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jueves, 5 de marzo de 2015

Un viaje de ensueño

Este cuadro de mi prima Marina me ha inspirado este cuento, que dedico a los personajes del cuadro y que son su nieto Mario y su prima Lydia que hoy cumple quince años. Felicidades






Un viaje de ensueño

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Lydia estaba con sus primos Mario y Dani jugando en la playa. Hacían un castillo de arena, el Sol picaba de lo lindo y se refrescaban en la rompiente.
En una de las últimas paletadas de arena para terminar el mayor torreón, Mario notó algo duro y escarbó en el lecho arenoso. Asomaba el gollete de una botella, rematado por un tapón de vidrio facetado. Dani tiró de ella sacándola a la luz y vieron, con sorpresa, que se trataba de una rara botella, redonda y panzuda, de color verde botella, como es natural, que no permitía ver su contenido.
Lydia dijo:
- Vamos a abrirla a ver que tiene dentro.
Mario no estaba muy convencido.
- ¿Y si....? – comenzó a decir
Pero Lydia ya había quitado el tapón, y una nube blanca salió por la boca y se materializó un personaje estrafalario; con turbante, taparrabos, babuchas y una pinta extrañísima, que dijo:
- Gracias por haberme liberado. Os voy a conceder un deseo a cada uno, que en total son los tres que se dice debemos conceder. Pero, aunque quisiera, no podrían ser tres para cada uno porque en los últimos mil años me los he tenido que ir comiendo y sólo me quedan éstos tres. Espero que os gusten; se trata de un viaje para cada cual al lugar que queráis.
Lydia, sin pensarlo nada y señalando a un punto brillante muy lejano dijo:
- Yo me pido esa estrella de allí
- Tú eres muy atrevida. Esa estrella está lejísimos y tiene picos, te puedes pinchar. Yo me quedo con la Luna, que está más cerquita y tiene mejores vistas.- dijo Mario
Dani preguntó al genio:
- ¿Me puedo guardar el deseo? Quisiera, de momento, quedarme en Tierra con un telescopio para ver cómo les va a ellos.
El genio le respondió que sí y los envió a sus destinos elegidos.
Lydia se encontró sentada en su refulgente estrella, a caballo de uno de sus picos y balanceando los pies. Contemplaba las constelaciones y la maravilla de las galaxias espirales.
Allá a lo lejos podía ver, muy pequeño, al Sol. Pero la Tierra era tan pequeña que no era visible, así que no podía ver a Dani y aún menos a Mario.
Mario se encontraba a gusto en la Luna. Daba saltos enormes y retozaba sorteando cráteres. Desde allí se podía ver: bella, azul y reluciente a la Tierra, pero tampoco podía ver a Dani.
Le hubiera gustado tener allí sus esquíes porque habría sido genial deslizarse sobre aquellas laderas vírgenes de siglos que parecían de nieve polvo.
Se atrevió a asomarse a la cara oculta, pero era tal la oscuridad allí que regresó rápidamente a la cara visible y se sentó en el borde de Clavius, el cráter más grande. Se imaginó ser “El Principito” reinando en su minúsculo planeta, pero la Luna no era minúscula, tenía mucho más de tres cráteres y, sobre todo, no había ninguna rosa.
Dani, desde la Tierra, pegado al visor de su telescopio, vigilaba la Luna por si lograba ver a Mario por allí, pero era tan pequeño que no lo hubiera podido ver sobre la polvorienta superficie. No obstante disfrutó mucho con la visión de aquella superficie acribillada de redondos cráteres apagados.
Enfocó también hacia lo que creía ser la estrella de Lydia, pero sólo pudo ver un punto brillante no más grande que una canica.
Recorrió el espacio y creyó descubrir, entre las constelaciones, a la Osa Menor con la Estrella Polar al extremo de su cola.
Todo iba muy bien hasta que la Luna cambió de fase y comenzó a menguar y menguar. Mario, al ver que se iba quedando sin espacio en que apoyar los pies, se agarró a uno de los cuernos y se quedó colgando en el vacío hasta que, con la Luna Nueva, desapareció su asidero y comenzó a caer vertiginosamente, dando vueltas en el espacio ingrávido y sintiendo el mareo en el estómago, unas cosquillas como si tuviera cientos de mariposas. hasta que....
Los tres se despertaron a un tiempo. ¿Había sido un sueño? Es posible, pero podría afirmar sin temor a equivocarme, que no les disgustaría volver a repetirlo.
Comentaban qué harían si se volvía a repetir el sueño y Lydia dijo:
- A mi no me importaría volver a la misma estrella. Se estaba tan bien, y había una paz...
- Pues yo me pido una estrella cerca de la tuya – dijo Dani
- Yo con la Luna y la caída ya he tenido bastante, necesito tierra firme bajo mis pies, así que me pido el telescopio de Dani.
Salieron al pasillo y dijo Mario muy exaltado:
- ¡Mirad qué cuadro ha pintado mi yaya!
Y se quedaron boquiabiertos contemplándolo. Aquello era justamente lo que acababan de vivir.
- ¿Tu yaya adivina sueños? – dijo Lydia
- No, es que los artistas tienen eso – sentenció Mario.



