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miércoles, 4 de febrero de 2026

La sopa de piedras


LA SOPA DE PIEDRAS

Otro de aquellos cuentos 
de transmisión oral que 
aprendí de niño y que la 
memoria me ha traido al 
intentar hacer de comer 
y no saber qué hacer. Pero
no tenía esas piedras tan 
especiales.


Un vagabundo en sus muchas andanzas llegó a una aldea y como se acercaba la hora pidió en una casa algo de comer. Como se negaron alegando que no tenían apenas nada, les dijo.
- Déjenme una olla con agua y ya verán como preparo una rica sopa.
Le dejaron la olla, encendió una buena fogata en la plaza y la puso a hervir. Acto seguido sacó de su zurrón tres pulidas piedras que brillaban de tanto usarlas y las echó a la olla. Le dijeron.
- ¿Pero cómo pretende hacer una sopa con esas piedras?
- Ya verán ustedes qué rica sale. Yo las suelo usar muchas veces y nunca me fallan. Y por donde voy siempre quedan muy contentos de cómo queda. Sólo que si añadiera alguna zanahoria estaría mucho mejor.
Le llevaron un manojo de zanahorias y las añadió a la olla, removió y cató el caldo.
- Va muy bien, pero queda algo sosa. Un poco de sal le iría bien. 
Y alguien le trajo sal. Removió y cató nuevamente.
- ¡Hmmm! Muy bien, está quedando perfecta y a punto de sal, aunque con un repollo aún mejoraría mucho.
Un vecino, entre los muchos que se habían acercado a ver qué pasaba, fue a su casa y trajo una gran col que el vagabundo añadió al cocimiento, removió y cató.
- ¡Genial! Ya verán qué buena queda y habrá para todos, que la olla es grande, pero aún estaría mejor con unas patatas.
Alguien acudió con una bolsa de patatas recién cosechadas, las lavó bien en la fuente y las añadió al caldo.
- Falta muy poco para que esté a punto, aunque con un hueso de jamón podría mejorar mucho.
Alguien se acercó con un hueso de jamón que aún tenía bastante tocino y se añadió a la olla. Así se añadieron otros ingredientes que fueron aportando otros vecinos y se acabó de cocinar la sopa. Todos se acercaron con una escudilla y él les sirvió un cucharón a cada uno. Lo probaron y todos se hacían exclamaciones de lo rica que había quedado. Él también comió y quedó ahito. Retiró las piedras, las lavó en la fuente y las guardó en su zurrón.
- Ya habéis visto lo rica que ha quedado. Es que estas piedras nunca me han fallado y dan un sabor exquisito.
Todos los vecinos alabaron lo buena que había quedado y le dieron las gracias efusivamente.
En agradecimiento por prestarle la olla, le dio una de ellas al aldeano y se marchó tan contento a otra aldea. Pero antes se acercó a la orilla del río y se guardó en el zurrón el canto rodado más liso y brillante que encontró.

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