PÁGINAS RECOMENDADAS

jueves, 22 de marzo de 2018

El Fantasma y Doña Pepita

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Llevaba tiempo en secano. No se me ocurría nada para plasmar en el papel o publicar en el blog. Vivía de rentas, publicando largos relatos que ya tenía escritos tiempo ha, pero de cuentos nada.
Me encontraba en esa duermevela que precede al amanecer, abriendo de vez en cuando un ojo para ver en el techo la hora fosforescente que proyectaba el despertador, y volvía a intentar conciliar el sueño. Volvía a abrirlo y, a lo sumo, habían transcurrido cuatro minutos.
Estaba ya decidido a apagar el CPAP, quitarme la mascarilla e incorporarme, cuando una presencia me hizo abrir los ojos de par en par y sacudirme la modorra. Se trataba de El Enano Soplacuentos, acomodado en lo que quedaba libre de mi almohada.
- Hola – dijo lacónicamente.
- Hola igualmente – le respondí, tras darle al botón y quitarme la mascarilla - ¡Cuanto tiempo sin verte! Me tienes demasiado tiempo seco de ideas y ya comenzaba a dudar de tu existencia.
- Pues hablando de eso creo que es muy oportuno el cuento que te voy a soplar. Se trata de una historia sobre creer o no creer, la historia de El Fantasma y Doña Pepita.
Algo se dibujó en mi imaginación como por arte de birlibirloque, me levanté y, sin esperar a que aquella idea impresa en mi mente se perdiera por los vericuetos de la rutina diaria, fui a la cocina, encendí la cafetera, tomé papel y boli y, frente a una taza de humeante café, me puse a escribir lo siguiente.

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EL FANTASMA Y DOÑA PEPITA

Doña Pepita era una solterona, madura y adinerada que vivía en una gran mansión, grande y algo tétrica, heredada de sus antepasados tras muchas generaciones.
Doña Pepita padecía de miedo crónico y extremaba las precauciones porque decía que todo era peligroso. Tuvo que contratar a una cocinera porque temía al fuego, también a los cuchillos que la podían cortar o pinchar, y temía a los tenedores porque pinchaban. De modo que habían de servirle todo previamente troceado para que pudiera comer con la mano o con la cuchara, a la que consideraba inofensiva.
Temía también a las escalera porque podía caer. Y es por ello por lo que nunca subía a los pisos de arriba, aún menos al desván, y vivía únicamente en la planta baja de aquel inmenso caserón.
Tampoco viajaba en coche al considerarlo peligroso y se desplazaba a pie o, a lo sumo, en tren; pero en los vagones del centro, al considerarlos más seguros en caso de choque o descarrilamiento.
Y así era Doña Pepita. Una mujer timorata y poco sociable, recluida en la planta baja de aquella mansión, lo que no impedía que ocasionalmente recibiera visitas de familiares o amistades.
En una de aquellas ocasiones alguien le preguntó:
- Esta casa es muy antigua y es posible que tenga fantasmas ¿No temes nada de ellos?
- ¿Fantasmas? Yo no creo en ellos y, por tanto, no temo que puedan hacerme nada.
Pero; al igual que las meigas, los fantasmas, aunque no creas en ellos, haberlos haylos, y en el desván de aquel antiguo caserón residía, desde tiempo inmemorial, el de un antepasado que no supo hallar el camino de luz que indicaba la salida en el día de su muerte y se quedó allí para toda la eternidad.
El pobre estaba muy aburrido porque nadie, salvo él, se aparecía por allí a contemplar sus apariciones y no tenía a quien asustar. En vano recorría el desván y los oscuros y solitarios pisos altos, agitando airosamente su sábana y arrastrando sus cadenas, hasta desvan_ecerse de nuevo en el desván, como cada noche durante siglos. Nadie se enteraba de sus andanzas nocturnas y menos Doña Pepita.
Una noche, cuando más deprimido estaba por no hallar a quién atemorizar, decidió descender a la planta baja. No le gustaba nada aquella planta, porque en ella siempre había muchas luces encendidas y prefería la semipenumbra, aparte de que su propia fosforescencia podía no ser lo bastante visible. Pero se esperó a que fueran apagando luces y se decidió a explorar aquel terreno desconocido, un tanto asustado. Descendió flotando sobre aquella polvorienta escalera, una escalera no hollada en años y que siguió sin ser hollada porque el fantasma se deslizaba ingrávido a un palmo de los polvorientos peldaños.
Y allí, en el Gran Salón, arrellanada en un muelle butacón, leyendo un libro a la luz de una pequeña lámpara de flexo se hallaba Doña Pepita.
El fantasma se sintió feliz; por fin, después de cientos de monótonos y largos años, ¡al fin tenía a quien asustar!
Y se aprestó a hacer una puesta en escena terrorífica, una aparición escalofriante. Preparó sus cadenas, alisó su sábana y flotó a dos palmos de la gran alfombra persa. Doña Pepita no había reparado en su presencia, abstraída en su lectura.
Acto seguido comenzó a agitar espasmódicamente las cadenas, emitiendo un sonoro
- Uuuuuuuuuuuuuu,
se deslizó flotando suavemente hacia el lugar en donde se hallaba su víctima.
Doña Pepita alzó la vista de su lectura y quedó impasible. Miraba aquel espectáculo sin dar crédito a lo que estaba viendo, pero volvió a su lectura diciendo:
- ¡Bah! No creo en los fantasmas.
El pobre fantasma no sé si rompió a llorar, porque tampoco sé si los fantasmas lloran, pero quedó allí plantado como un pasmarote, de sábana y cadenas caídas y sin saber cómo reaccionar.
Finalmente se retiró a su desván y se desvan_eció en él, y es posible que nunca más vuelva a aventurarse por la planta baja.
En cuanto a Doña Pepita; hay que decir que, tras aquella escena, tuvo ocasión de pensar en lo sucedido, y se dijo:
- ¿Eso era un fantasma? Pues no me ha asustado nada. ¡Claro! Como no creo en ellos no me asustan. Sólo me asusta aquello en lo que creo que existe.
Y desde aquella noche… Doña Pepita dejó de creer en el fuego, en los cuchillos, los tenedores, las escaleras, los coches y mil cosas más. Y dejó de tener miedo.


