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miércoles, 5 de julio de 2017

RELATOS DE HÉNDER, Libro 16 (De las Tierras Altas al Continente) y FIN

Góntar consigue volar al Continente
y retira el hechizo de la cabaña.
Nuestros amigos también
se retiran


CAPÍTULO 17.- De las Tierras Altas al Continente


Ellos se quedaron allí, inquietos, sin saber qué estaba pasando ni por qué la urgente llamada a Góntar. ¿Qué nueva amenaza se cernía sobre Hénder? Siempre habían llegado en momentos de crisis.
Ya era tarde cuando regresó Góntar, pero se le veía muy relajado y eso les tranquilizó.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Fan
- Nada malo. No te preocupes. Este rey, que cada vez está más viejo, como yo, y cualquier novedad le sorprende y pide consejo. Resulta que ha llegado un carretero desde Dwonder trayendo unos productos desconocidos y no se atrevía a comerlos. Como no hay catador real, porque no hay peligro de que alguien le quiera envenenar, necesitaba el consejo de su mago. ¡Y resulta que se trataba de lo mismo que comimos el otro día!, esos fiambres de cordero. Ya le he tranquilizado y le he aconsejado que nombrara a ese joven embajador en Dwonder para fomentar el comercio y las relaciones entre ambos reinos.

- Pues lo va a tener complicado, aunque parece que tiene madera de negociador. Le deseo suerte… y… ¿No ha dicho nada de nosotros? - Preguntó Merto
- No ¿Qué relación podría tener con vosotros?

- Claro. Todavía no hemos llegado ahí en nuestro relato. Se trata de una simple relación de caminantes, pero no hay que preocuparse, parece que es de fiar y nos gustaría saludarlo – dijo Fan
- Pues si os parece iremos a visitarlo o lo hago venir. Sé dónde vive y ahora está montando una tienda con productos de Dwonder.
Y siguieron con su relato, llegando al momento en que tuvieron el encuentro nocturno en el camino de Dwonder, y entonces Góntar comprendió todo.
Al día siguiente, Góntar marchó temprano y regresó con aquel carretero. Al verse: Fan, Merto y él, se saludaron efusivamente.
- Parece que tu viaje a Dwonder resultó bien – dijo Fan
- Fantástico. Y gracias a vuestros consejos he logrado hacer un buen negocio. Sí que son raros esos dwonderianos, pero hay que saber negociar y aprovechar los puntos débiles del oponente. Su unión sería su fuerza, pero son individualistas y cada cual hace negocios por su cuenta, no saben a qué precios vende su vecino y eso es importante para hacerles rebajarlos. Unidos podrían conseguir mejores precios para ellos, pero su división me conviene. Como además no hay un lugar en donde comprar todo lo necesario en una sola visita, pienso montar una tienda en donde vender de todo, y no sólo queso, sino: telas, bordados, alfombras, cordelería, calzados, cueros, fiambres, cordero, verduras,... también productos de los otros reinos como: sal, pescado en salazón, muebles, cubiertos y cuchillería, …. En fin un SUPERTODO, un lugar y no cincuenta en donde hallar todo lo que se necesita en una casa. He pedido apoyo económico al rey y me va a ayudar en ese objetivo, así como en la tienda de productos de Dwonder que ya estoy preparando aquí.

