PÁGINAS RECOMENDADAS

jueves, 26 de marzo de 2015

La araña Tricotosa

Y el último por hoy de "Dos docenas de cuentos frescos", éste de tamaño XL

La araña Tricotosa
 
Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie


La araña Tricotosa tejía su tela sin descanso, cuando se acercaron a su nido unos escarabajos muy estirados, con maletines en mano que le dijeron: 
- Señora Tricotosa, venimos a hacerle una oferta que puede ser de su interés
- ¿Y cuál es esa oferta?
- Le vamos a comprar toda su producción de tela para las franquicias de nuestra cadena JARA y sedal suficiente para coser las prendas, le ofrecemos un contrato en exclusiva pero debe comprometerse a suministrarnos tantos metros cuadrados y lineales como le vayamos fijando en función de las ventas. Estúdiese el contrato y, si está conforme, déjelo firmado en la JARA más próxima.
Tricotosa se estudió el contrato, los precios y la cantidad de tela a suministrar. Aquello superaba con mucho las posibilidades de producción de sus propias hileras y los precios en moscas por metro estaban muy ajustados. Si quería cumplir con los compromisos de producción debía contratar muchas otras arañas trabajando día y noche por una pequeña parte del precio, porque algún beneficio debía tener ella.  
Preparó una amplia madriguera para alojar a todas las tejedoras que tenía que contratar, suficientemente amplia para que pudieran incluso dormir allí mismo sin perder tiempo. Corrió la voz por los romeros y mejoranas cercanos y pronto tuvo allí una legión de arañas dispuestas a trabajar duro por poca mosca.
Una vez firmado el contrato y entregado en la JARA del barrio, comenzó la producción. Las obreras hilaban febrilmente durante horas sin tiempo casi para dormir ni para comer, aunque esto último no era problema porque, con lo poco que les pagaba, no podían perder mucho tiempo comiendo.
Mientras tanto los escarabajos estaban muy satisfechos, veían cómo las ventas y los beneficios crecían y crecían. Crecían mucho más que cuando eran los gusanos de seda aquellos que proporcionaban la materia prima, porque ahora salía más barata y su fabricación no era tan lenta. Y aunque la calidad y duración de las prendas hubiera mermado sensiblemente, el negocio iba viento en popa.
Cuando tengáis que comprar alguna prenda de vestir tenéis que aseguraros de la calidad y durabilidad y no guiaros sólo por el precio. También hay que reparar en el trato que reciben las arañas que producen el hilo.
Para vuestra información Flip, Willie y Maya acaban de cambiar de tienda y ahora se visten sólo en establecimientos respetuosos con los derechos de las tejedoras.


Pero la cosa no queda aquí, porque Tricotosa consigue algo importante,  
leed y escuchad ARAÑAS