EL JUEVES PRÓXIMO: ????? (ni yo lo sé)

miércoles, 14 de marzo de 2018

Una momia especial



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El Doctor Arqueolio no daba crédito a lo que estaba viendo cuando, tras hallar la cámara mortuoria de aquella antigua pirámide inacabada, abrió la tapa del sarcófago. Era algo inaudito, un hallazgo sorprendente.
Había dedicado muchos años de estudios, exploración y excavaciones más o menos afortunadas, hasta que acabó dando con aquella tumba de un faraón poco conocido. Se trataba de Neferefre de la V dinastía, que acabó localizando en el extremo sur del yacimiento de Abusir. Y allí se hallaba, ante él, tal como lo depositaron en su tiempo. Alrededor; toda aquella cámara, estaba decorada con escenas de su reinado y numerosos jeroglíficos.
Tenía que estudiar a fondo todo aquello a ver si encontraba una explicación de lo que acababa de ver y que le había resultado de lo más sorprendente.
"Divino el poder de Neferefre" 
Rezaba uno de los jeroglíficos que adornaban la piedra que formaba el dintel de la puerta secreta.
Afanosamente se puso a descifrar todos los jeroglíficos en un intento de descubrir aquel hallazgo insólito
Acabó descubriendo que fue un faraón de corta vida, de muy poca salud, que había pasado su vida entre bronquitis y constipados, que en el palacio habían tenido que poner grandes pebeteros a fin de mantener una alta temperatura en sus dependencias, puesto que no soportaba el frío y sólo se encontraba a gusto en el cálido desierto. Padecía de fuertes episodios de tiritonas, sinusitis y estornudos. Y fue en uno de esos episodios de estornudos en el que, al darse violentamente con la frente en un friso, se partió la cabeza y falleció.
El Doctor Arqueolio comprendió entonces la razón por la cual aquella momia, en lugar de estar envuelta en finas vendas de lino, lo estaba en gruesas tiras de manta de lana para mantenerlo calentito en la otra vida.
Y es que la vida de un faraón, aunque alguien pueda creer que era una vida muelle, de boato y goces, también estaba sujeta a las enfermedades y debilidades propias de cualquier ser humano. En pocas palabras, que el ser faraón no era un momio, aunque se acabara siendo una momia.