- Eso creo que va a resultar revolucionario allí y hasta puede que sirva para que comiencen a cambiar de mentalidad. Me alegro mucho. Es bueno que existan gentes como tú, con iniciativa, ideas y empuje para romper barreras entre los reinos y entre las personas individualistas. En Dwonder no saben lo que les ha caído encima contigo – dijo Fan.
Rieron los cuatro y pasaron unas horas de charlas y proyectos, de relatos y sugerencias, de intercambio de ideas, hasta que Niglo, que así se llamaba aquel carretero, comerciante, emprendedor, embajador,… tuvo que marchar porque al siguiente día abría su nueva tienda.
Pasaron otros día en los que Góntar siguió mostrándoles todo lo que era de interés. Incluso les acompañó, aunque ya le costaba caminar largas distancias, a algunas aldeas que rodeaban la Ciudad, y en las que se sintieron casi como en su propio pueblo. Aldeas que se dedicaban especialmente a la agricultura y a las aves, como las granjas individuales de Dwonder, pero allí llevaban sus productos a la Capital, al mercado y vendían a mayoristas y minoristas. También les acompañó a las fundiciones y forjas de metales que Merto ya conocía y en las que pudo refrescar conocimientos y enseñar alguna técnica propia.
Pero los día y los temas de interés se iban agotando. Fan recordó lo que había visto en una de aquellas visiones del sicuor y pensó que había llegado el momento de hacerlas realidad, porque Góntar se veía cada vez más viejo y con menos aptitudes físicas. De modo que tuvo una conversación con Merto, de aquellas que solían tener antes de dormir.
- No sé cuantos años tiene ni cuanto suelen vivir los magos, pero creo que Góntar está envejeciendo.

- Sí. Tienes razón. Yo también lo he notado.

- Pues creo que deberíamos llevarlo a la cabaña para que retire el conjuro, antes de que sea demasiado tarde y no pueda hacerlo. Además pienso que le gustaría darse un paseo por allá abajo y recordar lo que conoció de joven.

- Yo pienso lo mismo. Además me pregunto cómo pudo bajar y subir entre estos dos mundos. Claro que la magia nunca la acabaré de entender.

- Mañana le podríamos plantear un vuelo con las mariposas que, lógicamente, haríamos él y yo. Porque la otra alternativa es que lo hagas tú o que le contemos nuestro secreto.

- No. De ningún modo. Si hay que volar lo haces tú, a mí no me líes, aunque pienso que deberíamos ir todos, sincerarnos y contarle el secreto de la mochila. A fin de cuentas es mágica y era suya.

-De acuerdo. Mañana le contamos todo y planificamos el viaje a la cabaña.
Fue a la mañana siguiente, durante el desayuno, cuando Fan le planteó el viaje.
- Me parece muy bien, pero ¿qué pasa con Merto y las otras Joyas?

- Pueden quedarse aquí hasta nuestro regreso o nos pueden acompañar.

- ¿Cómo? Sólo hay dos mariposas para dos viajeros.

- Está la mochila

- ¿La mochila? Sólo es para llevar cosas.

- Pues no. También se puede viajar en ella. Merto lo suele hacer porque se marea, y las joyas lo hacen muy a menudo y cada día están más jóvenes que yo. Porque ahí adentro no pasa el tiempo ¿No sabías eso?

- De ningún modo. Siempre pensé que era para las cosas. Había sido de Artifax y antes de su maestro, pero él nunca me dijo nada de esto que me cuentas.