Tim y los alienígenas

De "Dos docenas de cuentos frescos" uno de talla L



Tim y los alienígenas

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al final


Sobre la granja en que vivía Timoteo, al que llamaban Tim y nosotros también le llamaremos así, cada noche había un espectáculo de luces. Tim, que era un niño muy curioso, se apostaba en la terraza con un catalejo para ver a qué se debía aquel despliegue de objetos luminosos, y cada noche se iba a dormir decepcionado porque, aunque veía las luces y sus erráticos movimientos, no podía distinguir qué se ocultaba tras aquellas exhibiciones aéreas.
Cierta noche, una de aquellas luces descendió al prado que había frente a la granja, donde los caballos solían pastar. Una figura de una fosforescencia verde se acercaba, y Tim se quedó paralizado, no se podía mover y se quedó allí muy quieto viendo acercarse a aquella figura que tenía aspecto de lagartija, y escuchó:
- XRPTLÑ LXÑPTZÑY 
Tim, paralizado como estaba, no pudo más que pensar:
- ¡Dios mío!, ¿qué bicho es éste?
Aquel ser se acercó y le puso algo como dos tapones en los oídos, entonces pudo oír:
- Yo no soy ningún bicho como estás pensando, Soy Juan Gómez y vengo de un universo paralelo
- No puede ser – pensó Tim – Estoy soñando
- Pues sí puede ser y no estás soñando. Acabo de llegar desde las mismas coordenadas en mi universo, y veo que aquí sois diferentes, pero esto también debe ser España, ¿No? 
- ¿Como que somos diferentes?, ¡El que eres diferente eres tú!
- Ya veo que vosotros habéis evolucionado a partir de los primates, pero nosotros lo hemos hecho a partir de los saurios. ¿No te lo crees?, pues te invito a un viaje en mi disco y veras en donde vivo.
Lo tomó de la mano y Tim no se resistió. Lo llevó a su nave, que era como esos platillos volantes que salen en las películas y los cómics, treparon por una rampa y se encontraron en una sala brillantemente iluminada. Por allí no se veía a nadie más y Tim pensó que debía ser una nave privada de uso individual, aunque había dos butacas extrañas con un agujero en la parte de atrás del asiento. Juan le hizo sentar en una de ellas y le abrochó un cinturón. Él también se sentó en la otra butaca, acomodando su cola, y Tim comprendió la utilidad del agujero. Un panel con botones luminosos en varios colores extraños se extendió desde la pared y manipuló unos cuantos de ellos. Hubo como una sensación de vértigo y como un apagón que duró escasos segundos.
El panel de los botones se replegó y desapareció en la pared frontal, Juan se levantó, le soltó el cinturón y le invitó a seguirle. Cuando estuvieron fuera, al aire libre, Tim inspiró y todo le olía como en su granja. 
Allí era de día, bien de mañana, mientras que acababan de partir en la nave cuando era recién anochecido.
Enfrente había una casa parecida a la suya, tirando de un arado vio algo así como una especie de gorilas, aunque también vio un carro tirado por caballos.
Tim no tuvo que decir nada, sólo lo pensó, pero Juan supo lo que pensaba y le dijo:
- No te preocupes por tus antepasados, los tratamos bien y no les falta el alimento, el descanso y la diversión.
Quien conducía el carro era una especie de lagarto verde, igual que el que manejaba el arado y que Juan, aunque presentaban algunas diferencias en cuanto al tamaño y las extremidades; los dos se le quedaron mirando sorprendidos. Tim pudo oír lo que dijeron:
- ¡Vaya! ¿Qué bicho es ese que te traes?, ¡Ah! Perdona que te llamemos bicho, no te ofendas, pero es que no sabemos ni tu nombre ni lo que eres.
 Juan les aclaró todo y se lo llevó a casa. Todo parecía igual que en la suya, salvo pequeños detalles; como las sillas, que eran parecidas a las de la nave y también los sillones y camas. La televisión la veía borrosa y de unos colores que le dañaban la vista, hasta que Juan le puso unas gafas especiales y pudo ver un programa en que unos lagartos debatían sobre si los circos deberían llevar monos o no, y si se permitían las corridas de rinocerontes.
Se acercaba la hora de comer y, puesta la mesa, Juan sacó de la cocina unos cuencos con una sopa de verduras que estaba muy buena. Lo que Tim no quiso ni probar, aunque le dijo que eran muy frescas y crujientes  fueron unos rollitos de pasta rellenos de verduras y empanados con caviar de hormiga enana.
Después de comer fueron a los corrales y ensillaron un Pterix que estaba comiendo en un pesebre, Juan dijo:
- No te debes preocupar, es un transporte muy seguro y el único que se usa para los desplazamientos a la ciudad. Y tengo que aclararte algo que veo que pica tu curiosidad. Las naves de disco sólo se usan en viajes espaciales o en desplazamientos a los planos paralelos a través de las puertas dimensionales.
Se subieron a la silla y el Pterix emprendió el vuelo agitando sus enormes alas membranosas y, tras sobrevolar campos de cultivo y algún bosquecillo, llegaron a una gran ciudad de altas torres rematadas con algo parecido a cebollas multicolores. Sobre la ciudad aleteaban muchos Pterix que iban ocupados con sus pasajeros y demostraban una gran habilidad para no chocar en vuelo.
Dijo Juan
- No podemos bajar porque, aunque no está tajantemente prohibido, no se ve bien traer nada de las otras dimensiones, salvo muestras para analizar, pero quería enseñarte mi ciudad y, como ésta, hay muchas más y mucho mayores. Ahora será mejor que regresemos a casa, porque muy pronto va a anochecer.
- Entonces me tendrás que llevar a casa, porque me estarán echando de menos - dijo Tim
- No es posible, la puerta dimensional sólo se abre por una interferencia espacio-temporal, que únicamente se produce cuando en tu casa es de noche y aquí de día, así que te tendrás que quedar a dormir y en cuanto amanezca te llamo y nos vamos. 
Llegaron a casa y Tim no quiso cenar una hamburguesa de carne a la plancha, porque no sabía de qué podía ser y sólo tomó un poco de pan con tomate, que eso si era identificable. Pensó en lo bien que le iría para dormir una buena taza de leche calentita, pero se quedaría con las ganas
Al poco entró Juan con una jarra de leche recién ordeñada.
- Disculpa que no haya pensado en eso; nosotros, como no somos mamíferos, no la gastamos. Pero como tenemos vacas amamantando a sus terneros te he podido traer esta jarra, aunque me ha costado mucho sacarla y es que yo no sé cómo hacerlo.
Tim le dio las gracias, se tomó un buen vaso y se fue a dormir. La cama era cómoda, pero se le colaba un pie por el agujero que tenía en el centro, aun así se quedó como un leño.
A la mañana siguiente se despertó sobresaltado, los gallos cantaban en el corral y se dijo que ya era hora de que Juan le llevara de vuelta, pero no aparecía por allí aunque esperó un buen rato. En su casa ya debía estar anocheciendo, pensó, y sería mejor no perder tiempo.
No reparó en que la cama no tenía ningún agujero, al igual que la silla que tenía a su lado. Se vistió a toda prisa y salió al exterior. Allí vio a su padre dando de comer a las gallinas, y se quedó muy sorprendido.
- ¿Cuándo he regresado? - pensó
- ¿Ha sido todo un sueño?
- ¿Sólo ha pasado esta noche?
Se quedó con la duda, pero siempre recordará aquel fantástico viaje, especialmente cuando se para en el porche con su catalejo mirando las evoluciones de los objetos luminosos que cada noche aparecen por allí.
Una cosa que cambió en su comportamiento es que, cuando ve una lagartija, ya no intenta cazarla como hacía siempre, para ver cómo se desprende de su cola, cómo ésta se mueve convulsivamente y cómo le vuelve a crecer como si tal cosa.