EL JUEVES PRÓXIMO: El fantasma y Doña Pepita 
(si no se me ocurre otra cosa)

miércoles, 7 de marzo de 2018

El virus despistado


EL VIRUS DESPISTADO


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Había una vez un virus incapaz de contagiar nada a nadie. Y no era capaz porque no sabía encontrar a sus víctimas. Cuando buscaba a una persona a la que infectar y provocar una epidemia, siempre acababa dando con un mueble, un árbol, un semáforo o cualquier otra cosa incapaz de ser afectada por su virusidad o virulencia.
Estaba desesperado, además de avergonzado, porque los otros virus se burlaban de él. Ellos sí que sabían encontrar su objetivo y hasta le hicieron ir a comprarse unas gafas, pero de nada le sirvieron, seguía igual de despistado y no lograba contagiar ni unas simples paperas.
El día en que más desesperado andaba, el día en que pensaba ya desistir de intentarlo, decidió hacer una última prueba, y también falló. En lugar de dar con una persona humana de cualquier edad o tamaño, acabó dando con un ordenador pensando que, como tenía un cerebro y memoria, sería una persona.
Pero, dentro de su desgracia, aún tuvo suerte.
Sentado sobre la placa base, al calorcillo de la CPU, se estaba lamentando de su desgracia cuando se le apareció un personaje desconocido y casi invisible. No es que él mismo fuera muy visible porque era de un tamaño ínfimo, pero es que éste otro ser carecía de materia.
- Hola ¿Qué te pasa? - le preguntó
- ¿Quién eres tú? -  respondió sorprendido
- Yo soy un virus informático
- Pues yo soy un virus biológico
Y así, de virus a virus, cada cual relató sus problemas.
- Y soy incapaz de encontrar mi objetivo, aún no he podido infectar a nadie.
- Pues yo tampoco puedo entrar en la memoria del ordenador porque hay un antivirus vigilando, pero lo tuyo es fácil de arreglar.
- ¿Y cómo?
- Ahora mismo te facilito un buscador de GPS (Gente, Personas, Sujetos) y con él podrás contagiar lo que quieras.
Así lo hizo y nuestro virus despistado pudo hacer el trabajo para el que había nacido, provocando una epidemia de estornudos como nunca antes se había visto.
No desesperes si no consigues alcanzar tus objetivos, busca ayuda y la podrás encontrar donde menos lo pienses, hasta en un ordenador.