- Pues además de para las cosas, es aconsejable muy especialmente para los comestibles, no pasa el tiempo y salen tal como entraron: calientes o fríos, húmedos o secos.
-Pues si es así, quiero verlo y viajar con todos. Así veremos si funciona mi contrahechizo con la cabaña.
De modo que, al día siguiente, Góntar pudo ver cómo las Joyas y Merto se introducían sin temor alguno en la mochila. Fan se puso el arnés, le ayudó a ajustarse el otro, las mariposas tomaron los cables y salieron volando a lo alto hasta que la casa quedó reducida a algo mínimo y la Ciudad a una mancha gris sobre la llanura cuadriculada de cultivos verdes y amarillos. Emprendieron vuelo hacia el sur. Contempló asombrado el final del Abismo desde aquella altura y el raudo descenso vertiginoso hasta unas montañas que atravesaban el Desierto de Oms, y se detuvieron allí para la comida de mediodía. Ellas se perdieron sobrevolando aquella montaña mientras los dos hacían una comida ligera. Les acompañaba Merto, al que Fan había hecho salir, pero él no tenía hambre ni sed.
Pasaron un rato largo, tras la comida, esperando el regreso de las mariposas. Merto volvió a su mundo atemporal e inmenso y el siguiente vuelo les llevó al margen del Río Far, en donde hicieron noche.
Desde allí podrían haber continuado a pie hasta la cabaña, pero Góntar no hubiera soportado la caminata, de modo que volvieron a volar hasta allí.
Las mariposas tuvieron la precaución de descender lejos de la cabaña, un extraño sentido les aconsejaba no acercarse demasiado. Fan sacó al resto de los viajeros de la mochila y, junto a Góntar, caminaron el último tramo.
El mago se adelantó, se quedó mirando aquella cabaña y, proyectando sus manos, pronunció unas palabras extrañas e ininteligibles. A continuación se volvió a Fan, Merto y las Joyas y les invitó a acercarse. Rubí fue el más decidido, se acercó a la puerta, los otros le seguían de cerca, pero él llegó el primero, la atravesó y no pasó nada.
Entraron todos tras él y se hallaron reunidos en el interior sin que nadie sufriera transformación alguna. El encantamiento ya había desaparecido.
Allí estaban, entre polvo y telarañas, agolpados en aquel pequeño espacio que fuera cocina, comedor y dormitorio a la vez. Un poco agobiante resultaba; y todos, salvo Esmeralda y las mariposas, respiraron profundamente, con alivio, al salir al exterior. El sol en el cenit les hizo regresar a la realidad no mágica del momento y sentir la necesidad de comer algo.
- ¿Y si entramos y preparamos algo en la chimenea? - dijo Merto
- No.- respondió Fan - No me apetece volver a entrar ahí.

- Pero si ya no hay magia en el interior – replicó Góntar.
- Ya lo sé, tienes razón, pero me deprime. Me trae recuerdos desagradables.
Y dirigiéndose a la Joyas añadió:
- ¿Qué os parecería comer en ese prado de enfrente, desde el que estuvimos vigilando a Góntar?, aunque seguro que la hierba que devoraron la oveja Lunar y el Gusano Gigante ya habrá crecido.
Nadie pronunció palabra, aulló, baló o hizo gesto alguno ni vegetal ni lepidopteriano, pero las Joyas (más una) se pusieron en camino hacia aquel prado que ahora estaba cubierto de hierba hasta la cintura.
Mientras Merto se afanaba buscando leña para encender fuego, Diamante se ocupó en dejar un amplio espacio libre de hierba, tan amplio como el que dejaron la última vez que estuvieron en él, y esta vez sin la ayuda del Gusano.
En la sobrehierba, porque mesa allí no había, Góntar expresó su deseo de ver, por última vez, los lugares que había visitado cuando, como mago en prácticas, vivía en aquellas tierras bajas al fondo del Abismo Insondable. Unas prácticas impuestas por su maestro Artifax para concederle el título oficial de mago, mientras él se ocupaba de combatir en las Guerras Mágicas.
- Estuve por aquí muchos años, en esta cabaña, visitando los reinos y países de aquí abajo y recorrí todo el Continente. Sé que ya soy viejo y que ya no podré verlos. Si estoy aquí ahora es gracias a vosotros y a las mariposas, porque físicamente ya no sería capaz ni de llegar desde aquí al puente del Río Far. Por eso quisiera que me ayudarais a revivir aquellos viejos tiempos, ahora que el viejo soy yo.

- Creo que nadie va a poner pegas a tus deseos. Si nosotros estamos también aquí, si hemos vivido tantas aventuras, visitado tantos países y conocido tantas gentes, ha sido gracias a ti, a tu encantamiento de las piedras y a esa mochila maravillosa que me regalaste generosamente la primera vez que subí allá arriba, y ya sabes lo útil que nos ha resultado. Aún tendrás que probar ese mundo infinito e intemporal de ahí adentro.

