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miércoles, 15 de abril de 2015

El Enano Saltarín

Un cuento clásico de los Hermanos Grimm que me ha inspirado para un nuevo y fresco "trascuento" inédito, que no está entre los publicados en mi libro "En el Mundo de los Cuentos", y que pondré AQUÍ mañana.



El Enano Saltarín 


Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie


Cuentan que en un tiempo muy lejano el rey decidió pasear por sus dominios, que incluían una pequeña aldea en la que vivía un molinero junto con su bella hija. Al interesarse el rey por ella, el molinero mintió para darse importancia: 
- Además de bonita, es capaz de convertir la paja en oro hilándola con una rueca.
El rey, francamente contento con dicha cualidad de la muchacha, no lo dudó un instante y la llevó con él a palacio.
Una vez en el castillo, el rey ordenó que condujesen a la hija del molinero a una habitación repleta de paja, donde había también una rueca: 
- Tienes hasta el alba para demostrarme que tu padre decía la verdad y convertir esta paja en oro. De lo contrario, serás desterrada.
La pobre niña lloró desconsolada, pero he aquí que apareció un estrafalario enano que le ofreció hilar la paja en oro a cambio de su collar. La hija del molinero le entregó la joya y... zis-zas, zis-zas, el enano hilaba la paja que se iba convirtiendo en oro en las canillas, hasta que no quedó ni una brizna de paja y la habitación refulgía por el oro.
Cuando el rey vio la proeza, guiado por la avaricia, espetó: 
- Veremos si puedes hacer lo mismo en esta habitación.
Y le señaló una estancia más grande y más repleta de paja que la del día anterior.
La muchacha estaba desesperada, pues creía imposible cumplir la tarea pero, como el día anterior, apareció el enano saltarín: 
- ¿Qué me das si hilo la paja para convertirla en oro? - preguntó al hacerse visible. 
- Sólo tengo esta sortija. - dijo la doncella tendiéndole el anillo. 
- Empecemos pues, - respondió el enano.
Y zis-zas, zis-zas, toda la paja se convirtió en oro hilado. Pero la codicia del rey no tenía fin, y cuando comprobó que se habían cumplido sus órdenes, anunció: 
- Repetirás la hazaña una vez más, si lo consigues, te haré mi esposa.
Pues pensaba que, a pesar de ser hija de un molinero, nunca encontraría mujer con dote mejor. Una noche más lloró la muchacha, y de nuevo apareció el grotesco enano: 
- ¿Qué me darás a cambio de solucionar tu problema? - preguntó, saltando, a la chica. 
- No tengo más joyas que ofrecerte, - y pensando que esta vez estaba perdida, gimió desconsolada. 
- Bien, en ese caso, me darás tu primer hijo, - demandó el enanillo. Aceptó la muchacha:
- Quién sabe cómo irán las cosas en el futuro. - dijo para sus adentros.
 Y como ya había ocurrido antes, la paja se iba convirtiendo en oro a medida que el extraño ser la hilaba. Cuando el rey entró en la habitación, sus ojos brillaron más aún que el oro que estaba contemplando, y convocó a sus súbditos para la celebración de los esponsales.
Vivieron ambos felices y al cabo de una año, tuvieron un precioso retoño. La ahora reina había olvidado el incidente con la rueca, la paja, el oro y el enano, y por eso se asustó enormemente cuando una noche apareció el duende saltarín reclamando su recompensa.
- Por favor, enano, por favor, ahora poseo riqueza, te daré todo lo que quieras.
- ¿Cómo puedes comparar el valor de una vida con algo material? Quiero a tu hijo, - exigió el desaliñado enano. Pero tanto rogó y suplicó la mujer, que conmovió al enano:
- Tienes tres días para averiguar cuál es mi nombre, si lo aciertas, dejaré que te quedes con el niño.
Por más que pensó y se devanó los sesos la molinerita para buscar el nombre del enano, nunca acertaba la respuesta correcta. Al tercer día, envió a sus exploradores a buscar nombres diferentes por todos los confines del mundo. De vuelta, uno de ellos contó la anécdota de un duende al que había visto saltar a la puerta de una pequeña cabaña cantando:
Hoy tomo vino,
y mañana cerveza,
después al niño sin falta traerán.
Nunca, se rompan o no la cabeza,
el nombre Rumpelstiltskin adivinarán!
Cuando volvió el enano la tercera noche, y preguntó su propio nombre a la reina, ésta le contestó:
- ¡Te llamas Rumpelstiltskin!
- ¡No puede ser! - gritó él, -
Y tanto y tan grande fue su enfado, que dio una patada en el suelo que le dejó la pierna enterrada hasta la mitad, y cuando intentó sacarla, el enano se partió por la mitad.






