Ella quería llevarse sus vestidos y sus joyas pero él le dijo
- No tenemos carruajes ni donde poner todo eso o sea que vístete con las ropas de alguna criada y en marcha. 
Tras dejar los límites de su reino iban pasando por grandes fincas y preguntaba a su marido
 - ¿De quién son esas tierras?
 - Del Rey Cuervo – respondía el marido
 - ¿y ese castillo tan imponente?
 - Del Rey Cuervo – le volvía a responder
Y así cada día se iban alejando más de su reino.
La puso a servir en una venta para que, al menos, se ganara la comida mientras él se acercaba al castillo a mendigar, según le dijo.
Pero su formación como princesa estaba muy lejos de servir para algo en la venta y era incapaz de desarrollar las tareas más sencillas.  La ventera la echó diciendo
- No me sirves para nada, anda márchate porque no te quiero estorbando por la venta, que es lo único que sabes hacer
Y ella, cada vez más asustada y arrepentida, se dio cuenta de que la educación que le habían dado no le servía de nada.
Ya cansados de andar y con llagas en los pies llegaron a una triste casucha y el marido le dijo.
- ¡Ya estamos en casa! ¡ponte a hacer la cena!
Ella no había trabajado nunca ni sabía por donde empezar, suerte que como sus provisiones consistían en un mendrugo de pan y un trozo de tocino no le fue muy difícil repartirlo y cenar, acto seguido se acostaron rendidos del camino. 
Al otro día él le dijo:
- ¡Mira!, como eres tan poca cosa y vales tan poco, te voy a dar trabajo,
te voy a poner en el mercado y vas a vender cosas. 
La llevó al pueblo, compró cacharros de barro; platos, ollas, tazas, … y se los dio para que los vendiera mientras él iba a mendigar por ahí, no sin antes advertirle
- Esto me ha costado cincuenta maravedíes y lo tienes que vender en cien para que nos quede algo para comer.
Pasaban las horas y no conseguía vender nada, la gente pasaba, se quedaba mirando pero ni preguntaban el precio ni compraban, ella se esforzaba por hacer propaganda de sus cacharros pero sin resultado.
Cuando ya llevaba unas horas sin vender nada y desesperada se acercó un jinete galopando y el caballo le pisoteó  todos los cacharros y se los rompió.
La princesa llena de desesperación lloraba desconsolada cuando llegó el marido, vio el estropicio y le dijo
- No sirves para nada, esto era muy fácil  y ni eso has sido capaz de hacer bien, desde hoy te pondrás los cubiertos aparte y comerás aparte, ya veo que no sabes hacer nada.
Ella, aislada de todo el mundo, llevaba en el delantal los cubiertos y las escasas provisiones con que se alimentaba; un mendrugo de pan, un trozo de queso reseco, un trozo de tocino rancio… 
Al cabo de un tiempo hicieron una fiesta en el pueblo, ella oyó la música y atraída por ella se acercó al baile. 
Su sorpresa fue grande cuando reconoció allí a aquel rey al que le había dicho tantas cosas desagradables.
Un campesino la sacó a bailar y bailando se le cayó todo lo que llevaba guardado en el delantal siendo la risa de todo el pueblo.
Ella lloraba avergonzada y quería salir huyendo pero el Rey la detuvo diciendo
- Ven a tu casa, vístete de reina, y volveremos al baile. Soy tu marido el mendigo y también aquél del que tanto te burlaste, pero creo que ya has aprendido la lección.  Irás a vivir a mi palacio como mi reina, porque aquellas palabras de desprecio ya las has pagado.
Hoy viven felices en su palacio y colorín colorado éste cuento se ha acabado y por tu boca se ha colado. 



miércoles, 27 de mayo de 2015

La zorra y el cuervo

Hay muchos cuentos y fábulas sobre la zorra y el cuervo (una de ellas, que además se menciona aquí, está en:
Pero ésta es la que recuerdo me contaban y que he intentado reconstruir con mi mejor voluntad.


LA ZORRA Y EL CUERVO

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie



Estaba el cuervo descansando junto a un pozo y hete aquí que llegó la zorra.
El cuervo resentido por aquella vez que la zorra le había engañado y robado su queso pensó que era el momento de hacérselo pagar.  
La zorra le preguntó 
-¿Qué haces aquí cuervo? 
Y el cuervo le dice 
-¡Qué pena! aquí estoy intentando alcanzar ese gran queso que hay en el fondo y no puedo 
La zorra se asomó al pozo y vio la luna llena grande y redonda reflejada en el agua y que parecía un hermoso queso, y le dijo 
-Lo podíamos coger entre los dos y nos lo partiríamos pero no sé cómo 
Dice el cuervo
-Yo te podría coger del rabo con el pico y podrías bajar tú a cogerlo y cuando lo tengas dices ¡arpa! y yo te subo. 
La zorra se asomó al pozo, el cuervo le agarró el rabo con el pico y descendió hasta el agua del fondo, pero cuando intentó coger el queso éste despareció en medio de un remolino de luces; esperó un poco y volvió a aparecer pero, nuevamente, desapareció al intentar cogerlo. Tras varios intentos infructuosos la zorra, ya cansada, pensó que sería mejor descansar un poco y probar más tarde y gritó
-¡Arpa!, 
A lo que el cuervo contestó 
-¡El rabo se me escapa! 
Y al decir aquello abrió el pico y la zorra fue a caer lo mismo que aquel queso que un día, desde lo alto de un árbol y con engaños, la taimada raposa le había hecho soltar.