EL JUEVES PRÓXIMO: Una momia especial

jueves, 22 de febrero de 2018

El Rey de los caracoles



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Había una vez un caracol que debía ser el Rey de los caracoles puesto que se alojaba, no en una concha en espiral como todos los demás caracoles que conocemos; sino que, sobre sus hombros, cargaba un castillo con sus torres y sus almenas. Al menos ésa fue la impresión que me dio cuando lo encontré en una tarde lluviosa, tras una clara, cuando es el momento más apropiado para la caza del caracol y ya llevaba media cesta.
Estaba muy atareado, haciendo regresar dentro de la cesta a aquellos que trepaban por el borde tratando de escapar, y recogiendo nuevos ejemplares.
Pero le vi, entre el verde pasto, alzando su almenada concha y deslizándose majestuosamente sobre una refulgente alfombra de baba que brillaba al sol.
No sabía qué hacer. No daba crédito a mis ojos. Me agaché para verlo más de cerca y, no sólo no se replegó al acercarle la mano, sino que siguió avanzando orgulloso, con el cuello erguido y los cuernos rectos, como señalando el camino.
Era, además, de buen tamaño y yo estaba tan sorprendido e indeciso que no hacía más que mirarlo avanzar tan decidido e impasible sobre la hierba. Desde luego aquel caracol era un fenómeno digno de estudio y un ejemplar de interés científico evidente.
En éstas estaba cuando noté que algo frío y húmedo me caía en un pie. Al volverme pude comprobar que todos los que llevaba en la cesta se estaban escapando, algunos ya se alejaban de ella por la hierba.
De modo que me dediqué a hacerlos regresar al fondo, soltando los que ya se hallaban en el borde y volviendo a cazar a los fugitivos que, pasito a pasito, babita a babita, se iban marchando. Pasó un largo rato hasta que logré capturar al último de los huidos.
Cuando me volví hacia el lugar en que había dejado a aquel extraordinario caracol, ya no estaba allí. Había desaparecido y no podía seguir su rastro porque se había mezclado con el de los otros escapados. Busqué por todos lados y fui incapaz de encontrarlo.
Recapacitando luego comprendí que, cuando tienes algo importante entre manos, no debes distraerte con cosas de menor importancia, por muchas que éstas sean.
Pero, finalmente, me consolé con una buena bandeja de caracoles a la parrilla. Porque el que no se consuela es porque no quiere.




EL JUEVES PRÓXIMO: El virus despistado

miércoles, 21 de febrero de 2018

El monstruo de los mil ojos

LOS MIL OJOS

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Todos sabemos que existe el milpiés, aunque nunca entenderé cómo es capaz de andar con todos ellos sin hacerse un lío y no tropezarse continuamente. Al menos yo, con dos solamente, algunas veces he dado un traspiés.
Pues del mismo modo; hace muchísimos y muchísimos años, había un ser al que yo llamo el monstruo de los mil ojos, porque contaba con un millar de ellos repartidos por todo el cuerpo, y eso lo considero monstruoso. Por los fósiles descubiertos se ha podido datar que tuvo una vida muy corta y se acabó extinguiendo a poco de su aparición sobre la Tierra.
Los arqueólogos deducen, por lo reducido de su cráneo, que no contaba con un cerebro muy desarrollado y era incapaz de realizar varias tareas al mismo tiempo, como se dice que le pasa a los hombres, y es por eso que consideran que la causa de su extinción fue el sueño.
Según han publicado en las revistas científicas, al llegar la noche y disponerse a dormir, comenzaba cerrando el primer ojo, luego el segundo, el tercero, y así hasta el ojo número mil. Pero, antes de que acabara de cerrar el milésimo ojo, se hacía de día y tenía que volver a abrirlos uno por uno, con tan mala suerte que, antes de abrir el número uno, ya se estaba haciendo de noche y comenzaba a cerrar el número dos, luego el tres y sucesivos. Así, indefinidamente, se repetía el ciclo y aquel pobre animal acababa muriendo por no poder pegar ojos, sus mil ojos, para conciliar un sueño reparador.
Por eso debemos dar gracias a que la Naturaleza, Dios o el Azar, nos haya dado sólo dos ojos y podamos cerrarlos, además, a un mismo tiempo para poder dormir plácidamente.
No envidiemos al que mucho tiene, porque puede acabar pasándonos como al monstruo de los mil ojos. Mejor es conformarnos con tener lo justo y necesario y saber usarlo con inteligencia.





