UN DRAGÓN
Todo esto sucedió
mucho después de
lo narrado en
Ya conocéis aquel reino tan lejano, tan lejano y tan pequeño, tan pequeño. Aquel reino que no tenía ni castillo ni palacio y el Rey tenía que vivir en una escalera de vecinos. Pues esta vez salió con una nueva ocurrencia y ya veréis lo que pasó.
Cierto día tiró insistentemente de la anilla que hacía sonar la campanilla en casa del Chambelán, en el Principal Segunda, pero éste no acudía y el Rey ya estaba muy enfadado, casi se echó encima el té de las cinco al intentar levantarse del butatrono para asomarse al balcón y llamarlo a voz en grito, pero el Chambelán hizo acto de presencia, no sin un sofoco por acudir corriendo a la llamada.
- ¿Cómo has tardado tanto? Ya estaba harto de tirar de la campanilla.
- Majestad, estaba en la plaza. Ya sabéis que hoy me tocaba hacer de gigante, pero he venido lo más pronto que mis piernas me lo han permitido. ¿Qué deseáis?
- Ciertamente, desde que tenemos el gigante más pequeño de todos los reinos las cosas van bien y se han incrementado los ingresos por turismo, pero echo en falta algo que otros reinos tienen.
- ¿Y qué es ello, si puede saberse, majestad?
- Para ser un reino normal falta algo muy importante, algo que pueda atraer caballeros andantes a nuestro reino porque, como sabes, aquí sólo tenemos a Sisenando con su burro pero, ni es un brioso corcel ni él pertenece a las órdenes de caballería.
- ¿Y de qué se trata esta vez?
- Necesitamos un dragón, un dragón vivito y coleando, un dragón con su llama y todo.
Dijo el Chambelán.
-Permitidme deciros Majestad, como Ministro de la Vivienda que soy también, que en el reino no contamos con un espacio adecuado para alojar un dragón.
-Eso son excusas, todo el mundo sabe que los dragones viven en los bosques o en una cueva de la montaña.
Respondió el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán.
-Permitidme deciros Majestad, como Ministro de Medio Ambiente que soy, que en el reino no contamos con bosques y tampoco con montañas y menos con una cueva.
-Pues entonces ordeno que se encuentre una solución como se hizo cuando el gigante.
Respondió el Chambelán.
-Lo del gigante se pudo resolver gracias a la iniciativa de los Sabios y Consejeros del reino, pero un dragón lo veo más difícil.
-Decís bien señor Chambelán - concluyó el Rey - pero es mi voluntad y debemos encontrar una solución para contar, como otros reinos, con un dragón. Estudiad todos el problema, sometedlo a los Sabios y Consejeros del reino y mañana me traéis la solución.
El Ministro de Medio Ambiente, el Ministro de la Vivienda y el Chambelán se recogieron a deliberar con todo el gabinete ministerial y consigo mismos, puesto que todos eran también los Consejeros del reino y los hombres más sabios.
La reunión transcurrió como la ocasión anterior, pero esta vez frente a una manzanilla y una tostada porque el Chambelán, es decir todos, tenía un fuerte dolor de barriga. Se prolongó hasta altas horas de la noche y cada cual planteó sus puntos de vista, los pros y los contras, estando incluso, en algún momento, a punto de partir peras, pero finalmente llegaron a una solución y se retiraron todos juntos a descansar como un solo hombre.
Al día siguiente se presentó el vecino del Principal Segunda en calidad de Chambelán ante la butaca del Rey y, haciendo una reverencia, dijo:
-Majestad; hemos debatido el tema y finalmente el Guardián de las Pesas y Medidas nos ha hecho comprender, como ya hizo cuando el gigante, que las dimensiones y las proporciones son relativas y que a tal reino corresponde tal dragón, por lo tanto ya hemos resuelto el problema sin costo alguno e, incluso podría reportarnos ingresos extra por turismo.
-Decid, mi buen Chambelán, explicaos
-Hechos los oportunos cálculos, en función del tamaño de vuestro reino y de las dimensiones de los dragones más pequeños que habitan los otros reinos, da como resultado que para vuestro reino bastaría con uno de cincuenta y cinco centímetros, con lo que, además, sería el dragón más pequeño del mundo y, por tanto, una atracción turística de primera magnitud.
-¿Y dónde podríamos encontrar un dragón así de pequeño?
- Majestad - dijo el Chambelán – El Naturalista y Ecologista del reino informa que en el parterre de la plaza habita una lagartija voladora, lagarto volador o dragón volador (Draco volans) y, aunque carece de fuego, cosa que podríamos resolver con un soplete camuflado y como ya tiene alas resultaría un dragón más pequeño del mundo muy convincente.
El Rey quedó más que satisfecho con la sabia decisión de los ministros y sabios de su Corte y mandó celebrar, como la vez anterior, la llegada del Dragón Más Pequeño del Mundo haciendo colgar banderitas de la barandilla de la escalera y tirando un par de cohetes de lo que, lógicamente, se encargó el Ministro de Festejos y Cultura que era el Ministro de Agricultura, que era el Tesorero Real, que era el Ministro de Obras Públicas, que era el Ministro de Medio Ambiente, que era el Ministro de la Vivienda, que era el Chambelán y muchas otras cosas más y que, además, era el Naturalista y Ecologista del reino.
Y si te ha gustado el cuento, has pasado un buen momento.

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