domingo, 12 de abril de 2015

El Conde de la Quebrada

Un nuevo cuento, con una historia que 
nunca ha dejado de estar de rabiosa 
actualidad


EL CONDE DE LA QUEBRADA

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se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Fermín: Conde y Señor de la Quebrada, era pobre de solemnidad. Su economía estaba como su propio condado, quebrada. Sus antepasados habían dilapidado su patrimonio en contiendas y saraos, y ahora; sólo se sustentaba con lo que sus generosos vasallos le llevaban para sobrevivir. Le llevaban de vez en cuando: este un pan, aquel un pollo, otro una sarta de morcillas… y así se mantenía.
No tenía servidumbre, no se lo podía permitir, y se tenía que hacer todo él mismo: lavar, guisar, coser, limpiar, etc.
Un día pensó en que, si todos sus vasallos le entregaban una gallina, podría montar una granja y vender los huevos y los pollos que incubara; pero lo descartó, porque; entre grano y contratar a alguien para cuidar la granja y vender los huevos poco le iba a quedar.
Pensó también que, si cada vasallo le entregaba un lechoncillo, podría criarlos y venderlos una vez engordados, así como los productos de la matanza; pero para ello se necesitaban piensos y contratar un gorrinero que los llevara a la dehesa a comer bellotas, así como contratar gente para la matanza y la preparación de jamones y embutidos. Considerando los gastos, calculó que tampoco le quedaría mucho.
Con las cabras y las ovejas le pasó lo mismo: había que contratar un pastor, alguien que hiciera los quesos, esquilara y preparara la lana para su venta…  y eso parecía que tampoco iba a dar beneficios.
Claro que eso es lo que les pasaba a sus campesinos, granjeros y ganaderos, que con gran esfuerzo sacaban para subsistir y poco más.
Así que; pensando y pensando, sacó en conclusión que lo más limpio era que los vasallos aportaran una tasa en dinero contante y sonante; y así decidió establecer unas gabelas de cincuenta maravedíes por cabeza y comenzó a entrar dinero en sus vacías arcas, sólo llenas de telarañas.
Lo que pasó al poco tiempo es que no todos cumplían con sus obligaciones, muchos porque no podían. Poco a poco fue cundiendo el ejemplo y los ingresos comenzaron a menguar.
Para evitar el problema se vio en la necesidad de contratar un recaudador para que se encargara de hacer pagar a todos; pero, descontado el salario del recaudador, aún ingresaba menos que antes, así que tuvo que incrementar la contribución de todos a cien maravedíes y volvió a entrar dinero en las arcas.
Los siervos ya comenzaban a encontrar muy costoso el pago, sobre todo si algún año iban mal las cosechas, los lobos mataban demasiadas ovejas, o los zorros gallinas. Así que comenzaron a hacerse el remolón a la hora de pagar y, cuando llegaba el recaudador, todo eran excusas y demoras, si no negativas de pago.
Como el recaudador no tenía fuerzas para desempeñar sus obligaciones recaudatorias; El Señor Conde tuvo que contratar dos alguaciles, para lo que se vio en la necesidad de aumentar el pago a ciento cincuenta maravedíes, aunque con la contrapartida de controlar la población de lobos y zorros y defender a los siervos de los salteadores y malhechores que pululaban por los campos y caminos.
El pago era cada vez más penoso, el malestar entre el pueblo era creciente, pero no se atrevían a enfrentarse a los alguaciles, hasta que llegó un día en que se reunieron unos cuantos vasallos indignados, se negaron a pagar y propinaron una buena tunda al recaudador y a los alguaciles.
El Señor Conde, al que la economía le comenzaba a ir mejor, se vio en la necesidad de contratar a unos mercenarios, de las mesnadas de un feudo vecino, avezados en las batallas y en la represión de revueltas, así como un contable y unos administrativos. Pero para poder pagar al recaudador, la soldada de los mercenarios y los funcionarios no tuvo más remedio que elevar las gabelas a los doscientos cincuenta maravedíes.
Los mercenarios se encargaron de dar su merecido a los revoltosos que apalearon al recaudador y los alguaciles y, desde entonces, todos cumplieron con el pago; y el que no, los mercenarios fuertemente equipados y armados, confiscaban todas sus pertenencias y los echaban de sus modestas viviendas, eso cuando no los molían a palos también.
A causa de esto muchos dejaron sus labores al no dar para vivir y menos para poder pagar los impuestos, disminuyó la producción agropecuaria y consiguientemente los ingresos del Conde, que tuvo que seguir en la escalada de tasas y mercenarios para mantenerlos. 
Y aquí acabaría el cuento; aunque visto lo visto, tengo mis dudas y “va a ser que no”. 