EL JUEVES PRÓXIMO: El rey de los caracoles

miércoles, 14 de febrero de 2018

El Caballero Audaz






EL CABALLERO AUDAZ








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¿Quién dijo que los dragones comían doncellas y princesas?
Sé de un lugar en que sucedía todo lo contrario. No es que las princesas o las tiernas doncellas devoraran a los dragones, pero sí algo parecido.
Había una vez un condado, no demasiado lejano, en que el dragón; cocinado de todas las maneras imaginables, era el plato nacional y una carne exquisita y muy nutritiva. Eran cazados y consumidos habitualmente y, especialmente en las celebraciones tradicionales en las que se consumían en grandes cantidades, tanto es así que el señor Conde tuvo que dictar una veda para evitar el exterminio de la especie.
Así que sólo se podían cazar los miércoles impares y nunca hembras ni crías que no hubieran llegado a la edad del fuego, aunque los guardas del Señor Conde se encargaban de que no faltaran en las cocinas de su amo algún que otro de los más tiernos, al ser su plato favorito y el más delicioso.
Gracias a aquellas medidas proteccionistas, la población de dragones se mantenía en unas cifras de sostenibilidad y en el país no faltaba un plato de dragón, aunque el precio subió considerablemente.
Así transcurría la vida en aquel lugar , apaciblemente y con una fiesta quincenal, en los días de caza.
Pero la paz y la felicidad no duran indefinidamente. Siempre habrá algo que vendrá a turbar el lugar más tranquilo y la ecología más equilibrada.
Un día apareció por allí un enorme dragón, procedente de algún reino remoto; un dragón que, aparentemente, era de una especie diferente por su tamaño y por su coraza. Con su llegada, los demás dragones abandonaron el lugar para siempre.
Los más valientes cazadores, caballeros y soldados que intentaron cazarlo, acabaron cayendo, el condado quedó indefenso y, lo que es peor, sin suministro de dragones para comer y se tuvieron que conformar con las berzas y otras clases de vegetales, amén de aves y otras bestias de corral o de ganado. Aquel dragón no era como aquellas crías indefensas y vulnerables a las que ellos estaban acostumbrados y que tan fácil les resultaba cazar. Es más, aquel dragón parecía ser el rey de los de su especie porque, además de su imponente presencia, sabía hablar.
- Quiero que cada día me traigáis una tierna doncella a mi cueva. Si no cumplís mis deseos arrasaré vuestra ciudad y vuestros pueblos y no dejaré piedra sobre piedra.
De modo que hubo un consejo de los nobles y poderosos del condado y decidieron organizar un sorteo para ir enviando al dragón cada día aquella que le tocara en malasuerte. Hubo revueltas entre los súbditos porque los organizadores habían excluido a sus propias hijas del sorteo pero, al fin, tuvieron que claudicar y someterse a las exigencias del pueblo; con lo que, hasta las hijas del Conde, entraron todas en el bombo.
Así transcurrió un tiempo de paz y llantos, llantos de los padres que veían marchar a sus hijas mayores. Pero llegó un momento en que las doncellas casaderas se agotaron y comenzaron a entrar en el sorteo las adolescentes.
Aquello al dragón ya no le gustó tanto y bramó:
- ¿Qué pasa? ¿Es que me queréis matar de hambre?
El Conde, que ya había perdido a su hija mayor, tuvo que dar la cara y entrevistarse con la fiera.
- Ya no quedan más doncellas, las que quedan son como vuestras crías antes de la edad del fuego y además, a este paso, no tardaremos mucho en enviarte la última.
El dragón que, además de tragón, no era tonto; comprendió que, de seguir así, se quedaría sin despensa y además reparó también en que había engordado demasiado y le era muy difícil volar. De modo que le dijo al Conde:
- Bien: Vamos a establecer una veda para evitar la extinción de vuestra especie. Me voy a conformar con que, a partir de hoy, me enviéis sólo una doncella cada miércoles impar. Pero exijo que las tengáis bien alimentadas. No quiero que me lleguen, como alguna últimamente, con anorexia. Las quiero rellenas y bien rellenas. Si no cumples el trato acabaré comiendo donceles, adultos y hasta condes por muy correosos que resulten. ¿Entendido?.
Gracias a aquellas medidas proteccionistas, la población comenzó a recuperarse y las adolescentes a crecer y engordar sensiblemente. El dragón estaba satisfecho en su cueva porque, aunque quincenalmente, las doncellas que le llegaban estaban muy bien de peso.