Disidente



Pues ahora un cuento fruto del insomnio de las cuatro de la madrugada. Ya se nota ¿no?



Disidente

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Érase que se era un lugar, del que un observador ajeno hubiera dicho que tenían unas raras costumbres.
Circulaban por la izquierda, usaban preferentemente la mano izquierda, incluso para batir huevos y claras o hacer mayonesa; en cuyas labores, además, el giro tenía que ser en sentido antihorario. Escribían también de derecha a izquierda, tal que así:
euq led ,ragul nu are es euq esarÉ
ohcid areibuh oneja rodavresbo nu
.serbumtsoc sarar sanu naínet euq
Curiosamente la espiral del caracol crecía en el mismo sentido que en todas partes y el agua que se va por el desagüe hacía lo mismo.
Había una persona que parecía rebelarse contra ese predominio apabullante de lo izquierdo y circulaba por la derecha, con los problemas que ello conllevaba. Usaba preferentemente la mano derecha y escribía tal que así:
Érase que se era un lugar, del que
un observador ajeno hubiera dicho
que tenían unas raras costumbres.
Desde su nacimiento ya había manifestado esa tendencia hasta el extremo de que sólo mamaba del seno derecho y si le revolvían la leche o la papilla en sentido levógiro, se negaba a tomar el alimento.
En cuanto a la escritura; los maestros no fueron capaces de que aprendiera a escribir normal y, a lo sumo, consiguieron que escribiera tal que así:
Érase que se era un lugar, del que
ohcid areibuh oneja rodavresbo nu
que tenían unas raras costumbres.
El caso es que estaba muy mal visto y tachado de antisistema por sus conciudadanos y, aunque aquel lugar era de gente pacífica y tolerante; no faltaba, como en todas partes, algún fanático o exaltado que le insultaba e, incluso, le amenazaba. Le conminaban a que se marchara de allí o que se sometiera a una profunda inmersión en los hábitos, usos y costumbres del lugar, renunciando a los propios que había mamado desde chico.
Pero él se resistió todo lo que pudo, se manifestaba con pancartas, defendiendo su libertad identitaria con lemas como éste:
TENGO DERECHO
VOSOTROS NO
junto con su versión bilíngüe, para que lo entendieran sus paisanos, incapaces de leer al derecho:
OHCERED OGNET
ON SORTOSOV

o;
VOSOTROS SOIS SINIESTROS
SORTSEINIS SIOS SORTOSOV
Pero de nada le sirvieron sus protestas; le aplicaron la ley mordaza – lógicamente atada por la izquierda – y le condenaron, por oveja negra, a un día y seis meses y a una multa de treinta céntimos y doscientos euros.
Finalmente tuvo que claudicar y entrar en el redil de las ovejas blancas; pero en la intimidad de su casa, en su privacidad, siguió usando la mano derecha y escribiendo como le daba la gana.
Conclusión:
DONDE ESTUVIERES HAZ LO QUE VIERES
SI ES QUE PROBLEMAS NO QUIERES
o, lo que es lo mismo:
SEREIV EUQ OL ZAH SEREIVUTSE EDNOD
 SEREIUQ ON SAMELBORP EUQ SE IS