La oveja Negra




De "Dos docenas de cuentos frescos" uno de calibre M.


Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie
La oveja Negra




Blanca y Negra eran dos corderitas hermanas, Negra se llamaba así, no porque fuera de ese color, sino para poder diferenciarla de su hermana y de la mayoría de las corderitas del rebaño, que también se llamaban Blanca.
Aquella Blanca resultó ser una enredadora y bromista tremenda; siempre estaba haciendo alguna trastada, pero se las ingeniaba para que todas las culpas recayeran sobre Negra. Todos los intentos de ésta por aclarar las cosas y defender su inocencia eran ignorados, y llegó un momento en que el rebaño ya daba por hecho que, pasara lo que pasara, Negra era la culpable.
Blanca, después de lamerla, tiraba por tierra la sal que el pastor ponía sobre una piedra y las demás ovejas debían lamerla mezclada con tierra, ponía arrancamoños a otras ovejas mientras dormían por lo que se les hacían unos grandes enredos en su lana, Al carnero no le dejaba dormir en paz y, como únicamente se diferenciaba de su hermana por el nombre, y no por el color u otro signo, siempre era Negra la que recibía las reprimendas y los castigos.
Así pasaron los años y, aunque Blanca se había hecho ya adulta, seguía con sus trastadas y Negra recibiendo las culpas. Así que un día decidió abandonar el redil y dejó atrás a Blanca y al resto del rebaño que tan mal se habían portado con ella.
Blanca, que no era nada tonta pese a ser oveja, comprendió que la marcha de Negra la dejaba sin nadie al que culpar de sus propios actos y que, si seguía comportándose como solía hacer, acabarían descubriendo que todo el tiempo había sido ella y no Negra la culpable de todas las maldades.
A partir de aquel momento comenzó a comportarse bien y dejó de hacer travesuras, lo que reforzó en el rebaño el convencimiento de que era Negra la culpable de todo porque, desde su ausencia, la vida en el rebaño transcurría plácida y sin sobresaltos.
Si alguna vez os dicen de alguien que es “la oveja negra”, desconfiad y no lo deis por cierto hasta haberlo comprobado por vosotros mismos.