Así transcurría la vida en aquel país, apaciblemente, con un llanto quincenal entre los súbditos y un banquete en la cueva.
Pero la paz, los llantos y los banquetes no duran indefinidamente. Siempre habrá algo que vendrá a turbar aquel equilibrio tan beneficioso para todos, salvo para los desagraciados en el sorteo.
Cierto día apareció por allí un caballero, cabalgando un brioso corcel, y digo corcel porque se le veía brioso ya que, de no serlo, le hubiera llamado simplemente caballo, cabalgadura, equino o rucio. No se sabía si aquel caballero era audaz o no, todo dependía de si acababa demostrando alguna clase de audacia, y acabó mostrándola.
Se entrevistó con el Conde y, cuando éste le puso al corriente de lo que sucedía, le dijo:
- Excelencia: No debéis preocuparos. Ya me encargo yo de ese dragón. Ya me las he visto con otros a lo largo de mis aventuras.
- Gracias; pero te advierto que no voy a poder corresponder como es costumbre. No me queda ninguna hija para ofreceros su mano, aunque puedo ofreceros medio condado.
- No importa. Tengo voto de celibato y busco la santidad, también hice voto de pobreza y no necesito posesiones de ninguna clase. Me conformo con que anualmente celebréis una fiesta en mi memoria.
Montó en su brioso corcel y el Caballero Audaz, porque ya se le podía adjetivar así, partió rumbo a la cueva del dragón.
Caballero y dragón se enzarzaron en feroz combate, pero el dragón que: acababa de comer, había pasado mucho tiempo reposando en su cueva sin hacer ejercicio y no había perdido ni un gramo, no fue capaz de remontar el vuelo, mientras el brioso corcel le acosaba corveteando hábilmente y danzando hacia un lado y otro.
Aquello contrariaba mucho al dragón y estaba que echaba chispas. De tanto girar la cabeza, siguiendo al fugaz equino, se mareaba y las artríticas vértebras cervicales le dolían. Tan solo contaba con su fuego, pero sus llamaradas eran frenadas por el escudo del caballero. Mientras tanto éste buscaba la ocasión de ensartar a su rival con su venablo en una de las zonas carnosas que la armadura de escamas dejaba al descubierto al girar el cuello a uno y otro lado.
El tiempo apremiaba porque, aunque el escudo detenía las llamas, se iba calentando paulatinamente y ya el asidero comenzaba a quemarle en la mano.
La ocasión se presentó tras la última llamarada; el caballero sabía que dispondría de un instante antes de que lanzara la siguiente, que habría sido fatal y, al ver que alzaba el ala derecha al tomar aire, aprovechó un hueco en la axila y clavó su lanza en la blanda carne desprovista de protección. La presión del aire, que hubiera alimentado una nueva llamarada, escapó por la herida y el dragón cayó exánime al suelo. El combate había acabado. Dejó caer el escudo candente al suelo, la hierba crepitó bajo él y comenzó a humear. Se sopló la mano chamuscada y emprendió el regreso.
De vuelta a palacio anunció al señor Conde el fin de la amenaza. No tardó en correr la voz por todos los contornos y la fiesta fue sonada y general hasta el último rincón del país, aunque esta vez sin un mísero plato de dragón.
El Caballero Audaz desapareció aquel día tal como había aparecido. Era un 23 de Abril, precisamente un miércoles impar, y nunca más se le volvió a ver por allí.
Nadie tocó ni comió del dragón; bien por miedo, bien por considerar que sería algo correoso y poco comestible o porque sería como comerse a sus propias hijas. De modo que acabó descomponiéndose y devorado por alimañas y buitres, dejando allí sólo los huesos para recuerdo de las siguientes generaciones.
Cuenta la leyenda que en aquel lugar brotó un rosal; pero yo sé, de buena tinta, que lo que brotó fue un frondoso cañaveral al que iban los pastores a cortar algunas cañas para fabricar sus flautas y los hortelanos para encañar las matas de alubias.
El Conde cumplió su promesa y, cada 23 de Abril, se celebró una fiesta en honor de aquel Caballero Audaz en la que, además de obsequiar con flores a las doncellas en recuerdo de su liberación, se publicaban y repartían folletos en los que se relataba la muerte del dragón y otras aventuras reales e imaginarias, dando origen a la tradición de regalar aquel día, relatos de todo tipo a los caballeros y flores a las damas.