miércoles, 4 de marzo de 2015

El pintor que quiso triunfar


Y para acabar por hoy otro cuento de talla XL, 


El pintor que quiso triunfar

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Éste era un pintor que solía hacer copias de postales, láminas y obras de otros pintores, pero un día se propuso triunfar, demostrar su valía con una obra propia que causara admiración.
Para ello, pensó en primer lugar, en el tipo de material que debía emplear como soporte: el lienzo, la tabla y el papel eran muy corrientes y su obra debía ser tan diferente que concitara también la admiración por la base empleada. Así que, tras mucha meditación, se decidió por una placa de arcilla cocida.
El tamaño también era importante; todos los cuadros famosos, salvo la Mona Lisa y algún otro, eran de buen tamaño, así que se decidió, tras pensárselo mucho, por un cuadrado de cincuenta centímetros de lado. Decidido esto, se hizo hornear una placa en arcilla roja que encoló sobre una tabla negra y la colocó en el caballete.
Ahora se trataba de decidir la técnica a emplear. El tipo de soporte elegido condicionaba esta nueva decisión. Está claro que la acuarela y el gouache se descartaban automáticamente, que el óleo no parecía el más indicado y la aerografía le parecía demasiado artificial. Tras mucho reflexionar, se decidió por el temple al huevo como más apropiado para el soporte y por su durabilidad.
Luego debía decidir el estilo y el tema, lo que le llevó mucho más tiempo. El estilo condicionaba al tema, del mismo modo que la técnica se subordina al soporte.
La cabeza le daba vueltas: finalmente, entre todas las tendencias, decidió inclinarse por las siguientes disyuntivas: hiperrealismo versus impresionismo, ya que ambas opciones permitían utilizar un mismo tema, sólo que con otro filtro mental a la hora de traducirlo. Al cabo de los días de cavilar y cavilar se decidió por el impresionismo puntillista.
 Ahora tocaba elegir entre naturalezas muertas, paisajes, retratos,... . Mucho le costó pero al fin se decidió por un paisaje agrario, recuerdo de su infancia en el campo. Así que, tomando los pinceles más pequeños que tenía, y armándose de paciencia, comenzó a pintar una casa en una verde pradera cuajada de margaritas y siguió y siguió pintando durante días hasta llegar al cielo contrastando con una nubecilla y las últimas volutas de humo de la chimenea.
Admiró su obra y se dijo:
-          Esto sí es arte
Así que, junto con otros muchos de sus cuadros, sencillas copias como ya hemos dicho, montó una exposición en la que su nueva obra, enmarcada en pino natural y destacando sobre el fondo negro, ocupaba un lugar preeminente.
En la inauguración, el vernissage consistió en abundante cava de la tierra y montaditos variados.  Acudió mucho público, posiblemente atraído por la comida y la bebida gratis, se descorcharon muchas botellas, tantas que se hizo corto. Finalmente el público desfiló sin hacer ninguna mención especial a la obra objeto del acto. Queremos creer que se debía a la cantidad de cava ingerido el hecho de que no repararan en ella.
El pintor se sintió deprimido, no porque económicamente hubiera ido mal el acto, porque había podido vender muy bien unos cuantos cuadros, sino porque no se había valorado aquello que tanto le había costado crear.
Regresó a su estudio e, instintivamente, comenzó a pensar en una nueva obra que sería un retrato hiperrealista a gran tamaño en acuarela sobre papel artesano, lo que le proporcionó un nuevo impulso para seguir adelante.

Cualquier decisión que tomemos, por muy meditada que esté, siempre va a condicionar las decisiones ulteriores y, por mucho que se cavile y se tomen medidas, no siempre se alcanza el éxito. Lo importante es no desfallecer y reintentarlo las veces que haga falta.