- ¡De ningún modo! ¿Y perderme todo lo mejor del viaje? Quiero verlo todo, recordarlo todo, disfrutarlo todo. Será la última vez y quiero que esos recuerdos me acompañen también en mi último viaje.

- También podrías pasar unos cuantos años dentro y salir para ver cómo han evolucionado las cosas y sin envejecer ni un día – dijo Merto
- En absoluto. No me gustaría volver para ver que mi mundo no es el mismo y que mis amigos ya no están o para encontrarme como un desconocido entre desconocidos.

- ¿Y no podrías retrasar el tiempo con magia? ¿Volver a rejuvenecer?

- Tampoco. La magia no funciona en beneficio propio. De ser eso posible ahora podríais estar hablando con Artifax, mi maestro, cosa que no os aconsejaría.

- Pues vayamos a recorrer todo lo que quieras – dijo Fan – Tú ordenas y las mariposas nos llevarán.

- El Gran Lago no está lejos. Porque me gustaría cruzarlo y acercarme a Los Telares.

- Sí. Está a un vuelo. ¿Vamos?

- Ya me sacaréis al llegar – dijo Merto mientras se recluía en la mochila, tras Rubí, Diamante y Esmeralda.
En el Gran Lago se embarcaron hasta la otra orilla en una canoa lo suficientemente grande para todos, claro que ese todos eran ellos dos, puesto que los demás iban en la mochila o lo cruzaron volando. El problema es que a Fan le tocó sudar con los remos mientras Góntar se encargaba de la barra del timón, pero a Fan no le importó y ya estaba entrenado.
Durante la travesía del lago tuvieron horas para hablar de todo pero, especialmente, Fan sacó a colación algo que le intrigaba.
- ¿Cómo fue que elegiste lo que elegiste para hechizar las piedras y a aquella Princesa? ¿Por qué precisamente en aquellos lugares? Es algo que siempre me he preguntado y no hallo la respuesta.

- ¿Como cuál?

- Ahora vamos a los Telares. ¿Por qué allí? ¿Por qué en Alandia, Aste, Mutts y No Tan Lejano?

- Porque tenía que ser en lugares dispersos por el Continente.

- Pues menos mal que no pensaste en Sirtis.

- Sí que pensé, pero no se me ocurrió nada. Me faltó inspiración. Pero todos los lugares tenían alguna razón. Lo que sucede es que ahora no sabría decirte qué me indujo a elegirlos. Fue un presentimiento, un pálpito, algo inexplicable y mágico.

- ¿Y los animales o plantas elegidos?
- Esos sí que tienen una razón menos mágica y más razonable. Tienen que ver con las piedras de la corona y sus colores. Tú también les has puesto los nombres de las piedras a cada uno y les van muy bien. Pero lo fundamental es que tenía que ser algo fácilmente reconocible para quien siguiera el hilo de la búsqueda, algo inconfundible. ¿Verdad que en ningún momento dudaste de cual era tu objetivo?.

- Por eso en el país de las moreras y los gusanos de seda elegiste el Gusano Gigante.

- Claro. Y en un jardín muy cuidado, de flores bellas y variadas, una col enorme sería de lo más llamativo.

-Y ¿Por qué una oveja y en Aste?

- Fue un poco al azar. Pero como lo primero que me encontré fue un rebaño de ovejas, todas muy blancas y cuidadas, te felicito por tu labor, siempre sería destacable una bien diferente; con una mancha negra, como la piedra que fue y con gustos extraños.

- Sí. Siempre fue un quebradero de cabeza su afición a las alturas, y por eso es posible que acabara siendo mi favorita. Pero… ¿lo del lobo?.
- No iba a poner en escena a otra oveja. Y en una aldea de pastores, un lobo llamaría la atención, además un lobo con gustos también algo extraños. Y había que ponerlo un poco difícil para comprobar el temple del elegido. Llevar un lobo con una oveja y una col con un gusano y una oveja no es capaz de hacerlo cualquiera si no es alguien especial.