sábado, 11 de abril de 2015

Dónde están las llaves


Éste "cantocuento" lo escribí para el libro de su primer cumpleaños a mi nieto Óscar y es el protagonista. Resulta que era muy mal comedor, pero no de chocolate precisamente, y le encantaban las cosas con botones que apretar, como mandos o móviles.
(Ahora come mejor, y lo de los botones se le da como nunca)





DÓNDE ESTÁN LAS 
LLAVES
Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final



Iba yo caminando por un caminito alante, caminito alante, cuando debajo de un puente descubrí a un joven elegantemente vestido, con ropajes de seda y oro, durmiendo entre desperdicios y restos de cajas de embalaje.
Le desperté y le pregunté quién era y me respondió que era un príncipe y que llevaba ya una semana viviendo bajo el puente.
-¿Y cómo es eso? –le dije- ¿Acaso no tienes donde vivir?
Y me respondió:
- Yo tengo un castillo, matarile rile rile, Yo tengo un castillo matarile rile rón, Chin pón
- Entonces ¿Cómo es que no estás viviendo en él?
- Porque no tengo las llaves
Le pregunté:
- ¿Dónde están las llaves?
- En el fondo del mar matarile rile rile, En el fondo del mar matarile rile rile rón, Chin pón
Me contó que había ido de pesca con una barca y había picado un gran atún blanco, tan grande que acabó volcando la barca y; todo lo que llevaba en ella, incluidas las llaves, se había hundido. Él se había podido salvar agarrándose a los remos de madera que flotaban por allí, hasta que pudo llegar a la orilla.
Ofrecía una real recompensa a quien recuperara sus llaves y ya había varios candidatos para bucear en su busca.
- ¿Quién irá a buscarlas?
Y el príncipe me respondió:
- Pues que vaya Óscar matarile rile rile, Pues que vaya Óscar matarile rile rile rón, Chin pón
Óscar se llegó nadando hasta el lugar que le había indicado el príncipe y tras varias zambullidas a pulmón libre acabó emergiendo llevando en la mano un manojo de llaves de oro que brillaban al sol.
Entonces le pregunté al príncipe:
- ¿Qué le vas a regalar?
Y me respondió:
- Una espuerta de ratones matarile rile rile, Una espuerta de ratones matarile rile rile rón, Chin pón
Le dije
- Eso no le gusta a él
-Pues entonces- me dijo- Papillitas de verduras
- Eso no le gusta a él
- Una cosa con botones.
- Eso si le gusta a él
- Y de postre chocolate
- Eso si le gusta a él matarile rile rile, eso si le gusta a él matarile rile rile rón Chin pón
Y así, todos, tan contentos.
El príncipe pudo al fin entrar en su castillo, darse un baño y cambiarse de ropa porque después de tantos días ya comenzaba a oler mal.
Y Óscar se quedó tan feliz apretando botones que se encendían y se apagaban; mientras, con la cara llena de churretes marrones como pinturas de guerra, daba buena cuenta del delicioso chocolate que le había regalado el príncipe.  


