jueves, 26 de febrero de 2015

El Hombre y la Piedra

Y acabamos, por hoy, con un cuento de talla XL


 El Hombre y la Piedra

Cierto día en que no teníamos otra cosa que hacer que ver cómo cambiaban de nariz las nubes, Pétrix Lapiaces de la Cantera me contaba esta historia:


 “En una ocasión se convocó en Petra, capital de Mineralia situada en la actual Jordania, el Primer Cónclave Litológico para dilucidar la importancia de la piedra en la historia y la vida del ser humano. Allí se reunió una enorme variedad de piedras, desde las magmáticas a las metamórficas pasando por las sedimentarias .
No bien hubo dado comienzo al debate y sin dar tiempo a nadie para intervenir, tomó la palabra Diamante como portavoz de las gemas.
-   Permitidme que hable yo primero y en representación de todas las piedras preciosas, creo que es de justicia por cuanto somos las piedras más valiosas y, para el hombre, más apreciadas.
-   ¡Alto ahí! –saltó el sílex – podréis presumir de precio, pero no de valor. No hay que olvidar que yo fui la que inició al hombre en la construcción de herramientas y, de no ser por mí, hoy no estarías aquí hablando tan bien tallado como lo estás. Por otra parte vosotras habéis sido algo negativo para el hombre, porque despertáis sus más bajas pasiones, especialmente la ambición, y conseguís que hasta roben o maten por vosotras.
-   ¡Claro! – respondió Diamante - y desde los albores de la humanidad se vienen matando los unos a los otros gracias a vosotros y al subsiguiente progreso armamentístico.
-   ¡Dejad la discusión – terció Mármol – porque, gracias a vosotros dos, tengo que acompañarlos prematuramente, en forma de lápida, en su última morada. Yo sólo he servido al hombre para transmitirles la belleza y el arte gracias a los escultores.
-   Sí, claro, y también tendrán que darte las gracias todos los esclavos y oprimidos que perecieron embelleciendo con vosotras sus palacios y templos – dijeron al unísono las piedras de Sillares y Mampostería – ocultando con pomposos decorados lo básico que nosotros representamos y que es: la vivienda que les ha dado cobijo, los puentes, los acueductos, las fortalezas, los palacios, las catedrales,... que les han dado servicios, hasta la llegada de esos advenedizos que son los ladrillos y el hormigón. Vosotros sois sólo la apariencia, lo suntuario y nosotros lo útil.
-   Pero todo se inició gracias a nosotras – intervino un Mehir – de no ser por las Piedras Megalíticas que le procuraron al hombre la vivienda, el culto a sus deidades y la tumba, a buen seguro que hoy seguirían en sus viviendas troglodíticas.
-   Y sin mí, ninguna de vuestras construcciones de mampostería se sostendrían – dijo la Piedra Angular
-   Todo eso son historias muy lejanas que creo no vienen al caso – dijo el Guijarro – de lo que se trata es de dilucidar quién le ha aportado al hombre más felicidad y placer; y yo, la más humilde de las piedras, he hecho más por el hombre y su felicidad que todos vosotros. Inspirado en mi nació un nuevo estilo de música y baile que, por algo, llamaron “Rock and Roll” así como el nombre del más importante de los grupos musicales del Siglo XX.
Un escarabajo que pasaba por allí sentenció
-    Ya será menos, el mejor Grupo fue inspiración mía
Y se marchó pasito a pasito dejando atrás al Concilio que, como es natural, permaneció allí inmóvil. El guijarro no tuvo más remedio que callarse
-   Pues fijaos si seré importante yo para el hombre que soy la única en la que puede llegar a tropezar hasta tres veces – argumentó una vulgar piedra sin pedigrí.
-   Lo que han dicho Sílex y Mármol sobre la transmisión de cultura, arte  y conocimientos, se debe mucho a mi existencia y, sin mí, se habrían perdido grandes saberes – intervino la Piedra de Rosetta.
-   Pues de todas yo soy la que más íntimamente está en contacto con el hombre, yo soy la Piedra Renal y, aunque le hago sufrir porque no vengo como pedrada en ojo de boticario, también le reporto cariño, cuidados y atención médica además de un gran alivio cuando logra librarse de mí.
Esas palabras dieron lugar a un gran barullo. A las voces indignadas de todas las piedras que antes habían hablado, se sumaron las voces de: las Piedras de Molino, de Afilar, Filosofal, de Toque, Pómez, Imán y otras muchas más, incluso las de Mechero, recriminando a la Piedra Renal su falta de seriedad en algo tan importante. Fue tal el alboroto que se organizó y tal la mala experiencia que había resultado aquel encuentro que, desde entonces, las piedras no han vuelto a decir esta boca es mía y dudo que vuelvan a convocar otro Cónclave”

Esta es la historia que Pétrix Lapiaces de la Cantera me contó, y yo os la transcribo tal cual.
Si esta historia os ha parecido un peñazo y os han entrado ganas de lapidarme, os ruego me perdonéis, os lo suplico por la Piedra del Santo Sepulcro.

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