- ¿Y la cueva?

- Ahí se me fue la mano. Y la cueva, una cueva simple, normal, vulgar, absorbió la magia de rebote y se produjo el silencio absoluto en su interior. La magia no es una ciencia exacta y tiene a veces extraños efectos.

- Pero no duró mucho. ¿Contaste con que luego se convertiría en un oráculo? ¿Una consejera?
- Algo de eso sí fue intencionado. Quería guiar al valiente que, resistiendo los encantos de la Princesa, el poder y la riqueza, recuperara la corona y la llevara hasta Hénder para poder desencantar el reino. De alguna manera debía saber del Muro del Fin del Mundo. Y ahí es donde la magia, o aquel mago inexperto que era yo, se hizo un lío y la cueva habló más de lo que debía y a quien no debía. Suerte que al desencantar las piedras de nuevo cesó el efecto y volvió a ser una cueva normal.

- Pues a los aldeanos de Mutts no les hizo mucha gracia, no fue una suerte para ellos.

- Mientras duró lo aprovecharon. Pero tienes razón. Aquello acabó resultando una desgracia porque anuló su voluntad e iniciativa.

- ¿Y la Princesa?
- Eso es otro cantar. Necesitaba algún mensajero para transmitir las pistas de las distintas piedras; pero que, además, incitara a seguir las pistas gracias a su atractivo. Eran cualidades que reunía Saturia. Pero yo no quería que el atractivo fuera tanto que hiciera fracasar la misión de llevar la corona a Hénder. Afortunadamente Saturia era, además, un tanto cargante y tan pesada que podía servir para mis planes y pensé que una buena lección no le iría nada mal. De haberte casado con ella y haber heredado el reino de No Tan Lejano, el que se habría quedado con dos palmos de narices habría sido yo y no Nasiano. Habría fallado mi plan y Hénder habría seguido hechizado para siempre.