DÓNDE ESTÁN LAS LLAVES

Neptuno se rebusca en el bolsillo
y, de pronto, se encuentra un agujero.
Le asalta un sobresalto pasajero
pues no encuentra las llaves del castillo.

Intenta penetrar por un portillo,
pero escucha a un hipocampo consejero
y al final va y avisa a un cerrajero
para que fuerce o rompa su bombillo.

Se perdieron las llaves y el llavero
que eran de aguamarinas y oro fino;
pero yo, buceando persevero;

que hallar espero, en bosque coralino
o en un pecio que en tiempos fue un crucero,
un tesoro que apañe mi destino.



El medio pollico


Otro cuento de tradición oral que, de niño, me contaban al amor de la lumbre y que he podido reconstruir (espero que con buena fortuna)
 La verdad es que de niño no te planteas cómo es posible que quepan tantas cosas en el culico de un medio pollico, ni que siga vivo. Y de mayor es mejor dejarlo estar como está y no planteárselo. Aunque la duda te asalta, especialmente cuando intentas rellenar un pollo para hacerlo al horno y te sobra relleno. 

Puede escucharse mientras  
 se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie

Y, para esta grabación, cuento con la 
valiosa participación de mi nieto Eric 
como El Medio Pollico

EL MEDIO POLLICO


Había una vez en un pueblo muy pequeño unas vecinas que decidieron echar una llueca a medias y repartirse luego los pollitos. Una puso la gallina y la otra los huevos; pero con tan mala fortuna que todos los huevos, menos uno, resultaron hueros y el problema era cómo hacer el reparto.  Acudiendo a una solución salomónica decidieron partir el pollico en dos, medio para cada una, y así lo hicieron.
Una de ellas dio buena cuenta de sus ganancias, invirtiendo sus menguados beneficios en cocinar un arroz con pollo, pero la otra lo dejó suelto por el corral y así fue creciendo.
Un buen día, el medio pollico se encontraba en el basurero escarbando como de costumbre y, de pronto, se encontró una moneda de oro; la miró, le sacó brillo y se la quedó mirando entusiasmado por su hallazgo. 
Pasaba por aquel lugar el Príncipe de aquel reino y, viendo al medio pollico con la moneda de oro, le dijo 
–Si me das esa moneda te invito a merendar pan con queso en palacio.
El medio pollico le entregó la moneda y se dispuso a hacer el largo camino que llevaba desde la granja al palacio.
Iba caminando, caminando, cuando se encontró con una zorra que le dijo:  
-¿dónde vas medio pollico?  
-voy a palacio que el Príncipe me ha invitado a merendar pan con queso 
-¿me dejas que vaya contigo? 
-Si; da media vuelta y métete en mi culico
 y así lo hizo la zorra.
Más adelante se encontró un arriero con una recua de caballerías cargadas con tinajas y le preguntó; 