La hormiga y la cigarra

Otro cuento de talla M



La hormiga y la cigarra

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Antonina era una hormiga que tenía grandes inquietudes artísticas, pero en su hormiguero no podía ponerlas en práctica, tampoco el ambiente de la colonia era favorable al arte y no había tiempo para esas tonterías. El trabajo ocupaba a la colonia durante todo el día y, cada vez que una hormiga exploradora avisaba de que había algo comestible para guardar en la despensa, se movilizaban todas las obreras y salían a acarrear: un grano de trigo, una miga de pan, el cadáver de una mosca, el jamón de un saltamontes o la punta de la cola de una lagartija, todo era bueno para la despensa.
Pero Antonina (Ant para abreviar) se veía atrapada en la riada y no podía evitar cumplir con su deber, ni podía dedicarse a la música, que era lo que más le gustaba.
Cierto día en que acarreaba una cáscara de pipa pudo escuchar un sonido rítmico y penetrante. Se trataba de una cigarra que, mientras chupaba la savia de un chopo, hacía vibrar sus membranas y cantaba ruidosamente.
Allí se quedó Ant, con la cáscara en la boca e inmóvil, escuchando, mientras el resto de las hormigas la esquivaban cargando con más cáscaras que habían encontrado al pie de un banco del Parque y las llevaban al hormiguero.
Rompiendo las reglas del hormiguero y dejando allí mismo la cáscara, trepó por el tronco hasta donde estaba la cigarra; ésta dejo su canto, lo que suelen hacer todas cuando notan una presencia extraña, y se le quedó mirando.
-     ¿Qué haces por aquí? ¿Vienes a recoger los restos de carcomas que ha dejado el pájaro carpintero?.
-       No, vengo a escuchar tu música y a pedirte que me enseñes
-      Pues no va a ser posible, tú no tienes mis membranas, ni siquiera los élitros que tienen los grillos, así que veo muy difícil que puedas hacer música alguna.
Ant se sintió decepcionada y abatida, todas sus ilusiones habían caído por los suelos y los nervios se apoderaron de ella, sus seis patas comenzaron a temblar y ese temblor se transmitió rítmicamente al tronco del árbol produciendo un leve golpeteo.
La cigarra le dijo
-         ¡Sigue así!, ¡sigue así!, y ahora hazlo más fuerte, yo te acompaño
Ant recobró el control de sus patas y comenzó a tabalear a un ritmo de seis por seis, mientras la cigarra reemprendía su canto.
Al poco se les unió un grillo que comenzó a frotar sus alas como si de un violín se tratara y el conjunto rítmico resultó de lo más artístico. Aunque faltaba otro intérprete que llevara alguna melodía, comenzó a atraer toda clase de insectos, menos las hormigas que siguieron con sus trabajos, y todos se quedaron embobados escuchando.
La cigarra les dijo a los otros dos músicos.
-         Formemos un conjunto y marchemos por esos montes dando a conocer nuestro arte.
Los tres, entusiasmados, aceptaron la idea; pero la hormiga no podía viajar con tanta facilidad como la cigarra y el grillo, no tenía alas, así que la cigarra se ofreció a cargarla sobre su espalda y marcharon volando y saltando hasta el próximo árbol en donde tuvieron un éxito espectacular.
Desde entonces van recorriendo, en su larga y exitosa gira, todos los árboles de los alrededores. Así que, si por la noche escuchas su concierto, deja unas miguitas de pan para la hormiga y una hojita de lechuga para el grillo. La cigarra no necesita nada, ni siquiera los granos de las despensas de las hormigas, porque se alimenta chupando la savia de los árboles en que se para.

Por qué son ovalados los huevos

Otro más de tamaño L

Por qué son ovalados los huevos

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Hace mucho tiempo las gallinas eran capaces de poner los huevos de la forma que se les antojase; y había una especie de competición a ver cuál era la forma más rara, original o artística de ponerlos.
Hasta tal extremo llegó, que se ponían huevos cilíndricos, piramidales, cúbicos, prismáticos y todas las formas poliédricas posibles.
Llegó a causar mucha admiración una gallina que consiguió poner uno en forma de huso esférico, pero la pobre no pudo resistir la expulsión de aquella cosa tan aguzada y, desde entonces dejó de poner.
La verdad es que poner aquellas cosas, con aristas y vértices que cortaban, pinchaban o se clavaban por el trayecto, era un suplicio para las pobres gallinas pero; como se suele decir “para presumir hay que sufrir” y, pese a los dolores y las hemorroides, se sentían muy orgullosas de sus creaciones, cuanto más raras mejor.
Un día apareció una gallina mostrando su última producción; ¡un huevo esférico! que, por la carencia de aristas y vértices causó admiración, además de por la perfección y suavidad de su lisa superficie
Desde entonces se impuso la moda del huevo esférico y las gallinas respiraron aliviadas al no tener que sufrir tanto durante la puesta, aunque lo grueso de la esfera aún seguía suponiendo una molestia.
Con el tiempo, una gallina que había estudiado física y especialmente hidrodinámica, diseñó el huevo actual porque permitía una más fácil evacuación al tener una forma más alargada que presenta una mayor facilidad de desplazamiento y, desde entonces, todos los huevos de gallina son así.