EL JUEVES PRÓXIMO ????

miércoles, 7 de febrero de 2018

Las Notas del Dr. Hexápodus Anexo 8 Bibliografía

 Y aquí acaba todo. No sé si se publicará 
algo más, según anuncia la redacción. 
En ese caso aquí también tendrían una 
continuación las aventuras del Dr.
 Hexápodus, o algo sobre él.


LAS NOTAS DEL Dr. HEXÁPODUS

 
ANEXO 8



BIBLIOGRAFÍA


(por orden cronológico)

1) 3246 EA.- Cuadrumanos en la antigüedad y el hombre actual.
De Ximp & Zee Primatti
2) 3511 EA.-Simbiosis y reproducción en medios acuosos
De Riveri Clearwater
3) 3623 EA.- Dinámica y ecosistemas estables.
De Félix Fountain's
4) 495 I.- La edafología práctica
De John Landless
5) 607 I.- El dimorfismo sexual en la entomología
De Joana Fernández
6) 1000 I.- El axioma del genoma.
De Clonicius Hélix
7) 1001 I.- Desmontando el código
De Clonicius Hélix
8) 50 DR.- Historia de una caída
De Enzio Gazzano
9) 75 DR.- Vocero Matinal de Sandulia
Periódico Nacional ejemplar nº 1
10) 100 DR.- Nidos brillantes
De Californio Search
11) 102 DR.- La otra fiebre del oro
De Californio Search
12) 104 DR.- Todo lo que reluce
De Margrit Sunshine
13) 105 DR.- Despepitarse por las pepitas
De Aurelio Trepante
14) 107 DR.- La gazza ladra
De Quim Rossino
15) 208 DR.-Fauna post-imperial, el interregno
De Phillip in'Hault
16) 210 DR.- Excavaciones en Anubicia
De Champ O'Lion
17) 211 DR.- Comunicontes y mutación.
De Andalio Cento (Doctor en Comunicología)
18) 216 DR.- La bolsa y la vida
De Marcolina Farnato
19) 217 DR.- El escaralfrente sagrado de Anubicia
De Inseccio Artrópiez (Dr. Hexápodus)
20) 218 DR.- Artrópodos y escaralfrentes
De Criticio Faltón
21) 219 DR.- Salvemos el Circunmar
De Inseccio Artrópiez (Dr. Hexápodus)
22) 219 DR.- Mis viajes por Almironia
De Marcolina Farnato
23) 220 DR.- El muro impenetrable de Poor Span
De Inseccio Artrópiez (Dr. Hexápodus)
24) 225 DR El aislamiento y la fauna marsupial de Impel
De Inseccio Artrópiez (Dr. Hexápodus)
25) 225 DR.-La ladilla rubia de Nínive y su importancia estratégica en el Imperio Mesopotálámico, como arma biológica sobre soldados enemigos con largos meses de campaña y necesitados de acoplamiento con moza placentera.
De Francolio Firtrán, En catorce volúmenes
26) 226 DR.-Más picos que patas.
De Andrea Sánchez
27) 228 DR.- Omocestus e incestus.
De Calmucio Pardinio, Doctor en Genántica
28) 229 DR.- Termodinámica alada.
De Simeón Enúrez
29) 230 DR.-Cocina deconstructiva.
De Adrién Bully
30) 231 DR Especies supervivientes en las ruinas de Imperia
De Inseccio Artrópiez (Dr. Hexápodus)
31) 246 DR A un paso de una Reevolución biológica
De Inseccio Artrópiez (Dr. Hexápodus)
32) 315 DR.- Los naturalistas viajeros del ayer.
De Éric da Pratti
33) 317 DR.- Vuelve la Naturaleza natural.
De Óscar King Thanna
34) 320 DR.-El 200 DR a la luz de la nueva botánica.
De Greta King Thanna
35) 325 DR.- El fin de los omocestus.
Publicación de una conferencia del PSE
36) 340 DR.- BEE.- Breve Enciclopedia Eárthica
La Universidad Sanduliana recopila y publica todos los saberes del momento en una primera edición de esta llamada “Breve Enciclopedia Eárthica”, con apéndices y actualizaciones en años posteriores conforme avanzan los conocimientos.
37) 358 DR.-La intragable tragantija
De Paz Lucaz
38) 360 DR.- Los restos de la docilina y su influencia sobre el gobierno.
De Anna Regio Forte