 -¿dónde vas medio pollico?  
-voy a palacio que el Príncipe me ha invitado a merendar pan con queso 
-¿me dejas que vaya contigo? 
 -Si; da media vuelta y métete en mi culico  
y así lo hicieron arriero y reata.
Cuando llegó al río que había de cruzar para llegar a palacio, éste le preguntó;  
-¿dónde vas medio pollico?
-voy a palacio que el Príncipe me ha invitado a merendar pan con queso 
-¿me dejas que vaya contigo? 
 -Si; da media vuelta y métete en mi culico,
 el río hizo lo que le había dicho y así el medio pollico pudo atravesar a pie enjuto y llegar a palacio.
Cuando llegó a palacio preguntó por el Príncipe y expuso el motivo de su visita. Los guardias fueron a informar al Príncipe y éste dijo 
–Éste se cree que lo voy a invitar a merendar, llevadlo al gallinero y dejadlo allí,  
y así lo hicieron.
En el gallinero los gallos se acercaron amenazantes con intención de atacarlo y el medio pollico dijo 
–zorra sal, que hay que matar
y la zorra, saliendo de su culico dio buena cuenta de gallos y gallinas, se dio un buen festín y se marchó tan campante.
Al día siguiente cuando vieron al medio pollico picoteando en el gallinero y todo el gallinero arrasado fueron a informar al Príncipe y éste dijo; 
-metedlo en una tinaja de aceite y que se ahogue 
y así lo hicieron bajándolo a la bodega y en una de las muchas tinajas de aceite que tenían almacenadas lo zambulleron y poniendo la tapa lo dejaron.
El medio pollico, al ver que se hundía, gritó 
–arriero sal, que hay que cargar, 
salió el arriero y con sus caballerías fue vaciando todas las tinajas de aceite dejó al palacio sin una gota, y se marchó tan satisfecho con su carga.
Al día siguiente cuando bajaron a la bodega y vieron lo que había pasado y que el medio pollico estaba tan telendo fueron corriendo a decírselo al Príncipe, éste dijo  
–ya estoy harto de ese medio pollico, metedlo al horno y me lo comeré asado.  
Encendieron el horno, metieron al medio pollico y cerraron la puerta. En menos que canta un gallo el medio pollico dijo 
–río sal, que hay que apagar
el río salió, apagó el horno y además, de paso en su camino a su cauce natural, se llevó medio palacio. 
El Príncipe tuvo que admitir que las promesas deben cumplirse si no quieres tener problemas y no tuvo más remedio que dar su pan con queso al medio pollico que disfrutó mucho con aquella merienda.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Corre sillas, corre coches, buenos días y buenas noches.




viernes, 10 de abril de 2015

El comprador de pájaros

Un nuevo cuento. No sé por qué todos me salen 
con moraleja, pero... ¿Qué le vamos a hacer?
EL COMPRADOR DE PÁJAROS