Las doce uvas de la suerte

De "Dos docenas de cuentos frescos" uno de tamaño S







Las doce uvas de la suerte
Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie


Había una vez un racimo que maduraba al sol de Agosto mientras que unas de sus uvas decían:
Nos cubren con una bolsa para protegernos del frío y de los insectos
Nos abonan y nos riegan
Y nos cuidan con cariño
Es que somos las mejores
Y más jugosas
Y de piel más fina
Y más redonditas
Y más llenas
Y de color más delicado
Y sin manchas
Ni picaduras
Sin pepitas
¡Y somos las uvas de la suerte! –dijeron las doce al mismo tiempo
Cuando estaba ya maduro, cortaron el racimo y, con todo cuidado, separaron las uvas, las lavaron, las secaron y las pusieron a las doce juntas en una bolsita de celofana.
Todas estaban muy contentas porque las habían puesto juntas y en un envoltorio tan bonito, decorado con copas de cava, botellas y copos de nieve.
Llegó el día 31 de Diciembre, las llevaron a la mesa del comedor, y entonces dijeron:
Nos traen de fiesta
¡Cuánta luz!
Mira qué manteles más bonitos
¿Y qué me dices de la vajilla?
¿Y la cristalería?
Y hay serpentinas
Y confeti
Y matasuegras
Y cava
Todos están muy contentos
¡Qué detalle hacer esta fiesta por nosotras!
Es que somos importantes
¡Porque somos las doce uvas de la suerte!- dijeron todas al mismo tiempo.
En ese momento comenzaron a sonar campanas y...
nanggg, una
nanggg, dos
nanggg, tres
nanggg, cuatro
nanggg, cinco
nanggg, seis
nanggg, siete
nanggg, ocho
nanggg, nueve
nanggg, diez
nanggg, once
nanggg, doce

Y en ese preciso instante se formó una gran fiesta con felicitaciones por aquí y felicitaciones por allá, fiesta que las doce uvas se perdieron y que, en la tripa de alguna persona, debían estar pensando:
¡Pues vaya suerte!




miércoles, 25 de marzo de 2015

El pastor de Riópar

Alberto López 
de pequeño y que me envió para publicar en la web. Muchas gracias a él y espero que os guste.
Posiblemente este mismo cuento, con variantes se cuente en otros muchos sitios y el pastor será de cada lugar en que se cuenta.