- De modo que he sido un juguete en tus manos y he caído en tus hechizos. Pero ¿Pensaste que otra persona podría haber salvado a la col,  al lobo, o al gusano y así toda la cadena de la magia se habría desarrollado de otra manera?.
- No lo pensé porque ya sabía cómo iba a resultar todo. En la magia hay cosas que ni yo entiendo, pero que intuyo.
Ya en Los Telares llegaron hasta la mitad de la Ruta de la Seda con sus moreras en plena producción. No encontraron a Kaito y Saburo, aunque se cruzaron con muchos trabajadores recolectando hojas. Góntar se detuvo un rato mirando la fila de moreras perderse en la distancia, se dio la vuelta y regresaron a la orilla del lago.
Desde allí volaron hasta No Tan Lejano. Esta vez Fan no tuvo miedo de ser reconocido. Después de tanto tiempo desde su fugaz presencia en el Salón del Trono, era difícil que alguien le recordara, y menos aún en compañía de Merto y un anciano de gorro puntiagudo. Era una ciudad más pequeña que la capital de Pascia, aunque el castillo-palacio de Nasiano era mucho mayor y más suntuoso que el de ningún otro reino de los que habían conocido. Parecía que a Nasiano le gustaba, además de su regio apéndice nasal, todo a lo grande. Allí se enteraron de que la Princesa Saturia seguía soltera y, a instancias de Fan, procuraron abandonar rápidamente las inmediaciones, ponerse los arneses y volar hasta Mutts, por si acaso.
En Mutts todo era diferente. Aquella aldea había progresado mucho en poco tiempo. Los campos de cultivo se habían ampliado, desde las estribaciones de las Montañas Brumosas hasta la costa. Por las montañas se podían ver rebaños de ovejas, muchos más de los que Fan recordaba haber visto. Pero el cambio más importante era el de la posada. Ahora era una gran mansión con una gran puerta a los lados de la que hacían guardia dos personajes uniformados. La premonición de Fan se había convertido en realidad. Ahora no tenían una cueva que les aconsejara lo que tenían que hacer, pero tenían un gobernante que les ordenaba lo que tenían que pensar, y todo por no ser capaces de decidir por ellos mismos.
En ruta hacia Alandia volaron hasta Aste, pero descendieron en los pastos en donde se hallaba el rebaño y los perros de Fan. Allí dejaron salir a todas las Joyas y fue un reencuentro memorable con Rayo y los otros perros, con sus ovejas, tanto con ellos como ellos con Rubí y Diamante.
Pero llegó el momento de partir y fue duro despedirse de su rebaño. También fue, no difícil, sino imposible, conseguir que Rubí y Diamante volvieran a entrar en la mochila. Ellos ya habían regresado a su casa y no estaban dispuestos a marchar.
De modo que se despidieron y emprendieron el vuelo hacia Alandia, pero solo con Merto y Esmeralda en la mochila.
En Alandia procuraron pasar desapercibidos ocultando sus medallas de Caballeros de la Flor de Lis y manteniendo a Esmeralda a buen recaudo. Tres forasteros, uno de ellos un anciano, no llamaron mucho la atención, aunque el gorro puntiagudo de Góntar atraía las miradas de todos. Pero eso era bueno porque así no reparaban en Fan y Merto.
Acabaron volando hasta la fuente de las ranas y, desde allí, a Hénder, pero directamente a la casa de Góntar. Él se sentía agotado. Habían sido muchos días y muchas emociones y se encontraba feliz, pero aquello había agotado sus escasas fuerzas.
Estuvieron unos días con él hasta que le vieron bastante recuperado, pero debían partir. También ellos necesitaban una buena temporada de reposo tras tantas aventuras y tanto tiempo lejos de su casa. Allí les estaban esperando: Rubí y Diamante con sus perros, su rebaño y ¡Cómo no! sus paisanos. De modo que, tras la promesa de regresar algún día, se despidieron con pena de su amigo el mago.
En tres días ya se encontraban en los pastos del valle. Diamante, bajo la vigilancia de Rubí, no había conseguido convencer a los perros y al rebaño para subir a los pastos altos. Pero Fan se ocupó de trepar a lo más alto y cosechar un haz enorme de aquel té de roca que tanto le gustaba.
Pasaron aquella última noche en los pastos con el rebaño, bajo las estrellas, cosa que durante mucho tiempo no habían podido hacer y que, en adelante, tardarían en hacer.
Cuando llegaron a Aste se formó un gran alboroto, se corrió la voz y estaban todos allí. Había pasado tanto tiempo desde que partieron, que sus paisanos y amigos habían estado preocupados, se temían lo peor; pero, contra lo que había sucedido en otras ocasiones, nadie pensó en repartirse sus propiedades, y una pequeña luz de esperanza les había hecho pensar en que el día menos pensado regresarían con más aventuras que contar.
Y así sucedió, durante días y días, en aquellas animadas charlas vespertinas, cada uno con sus sillas en la calle, su botas y odres de vino de Puerto Fin y algunos quesos y fiambres que degustar.
Y hablando de fiambres, fueron muy apreciados los que Fan acabó preparando según el estilo de Dwonder, aunque alguien comentó que con cinguo en lugar de cordero estarían mejor.


¿Volverían a marchar en busca de aventuras?

¿Volverían a volar las mariposas hacia horizontes lejanos?

¿Volverían a ver a Góntar, a Halmir, a Marcel,…?

No se sabe, pero aún le quedaban a Fan ganas de consultar al sicuor sobre el futuro y aún quedaban tierras por explorar más allá de Roca Viva y de la Selva Interminable.
¿FIN?

Os recomiendo tomar un trago de sicuor si queréis saberlo.



Pero no ha acabado del todo, porque el próximo jueves tendremos un anexo con: topónimos, nombres, fauna, flora,...
 

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