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Había una vez un príncipe desagradable de carácter y más bien feo, porque no todos los príncipes tienen que ser gentiles y agraciados.
Andaba un día cazando con su ballesta y ya llevaba tres palomas y dos perdices; cuando, de pronto, se encontró con un raro personaje, un anciano de sayo raído y luengas barbas blancas.
El príncipe, altanero y con tono desabrido, le dijo:
- ¿Qué haces aquí en mi bosque? ¿No serás un cazador furtivo? Si es así haré que te corten la cabeza.
- No, Su Alteza Real – respondió – No soy cazador, soy el Comprador de Pájaros y, si os parece bien, quisiera comprar esos que lleváis al cinto.
El príncipe, que no andaba muy bien de fondos; porque no todos los príncipes gozaban necesariamente de lujos y riquezas, pensó que unos cuantos ducados no le vendrían mal, y le respondió:
- Está bien, por diez ducados te los vendo.
Así que le entregó las aves, cobró sus diez ducados y el anciano se marchó perdiéndose en el bosque.
El príncipe pensó que tendría que volver a cazar para llevar algo de comer al castillo y siguió con su ballesta. Esta vez había cazado dos patos de una bandada que volaba, en formación en uve, hacia el Sur. 
Con eso ya tendría suficiente, pensó, y cuando se disponía a regresar, se volvió a topar con el Comprador de Pájaros que le dijo:
- Si Su Alteza Real quisiera venderme esos dos patos le estaría muy agradecido.
- De agradecido nada – respondió de malos modos – valen diez ducados cada uno.
El anciano, sin vacilar, echó mano de su bolsa y sacando dos monedas de a diez se las entregó. Tomó los dos patos y se internó entre la espesura.
Pero esta vez el príncipe, intrigado, se puso a seguirlo y vio como los patos recobraban la vida en sus manos y echaban a volar en pos de su bandada.
El príncipe reparó en que aquello podía ser una fuente segura de ingresos, la bolsa del anciano se veía muy abultada, y siguió la caza.
Sobre él planeaba majestuosa un águila real, y se dijo:
- Si por cada pato me ha pagado diez ducados ¿Qué me pagaría por esta presa?
Ni corto ni perezoso, se echó en cara la ballesta cargada y disparó, abatiendo a la rapaz.
De nuevo se encontró con el Comprador de Pájaros e, inmediatamente, le espetó:
- Te la vendo, pero tendrás que pagarme cincuenta ducados.
- Eres ambicioso y cruel, además acabas de abatir a la reina de las aves y eso merece, no cincuenta ducados, sino un castigo. Te convertirás en una presa para los cazadores y las aves de presa, así aprenderás lo que se sufre y lo que es vivir con miedo.
Inmediatamente el águila revivió y emprendió el vuelo. El príncipe se convirtió en un arrendajo que, volando torpemente, se ocultó entre unas ramas bajas.
El Comprador de Pájaros se perdió entre los matorrales y el príncipe-arrendajo pasó sus días huyendo de los cazadores y de las rapaces, siempre con miedo de ser blanco de una flecha o presa de unas garras.

jueves, 9 de abril de 2015

El retorno del Rex

Con este cuento de calibre "XL", se acaba la serie de cuentos agrupados en "Dos docenas de cuentos frescos" y dirigidos, según su calibre a distintos tramos de edad. Espero que hayan sido de vuestro agrado.



