viernes, 29 de mayo de 2015

El obispo y el cura

Hay muchos cuentos en que los pícaros acaban saliéndose con la suya, éste es uno de ellos.

EL OBISPO Y EL CURA

Era una vez un pueblo que se había quedado sin Cura y todos los vecinos estaban esperando la llegada de uno nuevo.
Un día pasó por allí un caminante, con más hambre que un maestro de escuela y lo confundieron con el sacerdote que esperaban, lo llevaron a la iglesia y le hicieron entrega de las llaves y de la vivienda. Además, contentos con la llegada, le llevaron de todo tipo de comestibles: pan, harina, azúcar, huevos, pollos, chorizos,…
Él, al encontrarse que tenía comida y estaba bien acomodado en la casa del Cura, decidió quedarse y seguir el engaño aunque cosas de iglesia no sabía. Lo único que sabía era que todas las mañanas debía decir Misa y, como Dios le dio a entender, intentó hacerlo lo mejor que supo.
Se levantaba temprano, se revestía en la sacristía y, ya en la iglesia, levantaba los brazos al cielo y, solemnemente,  pronunciaba la palabra:
- Misa 
y volvía a su casa satisfecho del deber cumplido.
A los fieles esto no les acababa de convencer y poco tardaron en denunciarlo al Obispo.
El Obispo, en un hueco de sus muchas obligaciones, al cabo de unos meses, llegó al pueblo para hacerle un examen.
El pobre cura estaba cagadico de miedo y cuando ya pensaba en poner pies en polvorosa y salir huyendo del pueblo, un pastor le dijo: 
- No se preocupe señor cura que eso lo arreglo yo
Y quedaron en que se haría pasar por el Cura en el examen. 
El Obispo dijo que iba a ser un examen por señas y así fue.  
El Obispo sacó un dedo, el pastor dos,  
el Obispo tres y el pastor cuatro, 
el Obispo sacó los cinco dedos y el pastor cerró el puño, 
el Obispo con su mano hizo un agujero y el pastor lo hizo más grande con las dos manos juntas. 
Finalmente el Obispo dijo a los feligreses 
- Tenéis un buen   sacerdote; le he preguntado  por Dios Padre y ha dicho que no hay que olvidar al Hijo,  yo le dije que tampoco se puede olvidar al Espíritu Santo y me contestó que también teníamos a la Virgen María,  yo le he dicho que no nos olvidamos de San José y ha contestado que todos se reúnen en un puño,  le he dicho que Dios nos ve por un agujerito pequeño y ha contestado que no importa el tamaño.
Mientras tanto  el pastor en casa del cura le decía; 
- Me ha dicho que me metía un dedo por el culo, yo que dos él que tres, yo que cuatro, él que cinco y yo que a él el puño entero. Me ha dicho que me iba hacer un agujero así y yo le he dicho que se lo haré doble.
Después del examen del Obispo y su aprobación, siguió muchos años como Cura en aquel pueblo  y puede que hoy día aún esté por allí; si lo veis procurad disimular y no descubrirlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se admiten comentarios incluso anónimamente. Lo único es que no se publicarán hasta su filtrado para evitar cosas indeseables para todos.