sábado, 4 de abril de 2015

Debajo un botón ton ton

Ahora otro "cantocuento" sobre aquella canción infantil tan conocida. Se presenta en formato cuento y soneto y, de propina, unos cortos versos, tan cortos y pequeños como el ratón y tan saltarines y cantarines como el botón rebotando en el suelo. 


DEBAJO UN BOTÓN



Martín tenía que ir a una boda y buscó en el armario el uniforme de gala. Le quitó la funda guardapolvo y lo extendió cuidadosamente sobre la cama para que no se arrugara.
Todo estaba preparado; se puso el pantalón pero, cuando quiso ponerse la guerrera, se dio cuenta de que no se la podía abrochar, le faltaba un botón y además se notaba mucho el hueco en la fila de brillantes botones.
Buscó por el suelo del armario, para lo que tuvo que echar mano de una linterna, pero no encontró ni rastro del dichoso botón.
Miró por si se había soltado el hilo, porque ya se sabe que en las costuras automáticas, si queda un cabo asomando y se tira de él se acaba deshaciendo el cosido. Pero el hilo seguía estando allí, firmemente sujeto a la tela, pero roto, como rozado o roído.
Estuvo buscando en el costurero: aguja, hilo y un botón que hiciera juego, pero no encontró ninguno del tamaño adecuado, ni de un color que resultara apropiado y no desentonara. Aquellos botones tan brillantes eran muy difíciles de reemplazar sin que se notara.
Cuando ya estaba decidido a ponerse un traje de paisano, vio algo brillando en un rincón del dormitorio y se acercó a ver qué era aquello, y allí estaba su botón, sólo que se movía poco a poco, lo que le sorprendió mucho. Pero observando más de cerca se dio cuenta que era un minúsculo ratoncillo que se lo llevaba a cuestas, aunque parecía costarle mucho porque, para él, un botón macizo de latón debía ser muy pesado.
Así que buscó en el costurero un botón más ligero, se lo dio al ratoncillo y recuperó el suyo.
Tuvo que darse mucha prisa en coserlo y acabar de vestirse si quería llegar a tiempo a la boda, porque la búsqueda del botón le había hecho retrasarse demasiado.
Pero, aunque se le hacía tarde, dedicó unos minutos a cortar un buen trozo de queso y ponérselo al ratón antes de salir corriendo para la Iglesia. 


EN UN SONETO

¡Caramba! – lamentábase Martín
no puedo abotonarme el pantalón, 
me falta una presilla y un botón
no pienso ir a la calle con batín

Pero de pronto escucha un gran tilín
por las baldosas de la habitación,
y descubre el botón sobre un ratón,
corriendo con su carga el muy pillín.

Fíjate si sería pequeñín
que podía esconderse en un dedal
si el gato lo buscaba de festín

El botón no le vino nada mal
pues supo, utilizando su magín
no servir de pitanza al animal



Y AHORA UNOS CORTOS VERSOS

El botón
del gabán
de Martín
hizo plon,
luego plin,
y el zumbón
del ratón
pequeñín
se coló
de rondón,
o mejor
de rondín.

La ocasión
fue chipén, 
le fue bien
el botín
de latón,
le sirvió
al malandrín
de cubil,
y fetén
para huir
de Minín

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