EL PASTOR DE RIÓPAR

 Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie



Una noche de tormenta en los montes de Sierra Morena un pastor, al que no se tenía por especialmente listo, llegó a un cortijo y pidió que le dejasen pasar la noche allí ya que llovía mucho y hacía mucho frío. 
El dueño del cortijo asintió, y viendo al pastor, decidió reírse de él un poco y empezó a preguntarle:
- ¿De donde eres?.
- Pues soy de Riópar.
- Ese pueblo está muy lejos y allí la gente habla de una manera extraña que poca gente entiende.
- Pues yo siempre he estado allí y lo entiendo todo.
- ¿Sabes como me llamo?
- No señor.
- Soy "Dominus Deus".
- Ah, y ¿ésta es su casa?
- Esto no se llama casa, se llama "estoque",
 ¿Sabes como se llama este animal? (señalando al gato).
- Gato, señor.
- Eso es en tu pueblo, aquí se llama "La Res que mata la Rata".
- Ah.
- ¿Sabes como se llama eso que da luz? (señalando al fuego).
- Fuego.
- No hombre no, eso es la "Paciencia".
- Ah.
- ¿Sabes que es eso donde estoy sentado? (estaba sobre la cama).
- La cama.
- Eso será en donde eres, esto es el "potestate".
- Ah.
- ¿Como se dice en tu tierra lo que llevas en los pies?
- Zapatos.
- Aquí se dice " chirlos mirlos".
- Ah.
- ¿Y lo que llevamos en las piernas?
- Pantalones o calzones, respondió el pastor.
- Esto son los "garabitates".
- Pues si que se habla diferente aquí, estando tan cerca de Riópar.
- Éste es el idioma que tendrás que aprender para poder moverte por estas tierras.
- Entonces ¿cómo se llama ésto, Señor? - (señalando a las morcillas que colgaban del techo)
- Esto son las " cien mil vírgenes"
- ¿Y aquello tan grande de allí? (señalando al jamón).
- Eso es el "angelote".
- ¿Tiene un poco de agua para lavarme antes de dormir?
- ¿Agua? ...........
- Si eso que cae del cielo cuando llueve.
- Eso es la  "clarencia" hombre, toma aquí tienes lávate y vamos a dormir.
Después de despacharse a gusto con el pastor se fueron a dormir, y por supuesto no le ofreció de cenar. El pastor que tenia mucha hambre no paraba de mirar al techo viendo la matanza. A media noche y sin poder conciliar el sueño por el hambre se le ocurrió una idea:
Sacó del fuego uno de los leños y lo apagó para que hiciese mucho humo, cuando el cortijo estaba lleno de humo despertó al dueño diciéndole a voces.
- Levanta "Dominus Deus" que estas en el "potestate", ponte los "chirlos mirlos" y también los "garabitates", que "la res que mata la rata", se ha llenado de "paciencia", y como no acudas con "clarencia" se te quemará el "estoque", que yo salvaré a las "cien mil vírgenes" y también al "angelote".
Diciendo esto cogió las morcillas y el jamón y salió corriendo, y nunca más volvió el dueño del cortijo a saber de él.


CARACOL COL COL, Un nuevo "cantocuento""

¿Quién no conoce al Caracol, col, col y no se lo ha cantado a sus hijos o a sus nietos?, pues aquí os lo presento convertido en cuento, en un soneto y, de propina, un pequeño poema. Espero que os guste y os traiga gratos recuerdos; pero que ello no os impida degustar unos buenos caracoles a la llauna, en salsa, picantes o acompañando otros guisos, hasta en Cuaresma, porque el caracol ¿qué es? ¿carne o molusco?