El retorno del Rex

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Grande fue la sorpresa al ver aparecer un dinosaurio en medio de Central Park, aunque más grande fue la sorpresa del dinosaurio por todo lo que pudo ver en este planeta que habitamos.
Una mañana temprano, serían las 8 AM, entre Cedar Hill y Burns Lawn, muy cerca del Museo de Historia Natural, apareció de la nada un Tiranosaurio Rex. El pánico hizo huir a los pocos ciudadanos que, haciendo sus ejercicios matinales, corrían por el Parque. 
La alarma se extendió rápidamente, llegando hasta el Presidente. Se decidió montar un cerco de seguridad con carros de combate y lanzamisiles, que mantuviera además alejada a la prensa, la TV y los curiosos pero, en la distancia, sin ser vistos. Se estableció también un control de vigilancia que controlara todos los movimientos del dinosaurio.
Mientras tanto el Rex estaba muy tranquilo observando los alrededores y las enormes y densas edificaciones que rodeaban el parque. Había elegido este lugar, aunque había mayores zonas forestales o selvas en el planeta, por su proximidad a aquella macrociudad y al Museo de Historia Natural.
Sus cortos brazos manipularon un objeto que colgaba de su cuello y, de la nada, se materializó un gran cilindro metálico, parecido a un tonel, extrajo de él un recipiente y comenzó a comer lo que contenía.
Mientras tanto, desde un ojo orbital, hacía una exploración del planeta comprobando la destrucción del medio natural y la extensión de la construcción, así como el derroche de alimentos y energía en las grandes ciudades frente a la miseria de aldeas y ghettos.
Rex controlaba el ojo orbital así como los micrópteros que se colaban por todos los edificios importantes y, especialmente, en el museo.
Y así se mantuvo la tensa situación durante horas y horas, en las que Rex hizo aparecer y desaparecer un cubículo en el que entró durante unos minutos, comió otras dos veces y se estiró sobre el césped durmiendo profundamente. En el cinturón de seguridad nadie se atrevió a acercarse y mantuvieron la discreta vigilancia.
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Pero vayamos a otro tiempo más lejano y entenderemos lo que pasó y el porqué de la presencia del dinosaurio en nuestro planeta.  
Hace setenta y cinco millones de años, los sistemas de vigilancia de los planetas exteriores, Sol7 y Sol8, detectaron la presencia de un gran meteorito que se aproximaba al centro del sistema. Los observatorios de Sol3 calcularon que en seis meses el bólido alcanzaría el planeta y se decidió evacuar a toda la población y llevarla a un nuevo planeta no habitado, Sirio4. Así que se aprestaron naves suficientes para transportarlos a su nuevo destino. No obstante muchos de los habitantes del planeta, dispuestos a no abandonar su tierra y esperando que las previsiones catastróficas fueran exageradas, decidieron permanecer en Sol3.
Las previsiones se cumplieron y el planeta quedó totalmente inhabitable durante millones de años.
Mientras tanto, los colonos de Sirio4 habían montado una nueva civilización adaptada a los recursos del planeta y pasaron millones de años más hasta nuestros días en que, a instancias de los historiadores y científicos, decidieron enviar un explorador a su planeta natal, para que comprobara si habían sobrevivido algunos de los que se quedaron y la habitabilidad del mismo; por si podían regresar o, al menos, montar una colonia. Para esa misión se eligió a Rex y ahora estaba descansando plácidamente en el césped de Central Park.
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Los observadores quedaron muy sorprendidos al ver que el dinosaurio volvía a manipular el colgante que llevaba al cuello y, tal como había aparecido, desapareció sin dejar rastro alguno de su presencia. Posteriormente se difundió la teoría de que había sido una alucinación colectiva, un montaje con un robot gigante o una holografía y ya no se volvió a hablar del tema.
Mientras tanto Rex, en su nave espacial, manipulando con sus cortos brazos el colgante puso rumbo a Sirio4 mientras redactaba el informe que presentaría al Consejo y que, entre  otros muchos datos, decía:
“..... El planeta es estable geológicamente y no se detectan amenazas externas al menos en unos siglos, por lo que podría volver a ser habitado.....”
“.....En este momento Sol3 se encuentra plagada por unos parásitos que destruyen el medio natural y a ellos mismos. Parece que no les importa destruir su ecosistema.... “
“.... la idea que tienen de nosotros, por los restos mortales hallados de aquellos que no quisieron evacuar el planeta durante el éxodo, y que conservan irrespetuosamente expuestos al público, es que éramos una especie primaria y agresiva, sin una pizca de inteligencia.... “
“....por todo ello considero que es totalmente desaconsejable su colonización si antes no se fumiga su superficie, aunque yo propondría dejarlos seguir con su evolución natural y en no más de un siglo se habrán autoexterminado y podríamos ocupar nuevamente nuestro antiguo planeta sin problemas.....”

miércoles, 8 de abril de 2015

Viaje al Sol

Viaje al Sol






¿Le apetece a alguien una patata asada con energía solar o una bolsa de pipas?. Este cuento es el penúltimo de "Dos docenas de cuentos frescos" y el último de tamaño "L"