Cada vez que comas un huevo recuerda esta historia y agradece a las gallinas su avance tecnológico.





La cuchara aventurera

uno de calibre S que escribí para mi nieto






La cuchara aventurera

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Una cuchara  de silicona, de las de dar papilla a los bebés, que vivía en el cajón de los cubiertos, un día dijo así a sus compañeras.
-Estoy harta de servir papillas y hacer siempre el mismo recorrido del bol a la boca, siempre viendo lo mismo. A partir de ahora, ya que no puedo cambiar mi carga, por lo menos voy a conocer otros lugares y hacer turismo.
Dijo aquello tan fuerte que le escucharon también los cuchillos, los tenedores, los cucharones, batidores y coladores que dormían en otro cajón más abajo.
Sus compañeras trataron de convencerla pero ella seguía pensando igual, además les respondió así:
-Vosotras, vulgares cucharas de acero, sois muy atrasadas; yo soy una moderna cuchara de silicona y, por tanto, no puedo comportarme como vosotras ni compartir vuestras ideas anticuadas.
Así que, cuando la usaron para darle la papilla a Eric; la cuchara, en lugar de ir a la boca como sería lo natural, se descargaba por el pelo, las orejas, la nariz, el cuello,… poniendo al pobre todo cubierto de papilla. Por otra parte, éste, como tenía mucha hambre y no le llegaba nada comestible a la boca, se ponía a llorar montando un tremendo escándalo.
De nada sirvieron todos los intentos de guiar la cuchara a la boca, ni tan siquiera agarrándola con las dos manos, siempre acababa dejando su carga de papilla en cualquier otro lugar.
Al final se tuvo que usar una de aquellas anticuadas cucharas de metal y, finalmente, Eric dejó de llorar y pudo comerse su papilla; aunque le tuvieron que dar un buen baño.
Desde entonces la cuchara de silicona quedó para siempre olvidada en el cajón más hondo y oscuro del armario de los cubiertos.

Éste era un rey que tenía tres hijas





Una versión "muy personal" de aquel antiguo cuento de nunca acabar con el que, junto con el de "¿quieres que te cuente un cuento que nunca se acaba?", lograban sacarnos de nuestras casillas



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ÉSTE ERA UN REY

Éste era un rey
Que tenía tres hijas
Las metió en tres botijas
Y las tapó con pez

Las echó en tres grandes ríos
Cual si fueran tres navíos
Y llegaron a una playa
¡Vaya, vaya, vaya, vaya!

Pasó el príncipe primero;
Guapo, fino y altanero
Y marchó por donde vino,
Altanero, guapo y fino

Llegó el príncipe segundo
Tan cortés y hombre de mundo
Y las desposó a las tres,
¡Fíjate si era cortés!


En la noche de las bodas
Como pasa siempre en todas
A las esposas destoca;
A la fea, a la lela y a la loca

Y los encantos desvela
De la loca, de la fea y de la lela
Y hace lo que más desea
Con la lela, con la loca y con la fea.

Las reintegró a sus botijas
Y le devolvió sus hijas
Al rey que comienza el cuento
Y se quedó tan contento.

Y allí quedan las princesas
En altiva torre presas
Esperando que un portento
Antes de que acabe el cuento
Traiga al príncipe tercero
Orate, espantoso y huero.


Ahora se entiende que el rey
De buena o de mala ley
Dispusiera que sus hijas
Viajaran en tres botijas
Y las tapara con pez
¿Lo he de explicar otra vez?

Este era un rey… etc. etc. etc.
……………..
(y dale que te pego)