CARACOL COL COL

Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el 
vídeo que figura al pie


El caracol Col Col dormía plácidamente desde la última vez que había llovido. 
Se llamaba Col por parte de padre y Col por parte de madre porque, como todos saben, los caracoles son hermafroditas y, tanto su padre como su madre eran la misma persona que se llamaba Col de primero, Lechuga de segundo, y Col de tercero, cosa muy extraña entre los caracoles porque sólo tenían dos apellidos, pero es que sus padres, es decir los abuelos de Col Col, eran así de graciosos.
Pues, como íbamos diciendo, Col Col dormía dentro de su casa, con la puerta de baba reseca sólidamente cerrada hasta que volviera a llover, en cuyo momento todos los caracoles salen de paseo y a tomar bien fresquitos el sol.
Pues bien; aquel día había llovido mansamente, un sirimiri o un calabobos como se solía decir, y había salido un sol radiante que reverberaba en las gotitas de lluvia pegadas a las hojas.
Todos los caracoles habían roto el precinto de sus casillas y paseaban por el verde pasto, salvo Col Col que, contra lo habitual, seguía durmiendo.
Algunos de sus amigos se extrañaban por que no hubiera salido. Siempre era puntual como un reloj, pero esta vez era el último en abandonar su reclusión. Preocupados por si le había pasado algo malo se acercaron a su casa y comenzaron a golpear las últimas espiras. Col Col, finalmente se desperezó, rompió su aislamiento y asomó la cabeza por la puerta sacando los cuernos al sol. Se había retrasado porque estaba soñando con una caracola de mar, o mejor podríamos decir que estaba sonando, que es lo que suelen hacer las caracolas.
Tras sacar el resto de su único pie, comenzó a caminar bajo la luz del sol vespertino y trepó a una mata de hinojo a mordisquear sus brotes tiernos. Había desplegado completamente sus cuernos, como solía/n hacer su/s progenitor/es y, desde lo alto, lo/s vio a lo lejos. Su @adre estaba comiendo una rica sopita de alfalfa en un gran perol que se había/n hecho con una cáscara de nuez.
Bajó de su ramita de hinojo y corrió lo más rápido que pudo hacia donde había visto a su @adre pero, como los caracoles son más lentos en caminar que en comer, cuando llegó ya no quedaba ni una cucharada de sopita.
Esas cosas pasan cuando uno remolonea y no se levanta cuando debe. 

AHORA UN SONETO

Estás tras de tu tela, caracol,
sumido en un letargo largo y frío,
refugiado en tu casa y atavío
sin sacar tus apéndices al sol

No pienses que pretendo hacerte un gol,
pues no quiere otra cosa el canto mío,
que franquees tu puerta a tu albedrío
y que partas en busca del perol

Ya tus padres comieron sus sopitas
bajo el sol, vaciando la cazuela,
de cebolla, de carne o verduritas

o de un ave casera que no vuela
con fideos, pistones o estrellitas
igual que en otro tiempo hizo tu abuela


Y, DE PROPINA, UN PEQUEÑO POEMA


Un gordo caracol está durmiendo
bajo una espesa mata de romero,
no sé si fue una hora o fueron ciento, 
pero lleva ya mucho en su agujero.
De pronto una gotita le salpica
y se dijo:
-¡Caramba! Está lloviendo.
He de salir antes que cambie el tiempo
 y pegarme una ducha, rica, rica
 y vuelvo luego.

Y salió de su casa, perezoso, 
deslizando su pie sobre la baba, 
y con los cuernos mira, receloso,
las gotas de agua.

Una gotaza enorme, gigantesca, 
aterriza en su concha como un mazo 
y siente en sus entrañas el porrazo, 
a cambio con el agua se refresca.

Una vez limpio, bien fresco y bien dispuesto, 
se retira a su casa hasta que escampe 
esperando salir luego más tarde 
a pasear las hierbas mas jugosas 
y pegarles un tiento y a otra cosa.

Ya dejó de llover, se despereza, 
como buen caracol sale a paseo 
dejando una autopista de babeo 
y a buscar qué comer febril empieza.

Le gusta el trébol y la mejorana, 
no le hace ascos al llantén ni al césped, 
el diente de león come con gana 
aunque el negro pulgón tenga por huésped.

Ya saciado y ahíto busca un claro, 
entre la sombra que el nublado extiende, 
a ver si algún rincón el sol enciende 
para extender sus cuernos al solano.

Al cabo encuentra un claro el caracol 
y tiende sus antenas hacia el cielo 
para cargar sus pilas con el sol,
igual que hizo su padre e hizo su abuelo.

Y recuerda los ratos en familia, 
en torno a aquel perol de rica sopa, 
de tomillo, cebolla o de vigilia,
de ajo, de cebada y otras hierbas, 
o bien de salazones o conservas; 
sus padres, sus hermanos…, ¡vaya tropa!

Su madre, que también era su padre, 
ya no puede guisar en su puchero, 
y aunque tan triste imagen le descuadre, 
ella acabó nadando en ajoarriero.