NOTA.- Se tienen referencias vagas de otros libros más del Dr. Hexápodus pero no se pueden relacionar aquí por falta de datos en cuanto a título, contenido o fecha de edición. Los que aquí figuran responden a referencias bibliográficas en obras de otros autores.

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(por orden de título)
(por orden alfabético de título y con nº cronológico)


20 Artrópodos y escaralfrentes
31 A un paso de la reevolución biológica
36 BEE (Breve Enciclopedia Eárthica)
29 Cocina deconstructiva
17 Comunicontes y mutación
1 Cuadrumanos en la antigüedad y el hombre actual
7 Desmontando el código
13 Despepitarse por las pepitas
3 Dinámica y ecosistemas estables
34 El 200 DR a la luz de la nueva botánica
24 El aislamiento y la fauna marsupial de Impel
6 El axioma del genoma
5 El dimorfismo sexual en la entomología
19 El escaralfrente sagrado de Anubicia
35 El fin de los omocestus
23 El muro impenetrable de Poor Span
30 Especies supervivientes en las ruinas de Imperia
16 Excavaciones en Anubicia
15 Fauna post-imperial, el interregno
8 Historia de una caída
18 La bolsa y la vida
4 La edafología práctica
14 La gazza ladra
37 La intragable tragantija
25 La ladilla rubia de Nínive y su importancia estratégica en el Imperio Mesopotalámico, como arma biológica sobre soldados enemigos con largos meses de campaña y necesitados de acoplamiento con moza placentera
11 La otra fiebre del oro
32 Los naturalista viajeros del ayer
38 Los restos de la docilina y su influencia sobre el gobierno
26 Más picos que patas
22 Mis viajes por Almironia
10 Nidos brillantes
27 Omocestus e incestus
21 Salvemos el circunmar
2 Simbiosis y reproducción en medios acuosos
28 Termodinámica alada
12 Todo lo que reluce
9 Vocero matinal
33 Vuelve la Naturaleza natural
  --------------------------------

(por orden de autor)
(por orden alfabético de autores y con nº cronológico)


19 Artopiez, Inseccio (Dr. Hexápodus)
21 Artopiez, Inseccio (Dr. Hexápodus)
23 Artopiez, Inseccio (Dr. Hexápodus)
24 Artopiez, Inseccio (Dr. Hexápodus)
30 Artopiez, Inseccio (Dr. Hexápodus)
31 Artopiez, Inseccio (Dr. Hexápodus)
29 Bully, Adrién
17 Cento, Andalio
2 Clearwater, Riveri
32 da Pratti, Èric
28 Enúrez, Simeón
20 Faltón, Criticio
18 Farnato, Marcolina
22 Farnato, Marcolina
5 Fernández, Joana
25 Firtrán, Francolio
3 Fountain's, Félix
8 Gazzano, Enzio
6 Hélix, Clonicius
7 Hélix, Clonicius
15 In'Hault, Phillip
34 King Thanna, Greta
33 King Thanna, Óscar
4 Landless, John
37 Lucaz, Paz
16 O'Lion, Champ
27 Pardinio, Calmucio
9 Periódico Nacional nº 1 de Sandulia
1 Primatti, Ximp & Zee
35 Publicación del PSE
38 Regio Forte, Anna
14 Rossino, Quim
26 Sánchez, Andrea
10 Search, Californio
11 Search, Californio
12 Sunshine, Margaret
13 Trepante, Aurelio
36 Universidad Sanduliana




EL JUEVES PRÓXIMO ESPERO PODER PUBLICAR ALGO NUEVO. SI LA INSPIRACIÓN NO ME FALTA.