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El Capitán Intrépid estaba aburrido tras permanecer un tiempo en dique seco, y se empeñó en una nueva y arriesgada misión.
Pretendía comprobar si era posible llegar al Sol y que en su cara nocturna, ya que consideraba que tenía otra cara oscura y fría que mostraba por la noche, podían cultivarse las solanáceas. Así que preparó su nave, cargó unos sacos de patatas para siembra, unas bolsitas de semillas de berenjena y pimiento y, por tener forma de sol y una gran atracción por el astro rey, llevaba también una gran bolsa de pipas de girasol.
Izó la velas y, mano al timón, emprendió el vuelo hacia el espacio abierto. La nave comenzó a elevarse y dejar atrás el puerto. La gente se agitaba a sus pies y se veía diminuta hasta que un grupo de nubes ocultó la tierra. El viento solar, de momento, era favorable hasta entrar en órbita, así que largó todo el velamen y esperó a llegar a la altura apropiada para fijar el rumbo al Sol.
Una vez en órbita estacionaria preparó todo para navegar a barlovento, contra la dirección del viento solar que debía inflar las velas, recogió el ancla orbital y emprendió la larga travesía que le esperaba.
Fueron días aburridos en los que se dedicó a prepararlo todo para cuando se aproximaran al Sol, porque el viento sería mucho más potente y el calor abrasador.
Al pasar por las proximidades de la Luna una nave de Piratas Lunares se acercaba con intenciones de abordar su bajel, y el Capitán les largó un cañonazo de ADVERTENCIA, por lo que al estallar la bala del cañón, ametralló a los piratas con fragmentos de A, D, V, E, R, T, E, N, C, I y A, con lo que los piratas tuvieron que regresar a la Luna con las manos vacías y su nave acribillada por la metralla.
La distancia que faltaba por recorrer era enorme y el vacío del espacio helado. El Capitán puso en marcha los acumuladores de frío recogiendo todo el que podía para usarlo luego cuando estuvieran más cerca al abrasador calor solar.
Durante ese trayecto, aparte de un encuentro con una Bruja del Vacío que pasó muy veloz montada en su cometa, como las brujas de tierra lo hacen sobre sus escobas, no hubo muchas cosas que resaltar. 
En el Puente, el Libro de Bitácora y el Sextante tuvieron la siguiente conversación.
- ¿El capitán está loco o qué? –dijo el sextante - ¿a quién se le ocurre ir hacia el Sol?, nos abrasaremos.
 - No lo creo, el Capitán ha escrito en mí que piensa llegar por la noche, para atracar en la cara fría y oscura, en el lado que no se ve desde la Tierra. Así que no te preocupes que él ya sabe lo que tiene que hacer.
Ya estaban muy cerca de su destino pero tenían enfrente la cara ardiente y el calor en el puente de mando era ya casi insoportable. El Capitán puso en marcha la refrigeración con todo el frío acumulado durante el largo viaje por el vacío y, durante unos días la temperatura fue más soportable, pero las reservas de frío se iban agotando y la cara oscura del Sol no aparecía, siempre estaba enfrente la cara ardiente y comenzó a subir la temperatura hasta niveles tan alarmantes que el Capitán pensó en regresar, pero aún tenía la esperanza de poder sembrar la cara oculta con todo lo que llevaba. Revisó el saco de patatas y las bolsas de semillas y descubrió que con aquel calor se habían vuelto inútiles para la siembra.
Las patatas estaban asadas y, aunque deliciosas como pudo comprobar, no servían ya para otra cosa que para comérselas, las pipas de girasol estaban tostadas y, aunque sin sal, estaban en su punto, y las demás semillas debían haber seguido el mismo camino. Así que era inútil empeñarse en llegar a su destino y, rápidamente, tomó el timón y puso el barco en dirección a sotavento y el fuerte impulso del viento solar le envió a una enorme distancia en pocos minutos. Mientras tanto, el Capitán almacenó todo el calor del Sol que pudo para la calefacción durante el viaje por el vacío.
Sin más incidentes que resaltar, salvo una invasión de los Monos de los Meteoritos, que tuvo que dispersar a guantazos, y un nuevo intento de asalto de los Piratas de la Luna, a los que repelió nuevamente con un cañonazo de ADVERTENCIA, llegó a puerto en donde fue recibido multitudinariamente, como un héroe.
En la recepción que le concedió la Reina, le hizo obsequio de una bolsa de patatas asadas y un cucurucho de pipas que fueron muy del agrado de la soberana, que le condecoró con la medalla del Sol y las Estrellas.
Y allí quedó en el puerto, en dique seco, soñando con nuevas expediciones como: ordeñar a la Vía Láctea o pescar Piscis en Acuario.