Le digo al contemplarlo desvalido 
sin madre ni perrito que le ladre, 
y antes que la añoranza le taladre, 
que aquellos viejos tiempos ya se han ido

Y tendrás que buscarte por perol,
la cúpula leñosa de bellota
o bien la cabecilla de ababol
si es que no puede ser de terracota;
y cocinar la sopa como antaño
te cocinaba a ti su santa madre;
porque tú, caracol, si no me engaño,
por más que el calendario no te cuadre,
con todos tus mareos y desganas,
llevas ya de retraso dos semanas
y habrás de cocinarle a tu rebaño.





martes, 24 de marzo de 2015

Fábulas de Campoamor



Ramón de Campoamor y Campoosorio; Nació en Navia, Asturias, el mismo año que José Zorrilla, con quien con frecuencia fue comparado. En su libro "Fábulas" se hallan ya prefigurados y con sus caracteres esenciales los tres géneros que han de ser creados y cultivados por el poeta, sus personalísimas doloras, pequeños poemas y humoradas, por los que es más conocido .
Aparte de "La Carambola" publicada en:  
 (Fábulas de aquellas de la escuela) <<<< Pinchad aquí
aquí incluyo algunas cortas. Hay otras mucho más largas pero uno se cansa de teclear; y, posiblemente, vosotros de leer.


Puede escucharse mientras 
se sigue el texto en el  vídeo que figura al pie

La col y la rosa

Una col en un cercado,
probaba a una rosa bella,
que era tan buena como ella,
y aún de una tierra mejor.

- Mas aunque de cuna iguales,
dijo un pepino, ¡mastuerza!
¿dejarás tú de ser berza,
mientras que ella es una flor?

Instituciones inútiles


Quitó el andamio Simón
después que una casa hubo hecho,
y el andamio con despecho
exclamó: -¡Qué ingrata acción!

A tan necia exclamación
dijo Simón muy formal:
- Quitarte antes, animal
fuera imprudencia no escasa;
mas después de hecha la casa,
¿hay cosa más natural?


El galgo y el podenco

Persiguiendo un conejo de gran traza,
al ladrador podenco dijo el galgo:
- Calla, y no ladres tanto, mala raza,
que maldito sea yo si sirves de algo.
¿A qué venimos - prosiguió - de caza,
si en saliendo la espantas, mal hidalgo?

Así el ruín, que seguirlo en vano intenta,
porque otro no lo alcance, el bien ahuyenta.


El viejo y el mendigo

Rodeado el tío Blas de gente,
dijo: -Vaya un cuento ahora -
y ya iban tres cuartos de hora
cuando él iba en lo siguiente:

- Aunque pobre, el juez prudente
le hizo justicia al momento,
 Y un pobre, que oía atento,
dijo al tío Blas con malicia:
- ¿Pobre y se le hizo justicia?
Dice usted bien: eso es cuento

El piloto y su aprendiz

- ¿De qué modo tan vario, 
 un aprendiz a un náutico decía,
- sigue usted siempre la trazada vía,
ya sea el viento prospero o contrario?

Entonces el piloto le contesta, 
mientras que el otro copia la respuesta:

- Si ves que por la popa arrecia el viento,
sin torcer el timón, recto camina:
si es por la proa, gana el barlovento:
y si es por el babor, marcha en bolina.

Así en el mar del mundo, el buen piloto,
no exponiendo el bajel a innobles tumbos,
por donde quiera que le acosa el noto,
gana puerto también, trocando rumbos.

La abeja, el burro y la rama

La abeja de una rama de romero
formaba su panal de mieles,
mas la rama encontrando en un lindero,
se la comió un borrico.

¡ Pobre rama olorosa
que el blasón iba a ser de los panales,
y ya entre mandíbulas asnales
podrá ser, menos miel, cualquier cosa.!

Moraleja: ¡ Oh qué bien con su ejemplo nos declama,
lo instable del destino,
cuando al ir a ser miel la noble rama,
el pienso quedó a ser de un pollino!